Publicado por: Tiempo 21 | sábado 9 de mayo de 2026 | Publicado a las: 20:35
Los resultados del Índice de Calidad de Vida Urbana 2025 volvieron a instalar una preocupación de fondo en La Araucanía: sus principales ciudades no logran avanzar al ritmo que requieren sus habitantes. Temuco se mantiene estancado, Padre Las Casas y Angol retroceden, mientras Villarrica continúa en un nivel bajo, pese a su atractivo turístico y crecimiento urbano.
El informe, elaborado por la Cámara Chilena de la Construcción junto al Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Pontificia Universidad Católica, no solo mide indicadores, sino que deja al descubierto brechas persistentes en conectividad, movilidad, ambiente de negocios, condiciones laborales, planificación urbana y cohesión social.
Para profundizar en este diagnóstico, Tiempo 21 conversó con Arturo Orellana, académico UC y uno de los creadores del ICVU, quien advirtió que el caso de Temuco y Padre Las Casas refleja un problema metropolitano no resuelto, mientras que comunas como Angol y Villarrica evidencian las dificultades de las ciudades intermedias para sostener mejores condiciones de vida.
En esta entrevista, Orellana analiza las causas del estancamiento urbano en La Araucanía, cuestiona la falta de planificación integrada, aborda el impacto del transporte público y advierte que eventuales medidas de desregulación, como la Ley Miscelánea impulsada por el Gobierno, podrían profundizar brechas si no se aplican con equilibrio territorial.
El ICVU 2025 muestra que Temuco no avanza, Padre Las Casas retrocede, Angol baja y Villarrica sigue en nivel bajo. ¿Qué lectura estructural hace usted de La Araucanía a partir de estos resultados?
Yo creo que aquí hay varios temas de naturaleza distinta, porque estamos hablando de realidades diferentes. Por ejemplo, el caso de Temuco y Padre Las Casas es un tema no resuelto. Es decir, Temuco y Padre Las Casas constituyen probablemente —y a lo mejor también Vilcún y alguna otra comuna cercana— un área metropolitana desde hace tiempo.
Temuco ha crecido bastante en población y Padre Las Casas también. Entonces, lo que uno observa, de acuerdo con los indicadores, es que hay cuestiones que no se resuelven de buena manera. Por ejemplo, en el caso de Temuco y Padre Las Casas, ambas convergen en un sistema de conectividad y movilidad insuficiente, que no satisface las necesidades de interconexión que debieran existir entre dos comunas que son altamente dependientes una de la otra. Estamos en una región donde Temuco juega un rol importante por ser la capital, pero es una ciudad donde, si bien se han ido resolviendo algunas cosas en vivienda y entorno, en general las condiciones laborales no han cambiado mucho, el ambiente de negocios tampoco, y sigue situada en una condición baja. Si uno considera el nivel de actividad económica que debiera tener Temuco como capital regional, en una región que además convive con precariedad, atraso y rezago, donde la mayoría de sus comunas no tiene una condición de desarrollo sólida, eso hace que efectivamente no se impulse el desarrollo como debiera. (…) Además, Temuco está inserta en una región que convive con una serie de conflictos de distinta índole. Y el caso de Villarrica yo diría que es paradójico.
Claro, uno piensa en Villarrica y asocia paisaje o belleza escénica, pero nosotros no medimos eso. Villarrica es una ciudad de temporada, por lo tanto, probablemente ofrece más posibilidades para quienes viven allí temporalmente o tienen segunda residencia, pero no necesariamente para sus habitantes permanentes, que tienen que resolver temas de salud, educación o empleo muchas veces fuera de la comuna. No es una comuna con una condición de desarrollo particularmente cómoda para quien vive todo el año. Pucón tampoco tiene tanta actividad durante el año como para compensar plenamente esa situación. Entonces, cuando uno ve el caso de Villarrica, observa que hay cosas que todavía no se logran resolver de buena manera y que son propias de una ciudad intermedia, altamente dependiente de la temporalidad.
En el caso de La Araucanía, ¿cuáles son las variables o dimensiones que más están frenando una mejora real en la calidad de vida urbana?
Fundamentalmente, yo creo que el tema de la conectividad y movilidad. Es una región que no solo presenta debilidades desde el punto de vista del transporte, sino también en la conexión a redes, como internet. Además, hay un desequilibrio importante en la condición de ambiente de negocios. Uno esperaría, por el tamaño que tiene Temuco, un mayor nivel de actividad económica, y eso no ocurre. En general, el resto de las comunas vive del comercio, los servicios o de actividades vinculadas al turismo de temporada, pero muchas de las otras actividades siguen siendo bastante primarias, ligadas a la agricultura y a rubros que no tienen mucho valor agregado. También hay un problema de desequilibrio en la provisión de educación y salud, que no está a la par en toda la región, y eso de alguna manera contribuye negativamente a la calidad de vida urbana.
Temuco y Padre Las Casas forman parte de una misma dinámica metropolitana, pero los resultados muestran estancamiento en una comuna y retroceso en la otra. ¿Qué revela eso sobre la falta de planificación integrada entre ambas?
Lo primero es que efectivamente hay una falta de planificación más prospectiva. Si uno mira el crecimiento de Temuco, ha sido bastante acelerado, y también el de Padre Las Casas. Pero muchas veces ese crecimiento se da en contextos de parcelas de agrado, loteos irregulares y otras formas de expansión, mientras la inversión pública en infraestructura y equipamiento no va al mismo ritmo del crecimiento demográfico. Además, hay un flujo creciente entre ambas comunas. Probablemente la mayoría de la gente que vive en Padre Las Casas se desplaza hacia Temuco por trabajo, comercio, servicios o distintas actividades.
Aquellos que tienen menores niveles de calificación dependen más del transporte público, mientras otros se movilizan en automóvil, sobre todo desde sectores rurales o parcelas de agrado. Entonces, de alguna manera, el no reconocimiento de un área metropolitana entre Temuco y Padre Las Casas —que entiendo que juntas ya rondan los 300 mil habitantes— muestra una carencia. Uno se pregunta cómo es posible que todavía no estemos pensando en una intercomunalidad, en un sistema de transporte integrado y en una planificación de escala acorde a esta realidad. Y esto incluso podría extenderse a otras comunas cercanas, como Vilcún o Lautaro, porque también hacia Lautaro ha habido desarrollo industrial y se empiezan a configurar flujos sobre la Ruta 5 que muestran una relación intercomunal de hace rato. Eso da origen a lo que se llaman áreas metropolitanas, y requiere soluciones de escala mayor en infraestructura pública y equipamiento, algo que claramente no ha ido a la par.
En una región como La Araucanía, donde la conectividad y la movilidad siguen siendo temas sensibles, ¿cuánto pesa hoy la debilidad del transporte público y la planificación urbana en estos malos resultados?
En general, después de la pandemia, al haber más debilidad en los sistemas de transporte público en muchas ciudades del país, la tendencia fue a subirse al automóvil, lo cual es un derecho, por cierto, pero va en contracorriente con la necesidad de evitar un exceso de movilidad en transporte privado. Ahora, si a eso tú le sumas que la gente en Vilcún, en Lautaro o en Padre Las Casas no encuentra empleo, o no encuentra oportunidades de educación técnica porque no hay centros de formación suficientes, eso significa que se multiplican los viajes y, por lo tanto, a la larga se congestionan las vías, generando una pérdida importante en calidad de vida. Y en la medida en que no haya un transporte público adecuado, la gente se va a subir con mayor razón al automóvil, por lo tanto se multiplica el efecto negativo. Pero eso también habla de un modelo de desarrollo que no es integral. Han proliferado mucho en las áreas rurales, sobre todo en Padre Las Casas, parcelas de agrado y loteos que son altamente dependientes del transporte privado.
El informe también pone el foco en el ambiente de negocios. ¿Hasta qué punto la falta de dinamismo económico en comunas como Angol o Villarrica termina afectando directamente la calidad de vida urbana?
Claramente afecta. Si uno mira un poco las cifras en detalle respecto de lo ocurrido, particularmente si nos vamos a 2025, en el caso de Temuco uno se pregunta dónde están las falencias o los atrasos que muestran los datos. Y lo que muestran es que, por ejemplo, en materia de condiciones laborales, ambiente de negocios, salud, medioambiente y condiciones socioculturales hay un retroceso respecto de 2015. Pero si uno mira 2015, tampoco es que el panorama fuera especialmente bueno. Entonces, lo que se ve es que prácticamente se mantienen las mismas dimensiones a la baja. Es decir, en diez años, por decirlo de alguna manera, Temuco creció fuertemente demográficamente, Padre Las Casas también, pero la realidad desde el punto de vista del desarrollo del ambiente de negocios o de las condiciones laborales no mejoró. Se mantuvo en los mismos niveles bajos y medio bajos.
Otro aspecto crítico son las condiciones socioculturales. En La Araucanía, ¿cómo influyen factores como la fragmentación social, la baja cohesión territorial o la sensación de inseguridad en este estancamiento urbano?
La condición de inseguridad más bien se recoge en la dimensión vivienda y entorno. Pero quizás lo que sí afecta, cuando uno mira las condiciones socioculturales, son temas como educación, es decir, la pérdida de competitividad en términos de la formación educativa, particularmente la que reciben niños y adolescentes. Por otro lado, tienes un aumento de temas de violencia intrafamiliar, falta de participación social, y una especie de desencanto de la gente en términos de participación. Y eso, a la larga, en conjunto, conlleva problemas de convivencia, más allá del tema de la seguridad. Problemas de convivencia porque, en definitiva, la gente participa menos o encuentra menos resultados y menos atractivo en participar. Y eso también tiene que ver con el fenómeno que hemos vivido como país. Hubo una efervescencia durante el estallido social y luego la pandemia, especialmente en el primer caso, que llevó a un alto nivel de participación, pero después también hubo un desencanto enorme con los resultados y los procesos posteriores. A eso súmale el aislamiento de la pandemia, que configuró un cuadro en el que, efectivamente, en general la participación social ha disminuido. Y como tú dices, en una región marcada por temas de violencia y problemáticas asociadas, eso multiplica el efecto.
Si la Ley Miscelánea del Gobierno busca destrabar inversión y reactivar el desarrollo, ¿usted cree que una agenda de ese tipo puede incidir de verdad en ciudades como Temuco, Padre Las Casas, Angol o Villarrica, donde el ICVU muestra estancamiento y retrocesos?
No es fácil responder eso. Porque en el corto plazo de aprobarse algunas medidas quizás destraba inversiones y proyectos inmobiliarios, no obstante, un exceso de desregulación normativa puede a la larga aumentar brechas en calidad de vida. Sobre todo, si apunta una densificación no equilibrada.
Si usted tuviera que fijar tres prioridades urgentes para que La Araucanía revierta esta tendencia en los próximos años, ¿cuáles deberían ser y qué actor debiera liderarlas: municipios, Gobierno Regional o nivel central?
A mí me parece urgente que el Gobierno Regional impulse no solamente el reconocimiento de un área metropolitana, sino también un modelo de gobernanza metropolitana donde concurran los alcaldes que son parte de esta área, es decir, Temuco y Padre Las Casas, pero eventualmente también Lautaro y Vilcún. Habría que ver qué es lo que dicen los estudios, pero la primera prioridad es una planificación integral, considerando áreas urbanas y rurales. Aquí no se trata solamente de resolver los problemas en el área urbana, sino también de controlar cómo se desarrolla el área rural, por ejemplo, si vamos a compatibilizar de buena manera el desarrollo forestal, el desarrollo agrícola y el desarrollo energético, o si vamos a resolver y controlar que no se sigan generando asentamientos urbanos en áreas rurales desprovistos de transporte, de seguridad y además con riesgos asociados, por ejemplo, por convivir con áreas forestales. En segundo lugar, me parece que el transporte público es esencial. Yo creo que no puede ser que solamente Santiago tenga un sistema de transporte público de lujo, y que en ciudades como Temuco y sus alrededores el sistema sea realmente decepcionante, por no decir indignante. No es posible que un joven o una persona mayor quiera estudiar una carrera técnica y, si sale a las 9:30 de la noche en Temuco, no tenga transporte para volver a su casa. Ese tipo de situaciones, junto con la seguridad, son fundamentales. Y lo tercero, yo diría que el tema medioambiental. Hay temas de contaminación por el uso excesivo de la leña y otros asuntos que me parecen fundamentales de resolver. Piensa tú que en Angol la basura se va a botar a Los Ángeles. Ese tipo de cosas ocurren en La Araucanía y creo que son parte de los desafíos. Yo diría que esos tres son los principales, y todo eso, a la larga, también va a atraer más inversión privada, porque va a hacer más atractivo vivir ahí.