Publicado por: Tiempo 21 | sábado 9 de mayo de 2026 | Publicado a las: 19:37
Una estatua bañada en oro del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desató una fuerte polémica en sectores cristianos conservadores luego de ser instalada en el campo de golf del mandatario en Doral.
La escultura, de aproximadamente seis metros y medio de altura y fabricada en bronce recubierto en oro, muestra a Trump levantando el puño, en alusión a la imagen que recorrió el mundo tras el intento de asesinato que sufrió durante un acto de campaña en junio de 2024.
Sin embargo, más allá de su simbolismo político, la obra provocó inmediatas comparaciones con el “becerro de oro” descrito en el libro bíblico del Éxodo, episodio asociado a la idolatría y a la desobediencia del pueblo de Israel frente a Dios.
Las críticas apuntaron especialmente a que la figura fue presentada en medio de un ambiente cargado de símbolos patrióticos y religiosos, generando cuestionamientos desde creyentes y líderes cristianos que consideraron excesiva la exaltación hacia el mandatario republicano.
Ante la controversia, el televangelista Mark Burns, aliado cercano de Trump e integrante del grupo “Pastores por Trump”, salió públicamente a defender la instalación.
“Permítanme decirlo claramente: esto no es un becerro de oro”, afirmó Burns a través de su cuenta en X. “Adoramos al Señor Jesucristo, y a Él solamente”.
El religioso sostuvo además que la estatua “no trata sobre la adoración”, sino que representa “un símbolo de resiliencia, libertad, patriotismo y coraje”.

La polémica también alcanzó al financiamiento de la obra. Según trascendió en medios estadounidenses, la iniciativa habría sido impulsada por un grupo de inversionistas vinculados a la criptomoneda $PATRIOT.
El escultor responsable de la figura, Alan Cottrill, aseguró además que el proyecto enfrentó retrasos debido a problemas en los pagos comprometidos, los que alcanzaban los 300 mil dólares.
“Al día siguiente instalé la estatua en Florida”, señaló el artista, agregando que ni siquiera fue invitado a la inauguración oficial.
La controversia reabrió el debate sobre la creciente mezcla entre política, religión y culto a la personalidad dentro de sectores conservadores en Estados Unidos, especialmente en torno a la figura de Trump y su influencia en parte del electorado evangélico.