Diabetes: atentos a las señales de la boca

Claudio Nuñez

Escribe: Dra. Bernardita Fuentes, Académica Odontología, Universidad Andrés Bello

La Diabetes es una enfermedad crónica, altamente prevalente, originada por una deficiencia en la producción de insulina por parte del páncreas, o bien, por una ineficaz utilización de la misma, una vez producida por parte del organismo. Independiente de cuál sea su causa, los trastornos originados no sólo se concentran a nivel sistémico o general, sino que también, a nivel de tejidos, órganos o estructuras, diferentes, a las relacionadas a su origen.

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Si bien, las principales complicaciones se visualizan a nivel sistémico, la cavidad oral no está ajena a las alteraciones que los niveles elevados permanentes de glucosa (azúcar) en sangre pueden generar.  Si bien, la diabetes no se asocia a características patognomónicas, vale decir, propias a nivel de cavidad oral, cambios en los tejidos que la constituyen o en las funciones realizadas por la misma, pueden actuar, una vez visualizados por el odontólogo tratante, como alerta para iniciar el camino de la evaluación y confirmación del diagnóstico, previa solicitud de exámenes, aspecto fundamental, que no debe ser olvidado por profesionales del área para otorgar un tratamiento integral, oportuno y acorde a cada caso particular de nuestros pacientes.

Asociaciones con enfermedades frecuentes a nivel oral y prevalentes a nivel de la población, como la periodontitis (inflamación e infección que destruyen los tejidos de soporte de los dientes), por ejemplo, hacen considerar a la diabetes como una arista fundamental que no debe ser olvidada al plantear el manejo general de nuestros pacientes en pro de la aseguración de una evolución más óptima y eficaz de cada una de las alteraciones en tratamiento.

El  desequilibrio metabólico generado en los pacientes con esta afección no solo se asocia a una mayor susceptibilidad frente a infecciones o patógenos, sino que también, a un retardo en los procesos de reparación y cicatrización de nuestros tejidos, ya que la acumulación en el interior de los vasos sanguíneos de los productos que resultan de la metabolización (desintegración) del azúcar, inducen un estrechamiento del lumen (diámetro) interno de los vasos sanguíneos, que se traduce en una disminución de la irrigación, vía de transporte principal, de células defensivas y participantes en los procesos de  recuperación y cicatrización  tisular, posterior a una lesión.

Además de las alteraciones en los procesos mencionados, la diabetes se asocia a ciertas condiciones a nivel oral como mayor incidencia de caries, por la mayor proporción de azúcar a nivel de la saliva, a sequedad bucal, situación que dificulta funciones cotidianas como la alimentación, debido a la alteración en la formación del bolo alimenticio por la inadecuada lubricación o el habla (emisión de sonidos), presencia de enfermedades oportunistas ocasionadas por hongos, como la candidiasis oral caracterizada por placas blanquecinas o rojas localizadas, fundamentalmente a nivel de paladar o lengua y sensación de ardor o quemazón asociadas al síndrome de boca urente (SBU).

Es por lo anterior que hoy, día en que se celebra el día mundial de la diabetes, conocer sus principales consecuencias a nivel sistémico y a nivel de estructuras de cavidad oral, por ejemplo, con las que la mayoría de la población no establece conexión o relación, resulta fundamental.

No existe una receta tipo aplicable para disminuir los niveles de estrés ó modificar los aspectos psicológicos y/o emocionales presentes en la actualidad, pero si contamos con las herramientas para ayudar a mitigar el dolor asociado a las manifestaciones del mismo, forma que tenemos de ayudar a nuestros pacientes, además de la terapia consistente en “ser escuchados” que debería masificarse socialmente en pro de una mayor empatía por el otro.

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