Editorial: Educación sin Internet

Claudio Nuñez
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Lo que preocupa, es la situación de hoy, cuando miles de estudiantes –de educación básica y media- se encuentran en sus hogares esperando la vuelta a clases, pero ya sabemos que sólo cuando llegue el momento de postular a educación superior, sentirán el daño provocado por esta pandemia y la lenta habilitación de las tecnologías de la información”.

En la segunda semana de marzo de 2020, el país se encontró de sorpresivamente, inmerso en una realidad nueva, desconocida y amenazadora para la salud de la educación nacional. Y sorpresivamente, la familia se encontró reunida en sus casas y con un nuevo desdafío para los mayores (pérdidas de fuentes laborales) y los menores enfrentando un nuevo escenario escolar: educación a distancia.

El avance del coronavirus destruyó todo. Desde la convivencia familiar, los ingresos que sostenían el hogar y una bola de nieve que nadie esperaba: deudas.  Fue un cambio radical en muy pocos días que pilló a pie cambiado a todo el país, y también a los establecimientos escolares, que tuvieron que improvisar estrategias de enseñanza a distancia para salvar un período indefinido cuyo final aun no es cercano.

Todos quienes integran el grupo familias, los padres y los hijos, de pronto requerían de una herramienta que no estaba disponible para que todos tuvieran acceso al mismo tiempo. Así, Internet fue un producto tan necesario y escaso, como la comida.

¿Y por qué? Primero y ante todo porque se generó un problema de acceso. El acceso a Internet, con ancho de banda suficiente, es esencial para el desarrollo de una sociedad de información y educación. La falta de conexión de banda ancha impide el uso extendido de Internet en los colegios y en otras áreas de la vida en muchos países. Un documento de internetsociety.org dice que el ambiente legal y regulatorio que fomente la inversión y la innovación es esencial para facilitar el acceso a banda ancha. “No es solo una cuestión de conectividad. Para que el acceso sea significativo, también debe ser asequible para escuelas e individuos, y docentes y alumnos deben adquirir alfabetización digital y las otras habilidades necesarias para sacarle provecho. Esos docentes y alumnos también necesitan hallar y utilizar contenido de relevancia local”.

Internet no es, por supuesto, la solución a todos los desafíos que plantea la educación, pero también es claro que el desarrollo social, cultural, educacional de hoy y de los tiempos que vienen, requiere con rapidez y decisión, el desarrollo de una política pública, estatal, en este sentido. Las políticas nacionales que aúnan experiencia en educación y en tecnología, dentro del contexto nacional de cada país, son esenciales para maximizar la contribución de Internet a la educación.

El éxito de Internet en la educación será medido por los resultados educativos: mejoras en los logros y oportunidades laborales de los alumnos y su contribución al desarrollo nacional. Nuestro objetivo en Internet Society es asegurar que se instauren políticas de acceso que permitan un Internet de oportunidades para prosperar y que Internet contribuya así plenamente para alcanzar estos objetivos.

El informe de internetsociety.org plantea en un informe cinco prioridades para los legisladores preocupados por alcanzar eso: prioridades relacionadas con la infraestructura y el acceso, visión y políticas, inclusión, capacidad y contenido y dispositivos. El marco de entorno de habilitación para Internet[v] de Internet Society destaca la importancia de la inversión en infraestructura, habilidades y emprendimiento y gobernanza de apoyo para el ecosistema de Internet.

El uso de la tecnología “es clave para el futuro de los establecimientos y para asegurar que niños/as y jóvenes, no interrumpan su proceso formativo. Esta herramienta, cuando es bien utilizada, puede mejorar la experiencia de los estudiantes y facilitar sus aprendizajes”, ha señalado el ministro de Educación y en ello podríamos estar todos de acuerdo, no hay mayor discusión.

Sin embargo, lo que preocupa, es la situación de hoy, cuando miles de estudiantes –de educación básica y media- se encuentran en sus hogares esperando la vuelta a clases, pero ya sabemos que sólo cuando llegue el momento de postular a educación superior, sentirán el daño provocado por esta pandemia y la lenta habilitación de las tecnologías de la información, conformando un escenario de enorme diferencias entre aquellos que en ningún instante dejaron de contar con estas herramientas, mientras otros –especialmente dependientes de la educación pública en sectores vulnerables- con enormes deficiencias en su proceso de enseñanza y aprendizaje.

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Desafíos de la Educación Superior

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