Universidad pública y ciudadana

Claudio Nuñez

“No conozco, no he sabido de apoyo ciudadano tan relevante a una institución de educación superior en Chile, en el pasado ni en el presente. Lo afirmo, y lo reafirmo, no tengo duda de que el arrojo inicial de ese acto fundacional y el respaldo ciudadano que concitó, es inédito a nivel nacional”.

Raúl Caamaño Matamala, profesor Universidad Católica de Temuco.

La Universidad Católica de Temuco actual, es la sucesora de aquella institución de educación superior que fundara monseñor Alejandro Menchaca Lira, entonces obispo de la diócesis de Temuco, un martes 8 de septiembre de 1959. Su firma, en un salón del Club Temuco, rubricó un decreto diocesano, con la asistencia de autoridades locales, provinciales, y el respaldo de la ciudad de Temuco y de la provincia de Cautín.

La fundación de las Escuelas Universitarias de la Frontera, o Universidad de la Frontera, nombre que sostuvo y mantuvo por poco más de una década, contó con el respaldo de la ciudadanía. Solo ese día 8, se exhibían nombres y firmas de poco más de 150 propiciadores temuquenses y de localidades vecinas. Con el pasar de los días, se sumaban decenas, centenas de nuevos propiciadores, llegando a totalizar, a mediados de noviembre, solo dos meses después de la fundación, poco más de dos mil los propiciadores.

No conozco, no he sabido de apoyo ciudadano tan relevante a una institución de educación superior en Chile, en el pasado ni en el presente. Lo afirmo, y lo reafirmo, no tengo duda de que el arrojo inicial de ese acto fundacional y el respaldo ciudadano que concitó, es inédito a nivel nacional.

Hoy, en que se debate cuál universidad es más meritoria de sostenimiento en el tiempo y en el espacio, traigo a colación esta información, pues desde su arranque en la primavera de 1959, con el impulso de tantos firmantes, siempre acogió las inquietudes de la comunidad local y provincial, primero, y con los años de toda la vasta región del sur, y de todo el país.

Este compromiso con la ciudadanía fue corroborado con el respaldo académico de la Universidad Católica de Chile, institución que ratificó la solicitud del obispo Menchaca y del Consejo Universitario ya en los primeros meses de 1960, luego de resistir no pocos empeños o embates gubernamentales y no gubernamentales que sostenían propias iniciativas de instalación de una sede universitaria estatal en Temuco. Finalmente, ambos proyectos se establecieron a la par con singulares destinos.

A sesenta y tres años de la fundación de la que es hoy Universidad Católica de Temuco, al abrigo de la diócesis San José de Temuco, con más de cincuenta programas académicos de pregrado, una veintena de programas de magíster y tres doctorados acreditados, con relevantes hitos en proyectos de investigación, particularmente en áreas de educación, recursos naturales, ciencias sociales, no dudo de que la Universidad Católica de Temuco cumple a plena satisfacción los designios del decreto fundacional de monseñor Menchaca Lira, y de los poco más de dos mil temuquenses y ciudadanos de la provincia de Cautín que firmaron, apoyaron a la que en principio de llamara Universidad de la Frontera, o Escuelas Universitarias de la Frontera.

Cierro esta columna con respaldo documental que conozco en primera persona; así quiero rendir un homenaje a siete personas que firmaron como propiciadores de la fundación de esta institución de educación superior, ellos son Eduardo Gras Díaz, Rodolfo Neumann Thiers, Juan Gajardo Coulon, Pedro Pastor Araya, Carmen Gutiérrez Medina, Alfonso Zúñiga Fontecilla y Harold Noack Scherer. Ellos aún nos acompañan y es de toda nobleza destacarlos.  ¡Gracias, muchas gracias, por confiar en esta obra!

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