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Día de la Bandera: las mujeres que la historia olvidó

Publicado por: Claudio Nuñez | martes 14 de julio de 2026 | Publicado a las: 12:40

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Por María Gabriela Huidobro, historiadora y académica de la Universidad Andrés Bello.

Cada mes de julio, específicamente el día 9, Chile conmemora el Día de la Bandera. La fecha rinde homenaje a la batalla de La Concepción de 1882, cuando, en plena Guerra del Pacífico, 77 soldados bajo el mando del capitán Ignacio Carrera Pinto sacrificaron su vida para defender la bandera nacional. Sin embargo, como ocurre con toda efeméride, la fecha no es importante solo en sí, sino por lo que representa. En este caso, el valor de miles de chilenos que combatieron en distintos escenarios, encarnando el compromiso de una generación dispuesta a entregar su vida por el país. Y en ese grupo, merecen ser recordados tanto hombres como mujeres, sobre todo, quienes han tenido menos espacio en nuestra memoria histórica.

Los imaginarios populares sobre la guerra suelen pensar en escenarios de batallas donde solo hubo varones. No obstante, la evidencia documental demuestra que también hubo participación femenina y que esta no fue excepcional ni anecdótica. Tanto en la guerra del Pacífico como en otros conflictos militares, hubo mujeres que marcharon con el ejército, auxiliaron heridos, enfrentaron epidemias, transportaron mensajes y, cuando las circunstancias lo exigieron, empuñaron armas y combatieron.

Las notas de prensa entre 1879 y 1883 hablan, incluso, de cientos de mujeres embarcándose hacia el norte para enrolarse en el ejército, acompañar a sus familiares u ofrecerse en tareas de asistencia. Incluso, algunas se disfrazaron de hombres para no ser marginadas de las tareas militares.

Dos escenas ocurridas durante la Guerra del Pacífico permiten acercarse a esa historia olvidada, y ambas tienen a la bandera como protagonista. En la batalla de Los Ángeles, el comandante Juan Martínez encargó a la cantinera Filomena Valenzuela Goyenechea custodiar el estandarte del Batallón Atacama. Si la derrota era inevitable, la bandera no debía caer en manos enemigas. Filomena cavó un hoyo en el lugar donde calentaban agua para atender a los heridos y escondió ahí el emblema patrio. Terminada la batalla con triunfo chileno, lo desenterró intacto para celebrar la victoria.

Ese mismo combate dejó otra imagen elocuente. La cantinera Carmen Vilches fue una de las primeras en alcanzar las posiciones enemigas. Desde allí buscó animar el avance de los soldados y, para eso, improvisó una bandera con sus bombachas rojas sujetas a una lanza. Esa escena quedó grabada en la memoria de sus contemporáneos y fue transmitida como una muestra de coraje y patriotismo.

Ambas historias podrían parecer simple anecdotario de guerra, pero representan más: condensan la experiencia de cientos de mujeres cuya participación quedó eclipsada e invisible. Filomena y Carmen no fueron excepciones, sino rostros visibles de una amplia y relevante presencia femenina.

Junto a ellas estuvieron Irene Morales, Juana López, Dolores Rodríguez, Josefa Herrera y muchas otras cuyos nombres apenas sobrevivieron, mientras la mayoría permanece anónima. Todas compartieron las marchas, el hambre, las enfermedades, el cuidado de los heridos y los riesgos del combate, por lo que merecen un espacio en la memoria histórica.

Las efemérides nacionales cumplen esa función: concentran en un símbolo procesos históricos complejos. La bandera que recordamos cada 9 de julio no sólo representa a los 77 de La Concepción, sino también a quienes murieron sin monumentos, regresaron sin honores o han permanecido fuera de los relatos épicos. Ampliar esa memoria no significa alterar nuestra historia, sino completarla, porque la bandera nacional alcanza su significado cuando es capaz de representar a todos los que contribuyeron a sostenerla.

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