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Actualidad Araucanía

Alfredo Zamudio: «Hay “desconfianza” y falta de conocimiento sobre “diálogo y negociación”

Publicado por: Claudio Nuñez | domingo 11 de febrero de 2024 | Publicado a las: 10:55

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En entrevista con Tiempo21, el director del Centro Nansen sobre la “pedagogía” aplicada en los talleres en la región, dijo que “en La Araucanía, hemos conocido a casi mil personas en estos talleres. Nos han contado de una gran necesidad de sentirse escuchados”.

“Nuestro aporte, junto a las siete universidades de La Araucanía, ha sido ayudar con herramientas para el diálogo, para que quienes participen, se lleven consigo una forma diferente de cómo escuchar y entender los problemas”.

Zamudio también afirmó que, “tengo fe en mi gente, no sólo por mi experiencia personal, en lo que he aprendido y visto en otras zonas de conflicto, sino porque lo que escuchamos en Araucanía, es que la gente quiere ser escuchada”.

Por Héctor Cárcamo y Claudio Núñez

Alfredo Zamudio (63 años, Arica) vivió en carne propia la dictadura a los 12 años cuando su padre fue detenido en 1973 en Arica. Fue liberado en septiembre del 76’, gracias a las gestiones del embajador de Noruega en aquella época. Ya para esa fecha tenía 15 años, con recuerdos amargos tras la detención de su padre. Sin embargo, se fueron a Oslo, y ahí lo recibió el centro de refugiados y pudo, paulatinamente comenzar su vida de nuevo.

Actualmente, Zamudio, es quien dirige la misión Chile del Centro Nansen para la Paz y el Diálogo de Noruega. En entrevista con Tiempo21 abordó su experiencia de trabajo con el centro, que ha realizado más de 250 actividades, entre talleres y encuentros desde Santiago, hasta, justamente, La Araucanía

El Centro Nansen inició talleres en La Araucanía, junto a las universidades locales, con el objetivo de aportar a la reconstrucción de relaciones entre el pueblo Mapuche, la sociedad chilena y sus instituciones. ¿Cómo han sido esos primeros talleres?

En dos años de trabajo, desde octubre del año 2021, y con el enorme apoyo de las universidades de la región, el Centro Nansen ha realizado 59 talleres de diálogo en La Araucanía. En estos talleres han participado casi mil personas, del mundo mapuche, de la academia, sociedad civil, organizaciones, autoridades, sector público, entre otros.

Estos talleres son un lugar de aprendizaje y de práctica. En los talleres no se hacen acuerdos, y tienen dos objetivos pedagógicos: practicar herramientas de diálogo y tener el ejercicio de dialogar. Quienes participan nos dicen que aprecian mucho esta experiencia, es muy conmovedor.

Para nosotros es importante empezar por lo sencillo, como, por ejemplo, definir qué es diálogo. Dialogar es una forma de comunicación que ofrece el tiempo y el espacio para que las personas puedan mostrar la complejidad de sus respectivas realidades. Los talleres de diálogo son solamente para aprender algunas herramientas para conocerse y escucharse.

Usted señaló que, en este camino, “hay que ser perseverantes, este es un camino pedregoso, no es fácil, no hay muchos que han caminado por ahí y ahí hay que ir a caminar”. De las críticas que se le hizo por no rechazar la extensión del Estado de Excepción a hoy ¿encuentra alguna disposición para participar en sus talleres?

Hemos sido invitados para apoyar a través de la pedagogía para el diálogo. En La Araucanía, hemos conocido a casi mil personas en estos talleres. Nos han contado de una gran necesidad de sentirse escuchados. También sabemos que Chile tiene instituciones sólidas y muy presentes en todo el país Hay mucho conocimiento y muchos estudios. Entonces, la pregunta que uno se hace es: si hay capacidad y hay conocimientos, ¿por qué perdura la sensación de no sentirse escuchados? En los talleres de diálogo nos cuentan que una razón – y también la consecuencia- es la desconfianza. Hay mucho interés de parte de muchas personas e instituciones en participar en estos talleres. Aprender requiere de una cierta dosis de humildad, porque uno no se las sabe todas. Valoramos mucho la confianza de quienes vienen a estos talleres a compartir y a aprender. 

Es importante repetir una y otra vez que faltan puntos de encuentro. En el camino del diálogo se abre una nueva comprensión a las historias de otras personas, que tal vez genera una tierra más fértil para la construcción de un futuro compartido. Por eso, los talleres son algo sencillo, pero funcionan para mejorar las capacidades para dialogar.

La invitación al Centro Nansen de Noruega por La Paz y el Diálogo el 2021, firmada por las máximas autoridades de las Universidades de La Araucanía, ¿ha logrado incorporar a las conversaciones a representantes mapuches a sostener contactos?

Los talleres de diálogo están abiertos para todas las personas que deseen participar. En estos talleres ha venido toda persona que deseaba conocer la metodología. Es importante decir que no ha sido un punto de negociación ni de acuerdos, sino de aprendizaje y de vivencia de qué es dialogar. La invitación que usted menciona no fue para liderar un proceso de diálogo político. Chile tiene instituciones que pueden llevar adelante un proceso de tal envergadura y de tanta importancia.

En las críticas, se ha señalado que el Centro Nansen no debe sostener contactos con grupos mapuches que a través de las armas y acciones violentas rompen el “estado de derecho”. ¿Cómo ha logrado superar esa barrera?

Le agradezco que me haga esa pregunta. Hace dos años y medio, cuando las universidades y el obispo Vargas (Q.E.P.D.) nos invitaron a venir a La Araucanía, hubo un pequeño malentendido entre algunos líderes de la región. Se pensó que éramos una institución que venía a liderar un proceso de diálogo o de negociación. Afortunadamente, pudimos aclarar esto rápidamente. Nuestro aporte en La Araucanía es desde la pedagogía. Hay una profunda falta de conocimiento sobre la diferencia entre diálogo para conocerse y negociación para acordar cosas. El pueblo mapuche conoce muy bien ambas herramientas, no tanto así las instituciones del país. Nuestro aporte, junto a las siete universidades de La Araucanía, ha sido ayudar con herramientas para el diálogo, para que quienes participen, se lleven consigo una forma diferente de cómo escuchar y entender los problemas. Cuando no hay una costumbre de escucharse, porque hay mucha desconfianza, un primer paso puede ser un taller de diálogo.

Por el contrario, ¿usted ve una disposición de representantes del estado chileno y de organizaciones gremiales y políticos a participar en los talleres del Centro Nansen?

Hemos visto una amplia participación de parte de muchas personas, que vienen de distintos sectores de la sociedad y de la región. Nos gustaría hacer muchos más talleres, pero por el momento, tenemos cupos limitados. Pero hay una buena noticia que contarles: las universidades de La Araucanía están colaborando para seguir adelante con la pedagogía del diálogo, y creo que es posible que tengan noticias para ustedes durante este año. La suma de todo esto es muy prometedor, y es un gran aporte para seguir creando estos pequeños puntos de aprendizaje y de encuentro.

Finalmente ¿Qué mensaje le entregaría a la sociedad en general, en especial a La Araucanía y lograr avanzar más allá del diálogo? Lo pregunto porque somos una zona que “vive”, entrecomillas, en constante conflicto como la violencia rural, el conflicto mapuche, y que somos la región más pobre del país.

Hay que ser perseverantes y seguir invitando a ser escuchados. Nuestro pueblo, con toda su diversidad y sus desencuentros y las injusticias que ha sufrido, sabe que la paz es mucho mejor que un conflicto. Tengo fe en mi gente, no sólo por mi experiencia personal, en lo que he aprendido y visto en otras zonas de conflicto, sino porque lo que escuchamos en Araucanía, es que la gente quiere ser escuchada. El desafío para las instituciones y el mundo político es cómo transformar esa escucha en algo que tenga un significado para las personas a nivel local.

Dicho esto, en una situación compleja, es siempre mucho mejor que los líderes mantengan sus puertas abiertas y se escuchen, aunque sea difícil. Si se demuestran las voluntades, y están las condiciones, es válido preguntarse si puede ser útil mantener canales de conversación. Hay ejemplos de otros conflictos, donde mantener el contacto ha servido para bajar la dificultad y llegar a un proceso de paz.


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