Publicado por: Claudio Nuñez | lunes 13 de julio de 2026 | Publicado a las: 10:18
La discusión de fondo es simple, pero profunda: la salud no puede depender exclusivamente de la capacidad de pago. Cuando una persona necesita un tratamiento, el sistema debería acompañarla y no obligarla a escoger entre sanar o endeudarse. En ese sentido, los medicamentos más baratos no son solo una ayuda económica; son también una señal de dignidad.
El acceso a medicamentos es uno de los temas más sensibles para miles de familias en Chile y, especialmente, en regiones como La Araucanía. No basta con tener una receta médica ni con recibir un diagnóstico oportuno si, al momento de llegar a la farmacia, el precio del tratamiento se transforma en una barrera imposible de superar. Por eso, la posibilidad de acceder a medicamentos con precios regulados a través de farmacias adheridas a la Ley Cenabast debe ser entendida no solo como una buena noticia administrativa, sino como una medida concreta de alivio para el bolsillo familiar.
En La Araucanía, donde existen importantes brechas sociales, territoriales y económicas, el gasto en salud golpea con fuerza. Personas mayores, pacientes crónicos, familias de sectores rurales y hogares con ingresos limitados muchas veces deben decidir entre comprar todos los medicamentos indicados o priorizar otros gastos básicos. Esa realidad, aunque incómoda, forma parte de la vida cotidiana de muchos habitantes de la región. Enfermarse, en demasiadas ocasiones, sigue siendo caro.
La información entregada por las autoridades regionales es relevante: existen 35 farmacias adheridas en La Araucanía y más de 425 medicamentos disponibles con precios regulados. A ello se suma el refuerzo de 32 fármacos de alta demanda durante la Campaña de Invierno, entre ellos inhaladores, antialérgicos, analgésicos, antibióticos, antiinflamatorios y broncodilatadores. En una temporada marcada por el aumento de enfermedades respiratorias, este tipo de medidas puede tener un impacto directo en la continuidad de tratamientos y en la prevención de complicaciones mayores.
El ejemplo del inhalador Aurituss resulta particularmente ilustrativo. Que un medicamento pueda costar más de $61 mil en una farmacia no adherida y $6.800 en una incorporada al sistema evidencia una diferencia que no es menor ni anecdótica. Estamos hablando de un ahorro cercano al 90%, pero también de una brecha que puede determinar si una persona accede o no a un tratamiento necesario. En salud, esas diferencias pueden tener consecuencias profundas.
El problema de fondo es que el precio de los medicamentos opera muchas veces como una barrera silenciosa. No siempre se expresa en una sala de espera ni queda registrado en una ficha clínica. Se manifiesta cuando una persona decide comprar solo parte del tratamiento, cuando estira las dosis para que duren más días o cuando simplemente posterga la compra porque no le alcanza. Esa forma de renuncia silenciosa también es una expresión de desigualdad.
Por eso, una política pública como la Ley Cenabast apunta en una dirección correcta: intervenir en un mercado donde los precios pueden resultar abusivos para muchas familias y generar alternativas más accesibles. No se trata de reemplazar la responsabilidad individual ni de negar el rol de las farmacias, sino de comprender que el acceso a medicamentos esenciales debe estar protegido por criterios de justicia sanitaria y no quedar completamente entregado a la lógica del mercado.
Sin embargo, para que esta política tenga un impacto real, no basta con que exista. Debe ser conocida, fiscalizada y territorialmente accesible. Muchas personas todavía no saben qué farmacias están adheridas, qué medicamentos forman parte del convenio o cómo consultar los precios. En una región extensa y con comunas alejadas de los principales centros urbanos, la difusión debe ir mucho más allá de una actividad pública en Temuco. Debe llegar a consultorios, postas rurales, juntas de vecinos, adultos mayores y organizaciones sociales.
También es indispensable asegurar abastecimiento permanente. Una política de precios regulados pierde fuerza si los medicamentos no están disponibles cuando las personas los necesitan. En invierno, cuando aumentan las consultas por enfermedades respiratorias y se incrementa la demanda por ciertos fármacos, la disponibilidad oportuna puede marcar una diferencia importante. El acceso no puede ser solo formal; debe ser efectivo.
La Ley Cenabast también plantea un desafío para el Estado y para las autoridades regionales: transformar una buena herramienta en una política cotidiana, visible y confiable. Si la ciudadanía percibe que los medicamentos regulados existen, pero no los encuentra; o que los precios varían sin claridad; o que no hay suficiente información, el beneficio se debilita. La confianza se construye con datos claros, stock disponible, fiscalización y presencia territorial.
En La Araucanía, además, el tema adquiere una dimensión especial. La región tiene una población rural significativa, altos niveles de vulnerabilidad y una presencia importante de adultos mayores. Para muchos hogares, el gasto en medicamentos no es ocasional, sino permanente. Por eso, cualquier ahorro en tratamientos de uso frecuente puede representar una ayuda concreta para ordenar el presupuesto familiar, especialmente en meses donde también aumentan otros gastos, como calefacción, alimentación y transporte.
Valorar esta iniciativa no significa desconocer que el sistema de salud sigue enfrentando problemas estructurales. Las listas de espera, la falta de especialistas, la distancia con centros de atención y las dificultades de acceso en comunas rurales siguen siendo desafíos urgentes. Pero precisamente por eso, cada medida que reduzca una barrera de acceso debe ser fortalecida. En salud pública, los avances no siempre llegan como grandes reformas; a veces se expresan en algo tan concreto como poder comprar un medicamento a un precio justo.
La discusión de fondo es simple, pero profunda: la salud no puede depender exclusivamente de la capacidad de pago. Cuando una persona necesita un tratamiento, el sistema debería acompañarla y no obligarla a escoger entre sanar o endeudarse. En ese sentido, los medicamentos más baratos no son solo una ayuda económica; son también una señal de dignidad.
La Araucanía necesita políticas públicas que miren la realidad de sus familias, no solo los promedios nacionales. Si existen herramientas que permiten reducir hasta en 90% el precio de algunos medicamentos, entonces el deber de las autoridades es ampliarlas, difundirlas y garantizar que funcionen correctamente. Porque el derecho a la salud no comienza ni termina en una consulta médica: también se juega en el mesón de una farmacia, cuando una persona pregunta cuánto cuesta el tratamiento que necesita.
Medicamentos más accesibles significan tratamientos más continuos, menos abandono terapéutico y mayor tranquilidad para las familias. En tiempos de invierno, cuando las enfermedades respiratorias golpean con fuerza y los bolsillos se estrechan, esta política pública debe ser vista como un paso necesario. Pero también como un recordatorio: mientras enfermarse siga siendo una carga económica tan pesada, el Estado tiene la obligación de estar presente.
La Ley Cenabast representa una herramienta valiosa. Ahora el desafío es que ese beneficio llegue realmente a quienes más lo necesitan, con información clara, cobertura suficiente y precios efectivamente respetados. Solo así los anuncios dejarán de ser cifras y se convertirán en algo mucho más importante: alivio real para las familias de La Araucanía.