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[Opinión] Miami no es el problema. El miedo sí

Publicado por: Tiempo 21 | domingo 15 de febrero de 2026 | Publicado a las: 10:11

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Por: Matías Barbero, Founder & CEO en 401 y Venture Partner de Impacta VC.

Con el escenario social y político que está viviendo Estados Unidos, más de algún emprendedor o founder mira Miami y piensa: “es mala idea viajar para allá hoy”. Error. Esperar el contexto “ideal” para ingresar al mercado más importante que cualquier startup puede soñar es simplemente emprender a medias.

¿Por qué? Porque emprender nunca fue hacerlo en un contexto ideal. Si alguien está esperando estabilidad política, certidumbre económica y reglas inamovibles para tomar decisiones, probablemente el camino emprendedor no sea el suyo. Adversidades hay todo el tiempo. El founder resiliente es el que gana.

Viajar hoy a Miami no es negar la coyuntura de Estados Unidos, es entenderla y operar dentro de ella. Miami sigue concentrando capital, talento, mercado y toma de decisiones, especialmente para founders de Latinoamérica que quieren jugar en una liga más grande.

Para muchos emprendedores, además, el viaje funciona como un test de realidad: evaluar si el proyecto, su narrativa y su ambición resisten un ecosistema competitivo y exigente. Si el contexto los paraliza, el problema no es Estados Unidos, sino la disposición a asumir riesgos como founder.

Para los que sí se arriesgan, expandirse a Estados Unidos puede ser una gran decisión, pero no de cualquier manera. Hoy más que nunca, la expansión tiene que estar basada en foco y timing, no en impulso. En ese contexto, Miami no está exenta de las políticas federales de Estados Unidos, pero sí ofrece algo clave para Latinoamérica: menor fricción cultural, idioma compartido (que es súper importante y cómodo) y una red que entiende ambos mundos.

Una startup madura, con producto validado y métricas claras, puede encontrar en Estados Unidos un mercado natural para escalar. Lo que no funciona es improvisar. El contexto actual exige más preparación, más claridad estratégica y menos romanticismo.

En ese sentido, la Miami Tech Week, en marzo, puede parecer una realidad paralela si se la vive solo desde el entusiasmo del evento. Hay agenda intensa, mucha gente, muchas conversaciones y sensación de movimiento constante. Es un gran momento del año para ir, y la diferencia está en cómo se la usa. Para algunos es solo networking; para otros, una herramienta concreta para generar oportunidades reales: reuniones uno a uno, alianzas, clientes o inversores. No es una burbuja en sí misma: es un amplificador de buenas ideas, pero también deja en evidencia rápido quién va sin foco, sin preparación o sin una propuesta clara.

En un contexto que, desde Latinoamérica, parece volverse cada vez más complejo, Miami suele devolver perspectiva. En nuestra región hoy hay talento, pero también cansancio y, muchas veces, un mapa mental más chico del que deberíamos tener.

Conectar con el ecosistema emprendedor en Miami vuelve a poner en contacto con escala: founders construyendo, levantando capital, cerrando acuerdos y pensando en términos globales. Eso recalibra ambición y estándar.

El optimismo no aparece por contagio ni por motivación vacía, aparece cuando se vuelven a ver caminos reales para crecer y construir a largo plazo. Y para muchos emprendedores de la región, ese cambio de perspectiva empieza al salir del contexto local y volver a conectarse con un ecosistema en movimiento.

Y ojo, esto no es “huir” de Latinoamérica. Por el contrario, yo soy optimista de LATAM. Más bullish que nunca: se vienen varias inversiones en startups y VCs durante 2026. Pero precisamente por eso, los founders que ganen en 2026 van a ser los que piensen en escala desde ahora. Y para muchos, ese salto empieza en Miami.

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