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Editorial

Cambio de gabinete: cuando el ajuste revela improvisación

Publicado por: Claudio Nuñez | domingo 24 de mayo de 2026 | Publicado a las: 10:15

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La salida de dos ministras a poco andar del Gobierno y la designación de biministros no hablan solo de una corrección política, sino de una administración que debió reconocer tempranamente fallas en su diseño original.

El primer cambio de gabinete del Presidente José Antonio Kast no puede ser leído simplemente como un ajuste administrativo ni como una modificación menor dentro del equipo de gobierno. Por el contrario, se trata de una señal política mayor: a solo dos meses de haber llegado a La Moneda, el Ejecutivo debió mover piezas clave, sacar ministras cuestionadas y recargar funciones en autoridades que ahora deberán ejercer como biministros.

Ese solo hecho basta para cuestionar el relato oficial. Un ajuste ordenado supone reemplazos definidos, conducción clara y una señal de fortalecimiento institucional. Pero cuando la salida de ministras deriva en la concentración de dos carteras en una misma autoridad, lo que aparece no es fortaleza, sino falta de cuadros, premura y una evidente dificultad para completar un equipo ministerial robusto.

La salida de Trinidad Steinert desde Seguridad Pública es particularmente significativa. Seguridad fue uno de los ejes centrales del discurso político que llevó a Kast al poder. Por lo mismo, que esa cartera sea una de las primeras en sufrir un cambio no es un detalle: es una admisión tácita de que el diseño inicial no respondió a la magnitud del desafío. La seguridad pública requiere liderazgo político, experiencia, coordinación interinstitucional y capacidad de enfrentar crisis permanentes. No admite improvisaciones ni aprendizajes acelerados.

Lo mismo ocurre con la salida de Mara Sedini desde la vocería de Gobierno. La Secretaría General de Gobierno no es una oficina secundaria. Es el espacio desde donde se explica, defiende y ordena el relato gubernamental. Cuando la vocería se debilita, el Gobierno pierde capacidad para instalar agenda, responder a las críticas y sostener coherencia pública. En una administración que recién comienza, ese problema se vuelve aún más delicado.

Pero quizás el punto más preocupante está en la fórmula elegida para resolver la crisis: nombrar biministros. Que Claudio Alvarado asuma Interior y también la vocería, y que Louis de Grange quede a cargo de Transportes y Obras Públicas, difícilmente puede presentarse como una solución óptima. Son carteras altamente demandantes, con agendas propias, urgencias permanentes y responsabilidades que requieren dedicación completa.

Un biministro puede ser una salida transitoria en momentos excepcionales, pero no debería transformarse en símbolo de eficiencia. Gobernar no es acumular cargos en pocas manos. Gobernar es distribuir responsabilidades con claridad, fortalecer equipos y asegurar que cada área tenga una conducción especializada. Cuando un ministro debe responder por dos carteras, el riesgo no es solo la sobrecarga personal, sino también la pérdida de foco institucional.

El Gobierno puede intentar presentar este cambio como una señal de reacción. Y, en parte, lo es. Todo gobierno tiene derecho a corregir. Pero corregir tan temprano también obliga a reconocer que hubo errores de instalación. Si a dos meses ya se deben hacer cambios en áreas sensibles, la pregunta de fondo es inevitable: ¿fallaron las personas, falló el diseño político o falló la evaluación inicial del equipo?

La ciudadanía no espera gabinetes perfectos, pero sí espera seriedad. Y la seriedad no se mide por la rapidez con que se cambia una autoridad, sino por la capacidad de construir equipos consistentes desde el comienzo. Más aún en materias como seguridad, infraestructura, transporte y comunicaciones, donde las decisiones impactan directamente en la vida diaria de las personas y en la confianza hacia las instituciones.

Este cambio de gabinete, entonces, deja una advertencia. No basta con mover nombres ni redistribuir ministerios para resolver problemas de conducción. Si la fórmula es concentrar poder y responsabilidades en menos autoridades, el Gobierno corre el riesgo de transformar una crisis puntual en un síntoma permanente de desorden.

La Moneda necesitaba dar una señal de control. Sin embargo, al optar por una arquitectura ministerial sobrecargada, terminó transmitiendo otra cosa: que el ajuste no fue solo una corrección política, sino también una evidencia de improvisación. Y en política, especialmente al inicio de un gobierno, las primeras señales importan. Mucho.

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