Publicado por: Tiempo 21 | domingo 31 de mayo de 2026 | Publicado a las: 17:35
Una mirada crítica sobre la instalación del Gobierno, el alcance de la llamada megarreforma y el impacto que estas decisiones podrían tener en regiones como La Araucanía entregó Rodrigo Cuevas, académico del Departamento de Sociología, Ciencia Política y Administración Pública e investigador del Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica de Temuco.
En conversación con Tiempo 21, Cuevas abordó el escenario regional, la desconfianza hacia las instituciones, el reciente cambio de gabinete, la discusión tributaria y los desafíos pendientes en la Macrozona Sur. Su diagnóstico fue claro: el Ejecutivo enfrenta un desgaste temprano y debe asumir cuanto antes que gobernar no es lo mismo que hacer campaña.
“Yo soy más pesimista. El Gobierno ya se desgastó de entrada”, afirmó, al proyectar el escenario político de los próximos meses. Según explicó, este fenómeno no sería exclusivo de la actual administración, sino parte de una tendencia más amplia en la política chilena.
“Aquí el desgaste de los gobiernos llega cada vez más temprano. ¿Por qué? No lo sabemos, pero sí está pasando”, sostuvo.
Consultado por el momento que vive La Araucanía, Cuevas planteó que la región reproduce un patrón de desconfianza que no depende únicamente del gobierno de turno, sino que forma parte de una tendencia chilena y latinoamericana de larga data.
“En general los niveles de desconfianza son bien amplios. En ese sentido, La Araucanía repite mucho un patrón que es bien chileno y también latinoamericano”, señaló.
A su juicio, la desconfianza hacia las instituciones, especialmente las políticas, es un fenómeno profundo y difícil de revertir. Por eso, distinguió entre la confianza como elemento de largo plazo y la valoración de la gestión de un gobierno, que sí puede variar según sus decisiones.
“La confianza se trata como un elemento más bien difuso. Una vez que está arraigada, es muy difícil cambiarla para bien o para mal. Llegar a perder la confianza en una institución es muy difícil, pero volver a recuperarla también lo es”, explicó.
En ese contexto, sostuvo que lo que sí puede modificarse es la aprobación o valoración de la gestión del Ejecutivo, dependiendo de cómo enfrente los problemas concretos del país y de las regiones.
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la forma en que el Gobierno está mirando a La Araucanía. Cuevas reconoció que el actual Mandatario ha tenido una cercanía especial con la región, especialmente durante sus campañas, pero advirtió que eso no necesariamente implica comprender toda su complejidad.
“Uno asumiría que hay una sensibilidad mayor hacia ese tema”, dijo. Sin embargo, agregó que la pregunta de fondo es si ese conocimiento territorial logra traducirse en una comprensión real de la diversidad social, política y territorial de La Araucanía.
A su juicio, el riesgo está en reducir nuevamente la región a una sola dimensión: seguridad, violencia rural o conflicto mapuche.
“Si en el fondo está obsesionado con que todo se reduce a esas variables, va a ser complejo”, advirtió.
En esa línea, Cuevas marcó una diferencia entre el discurso electoral y la gestión concreta del Estado.
“Una cosa fueron los eslóganes de campaña, otra cosa es la realidad”, afirmó.
Respecto al cambio de gabinete ocurrido en los primeros meses de la administración, Cuevas sostuvo que más que una señal aislada, refleja las dificultades del Ejecutivo para pasar desde la lógica electoral a la lógica de gobierno.
“Tiendo más a la tercera”, respondió, al ser consultado si el ajuste ministerial era una señal de corrección, debilidad temprana o dificultad para transformar promesas de campaña en gestión.
Para Cuevas, el Gobierno está aprendiendo aceleradamente que administrar el Estado tiene reglas, tiempos y complejidades que no siempre calzan con la lógica de campaña ni con la gestión privada.
“Asumir el gobierno implica saber que las cosas no funcionan simplemente por la mera voluntad, que el Estado tiene ciertas complejidades que no se pueden saltar”, explicó.
En ese sentido, comparó el proceso con lo ocurrido en administraciones anteriores, especialmente cuando fuerzas políticas que llegan con un discurso de renovación deben recurrir rápidamente a figuras con experiencia en el aparato estatal.
“Mi impresión es que se parece bastante más al Frente Amplio. Así como el Frente Amplio recurrió rápidamente a la vieja Concertación, Republicanos está haciendo lo mismo con la antigua derecha”, planteó.
Cuevas sostuvo que el Gobierno “está aprendiendo rápidamente que gobernar no es estar en campaña”, frase que resume, a su juicio, buena parte del momento político actual.
Sobre la Macrozona Sur y el conflicto en La Araucanía, Cuevas advirtió que ninguna dimensión puede imponerse completamente sobre las demás. A su juicio, el desafío es equilibrar orden público, diálogo político, desarrollo territorial y reconocimiento de demandas históricas.
“Yo te diría que hay que tratar de equilibrar las tres, ninguna sobre la otra”, afirmó.
En ese punto, fue enfático en advertir que una estrategia centrada únicamente en la fuerza no resolvería el problema.
“Si te vas directamente al control del orden público o a la imposición de la fuerza de un grupo sobre otro, te vas a una pacificación 2.0 y eso no resuelve nada”, señaló.
Pero también sostuvo que reducir el conflicto solo a demandas identitarias o solo a condiciones materiales sería insuficiente. Según Cuevas, se trata de un problema de alta complejidad, cuya salida no será inmediata ni dependerá de una sola medida.
Más bien, afirmó, se requiere una solución larga, sostenida y con disposición política a asumir costos.
“Acá se necesitan políticos que estén dispuestos a perder capital en votos. Si no hay políticos dispuestos a perder capital político, solucionar este tema va a ser difícil”, sostuvo.
Otro de los puntos más duros de la entrevista fue la evaluación de la llamada megarreforma o Plan de Reconstrucción del Gobierno, que considera medidas en materia de inversión, empleo, rebajas tributarias y agilización de permisos.
Para Cuevas, el diseño parte de una premisa discutible.
“Esto más bien es un diagnóstico ideológico y un acto de fe”, afirmó.
El integrante del Centro de Políticas Públicas de la UCT sostuvo que no existe evidencia concluyente de que una rebaja de impuestos se traduzca automáticamente en mayor inversión, crecimiento económico o bienestar.
“No es claro en absoluto que una rebaja de impuestos se traduzca en crecimiento económico ni en bienestar. No hay evidencia concluyente respecto a eso”, indicó.
Si bien reconoció que podría discutirse la necesidad de mejorar o acelerar ciertos procesos administrativos, especialmente en materia ambiental o arqueológica, fue claro en marcar un límite.
“Donde sí podría eventualmente haber un punto es en poder flexibilizar o acelerar trámites ambientales o algunas gestiones de material arqueológico, pero mejorarlo, en ningún caso eliminarlo”, precisó.
A su juicio, el comportamiento de los inversionistas no depende únicamente de los impuestos o de los rankings internacionales, sino principalmente de la rentabilidad del proyecto.
“El inversionista va donde hay plata o donde hay una oportunidad de negocios”, afirmó.
La entrevista también abordó los dichos del economista Patricio Ramírez, quien había planteado a Tiempo21 que una rebaja de impuestos a las grandes empresas podría incentivar inversión privada, pero también generar estrecheces fiscales en el corto plazo, algo especialmente complejo para una región como La Araucanía, que requiere mayor inyección de recursos públicos.
Cuevas coincidió en que ahí existe una tensión profunda y cuestionó la viabilidad fiscal de reducir ingresos del Estado mientras se plantea, al mismo tiempo, la necesidad de recortar gastos.
“Si estoy planteando hacer recortes fiscales porque no tengo plata y al mismo tiempo estoy renunciando a tener ingresos, la caja no va por dónde”, sostuvo.
El analista advirtió que esta ecuación puede ser particularmente compleja para regiones rezagadas, donde el mercado por sí solo no necesariamente genera condiciones de desarrollo equivalentes a las de otros territorios.
“Evidentemente no va a haber recursos para las regiones y, si no hay recursos para las regiones, no hay posibilidad de compensar las diferencias que ya existen”, señaló.
En el caso de La Araucanía, planteó que el debate no puede limitarse a la lógica estrictamente fiscal, porque el desarrollo territorial requiere compensaciones y políticas públicas sostenidas.
“La gran minería no viene para acá. ¿Cuántos yacimientos de cobre hay en La Araucanía? Ninguno. ¿Cuántos yacimientos de petróleo? Cero. La Araucanía, por supuesto, tiene otras riquezas y potencialidades, pero hay que apoyar a las regiones con ciertas compensaciones”, afirmó.
“Lo que sirve para ganar como eslogan, no sirve para gobernar”
En su proyección política, Cuevas sostuvo que el Gobierno todavía puede corregir el rumbo, pero para ello debe asumir pronto que varias promesas de campaña no podrán concretarse en los términos en que fueron formuladas.
“Mientras más temprano termine de asumir que está gobernando y que no está en campaña, el Gobierno puede enmendar el rumbo y hacer un buen gobierno”, señaló.
Sin embargo, advirtió que ese ajuste tiene costos, porque implica abandonar parte de la retórica que permitió ganar la elección.
“Tiene que olvidarse de la retórica que lo llevó a ganar, porque no va a poder ser”, planteó.
Para Cuevas, el problema de fondo es que la realidad del país termina imponiéndose sobre los discursos electorales. Por eso, insistió en que los gobiernos deben volver a los acuerdos mínimos y a posiciones menos rígidas.
“La realidad se termina de imponer tarde o temprano, y la realidad del país no es la campaña”, afirmó.
Y cerró con una frase que resume su diagnóstico sobre el momento político del Ejecutivo: “Lo que sirve para ganar como eslogan, no sirve para gobernar”.