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	<title>Noticias de Opinión | Tiempo21</title>
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	<description>Noticias Actualizadas De Temuco, La Araucanía y Chile. Expertos En Avisos Legales.</description>
	<lastBuildDate>Wed, 13 May 2026 14:35:21 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Noticias de Opinión | Tiempo21</title>
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		<title>[Opinión] Los fabricantes de mentiras</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 May 2026 14:35:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[CAMPAÑAS POLÍTICAS]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
		<category><![CDATA[FABRICANTES DE MENTIRAS]]></category>
		<category><![CDATA[INFORMACIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[marco antonio vásquez]]></category>
		<category><![CDATA[MEDIOS DE COMUNICACIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[POLÍTICA]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marco Antonio Vásquez, Ingeniero Comercial-Contador Público y Auditor, académico de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Empresariales de la [&#8230;]</p>
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<h5 class="wp-block-heading">Por Marco Antonio Vásquez, Ingeniero Comercial-Contador Público y Auditor, académico de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Empresariales de la Universidad de La Frontera.</h5>



<p>En 1981, en el álbum Peperina de Serú Girán, Charly García ponía en palabras —y en música— una advertencia que con los años no ha perdido vigencia: la existencia de “fabricantes de mentiras”. Lo que en ese entonces podía leerse como una crítica situada, incluso generacional, hoy parece describir con inquietante precisión una realidad mucho más extendida y difícil de delimitar.</p>



<p>Vivimos en una época donde la verdad ha dejado de ser un punto de partida compartido. Como advertía Hannah Arendt, la verdad en política siempre ha sido frágil, pero nunca como ahora había estado tan expuesta a la erosión sistemática. No se trata únicamente de noticias falsas o de errores informativos: se trata de la instalación de relatos que buscan sustituir la realidad por versiones convenientes de ella.</p>



<p>En este escenario, el problema no puede reducirse a la acusación fácil contra “los medios” o “los gobiernos”. Pensadores como Noam Chomsky han mostrado cómo los sistemas de información pueden responder a intereses estructurales, pero también es cierto que hoy esos sistemas han sido desbordados por nuevas dinámicas: redes sociales, algoritmos y economías de la atención que premian la rapidez por sobre la veracidad.</p>



<p>A esto se suma un fenómeno inquietante: la progresiva renuncia ciudadana a profundizar. El acceso a la información es más amplio que nunca, pero la disposición a cuestionarla parece debilitarse. Como sugiere Byung-Chul Han, el exceso de estímulos no necesariamente produce más pensamiento, sino muchas veces lo contrario: saturación, cansancio y una peligrosa indiferencia.</p>



<p>Así, los fabricantes de mentiras no solo producen contenidos; encuentran también un terreno fértil en una sociedad fatigada, fragmentada y, en ocasiones, más inclinada a confirmar sus propias creencias que a confrontarlas. En ese contexto, la mentira no se impone únicamente por su fuerza, sino también por nuestra disposición a aceptarla.</p>



<p>La política, por su parte, no ha quedado al margen. Campañas construidas sobre la deslegitimación del adversario, estrategias comunicacionales que priorizan el impacto por sobre la verdad y discursos que tensionan deliberadamente los hechos forman parte de un paisaje cada vez más habitual. Como lo retrató de forma inquietante George Orwell, cuando el lenguaje se degrada, la realidad misma comienza a volverse difusa.</p>



<p>Sin embargo, reducir este fenómeno a una conspiración omnipresente puede resultar tan simplificador como negar su existencia. El desafío es más complejo y, por lo mismo, más exigente: recuperar la verdad como una tarea colectiva. Esto implica no solo exigir estándares a quienes informan o gobiernan, sino también asumir una responsabilidad personal en la forma en que consumimos, compartimos y validamos la información.</p>



<p>Tal vez, entonces, la advertencia sobre los “fabricantes de mentiras” sigue vigente, pero con un matiz distinto. Ya no basta con identificarlos; es necesario preguntarse por las condiciones que les permiten prosperar. Porque en tiempos donde la verdad compite con versiones de la realidad diseñadas a medida, defenderla deja de ser un acto pasivo y se convierte, inevitablemente, en una forma de compromiso.</p>
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		<title>[Opinión] El vino del fin del mundo: entre la promesa y la incertidumbre en los valles de Malleco y Cautín</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 May 2026 17:36:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Agricultura]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[COLUMNA DE OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
		<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
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		<category><![CDATA[VALLE DEL CAUTÍN]]></category>
		<category><![CDATA[VALLES DE MALLECO]]></category>
		<category><![CDATA[VINO DEL FIN DEL MUNDO]]></category>
		<category><![CDATA[VINOS]]></category>
		<category><![CDATA[VITIVINÍCOLAS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marcos Torres Patiño, experto en Vinos &#8211; Escuela Moderna del Vino. Durante décadas, el mapa vitivinícola chileno parecía escrito [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h5 class="wp-block-heading">P<strong>or Marcos Torres Patiño</strong>, experto en Vinos &#8211; Escuela Moderna del Vino.</h5>



<p>Durante décadas, el mapa vitivinícola chileno parecía escrito en piedra. Colchagua, Maipo, Casablanca o Maule concentraban el relato histórico del vino nacional, mientras el sur profundo permanecía asociado a cereales, ganadería y bosques. Sin embargo, en silencio, algo comenzó a cambiar en La Araucanía.</p>



<p>Hoy, los valles de Malleco y Cautín representan una de las apuestas más audaces de la viticultura chilena contemporánea. Lo que hace apenas quince años parecía una excentricidad agrícola —plantar viñedos bajo lluvias intensas, inviernos largos y heladas frecuentes— comienza a consolidarse como un laboratorio natural de vinos de clima frío, identidad territorial y turismo experiencial.</p>



<p>Las cifras son pequeñas, pero simbólicamente poderosas. La superficie vitícola regional creció más de 500% en la última década, pasando de proyectos experimentales a un ecosistema de viñas boutique, emprendimientos familiares y bodegas premium que hoy llaman la atención de críticos internacionales y del turismo especializado.</p>



<p>Sin embargo, el fenómeno merece una mirada menos romántica y más estructural.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El éxito de Malleco no está en la cantidad</h3>



<p>Uno de los errores más frecuentes al analizar el crecimiento del vino en La Araucanía es medirlo bajo los parámetros tradicionales de la industria: volumen, exportación masiva o presencia en supermercados.</p>



<p>Malleco y Cautín jamás competirán con los gigantes vitivinícolas de Chile ni de Argentina. Sus condiciones climáticas, su escala productiva y sus costos estructurales simplemente no lo permiten. Y probablemente ahí reside su mayor fortaleza.</p>



<p>El sur no está construyendo un modelo industrial; está construyendo un relato.</p>



<p>Las cepas que mejor se han adaptado —Pinot Noir, Chardonnay, Riesling o Gewürztraminer— encuentran en el frío una identidad distinta: vinos más tensos, minerales y elegantes, alejados de la sobremadurez que durante años caracterizó parte de la producción sudamericana.</p>



<p>Viñas como Clos des Fous, William Fèvre Chile, Kutralkura o proyectos emergentes como Quimey, Trayenko, Pukem entendieron rápidamente que el verdadero valor del territorio no está solo en la botella, sino en la experiencia emocional que la rodea.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El nuevo lujo: autenticidad</h3>



<p>El consumidor premium mundial cambió. Ya no busca únicamente prestigio o tradición centenaria; busca autenticidad, origen y narrativa.</p>



<p>En ese contexto, La Araucanía posee atributos difíciles de replicar:</p>



<ul>
<li>volcanes,</li>



<li>bosques milenarios,</li>



<li>cultura mapuche,</li>



<li>lluvias permanentes,</li>



<li>gastronomía local,</li>



<li>y la sensación geográfica de estar “al borde del mundo”.</li>
</ul>



<p>Eso transforma al vino en algo más profundo que un producto agrícola: lo convierte en una experiencia territorial.</p>



<p>Por eso muchas viñas del sur ya no dependen exclusivamente de vender botellas. El verdadero crecimiento económico aparece en:</p>



<ul>
<li>el enoturismo,</li>



<li>las bodas destino,</li>



<li>las experiencias privadas,</li>



<li>la gastronomía,</li>



<li>el turismo de lujo natural,</li>



<li>y la construcción de marcas emocionales.</li>
</ul>



<p>El vino se vuelve excusa y vehículo de algo mayor.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Pero el escenario también tiene sombras</h3>



<p>El entusiasmo no debe ocultar las fragilidades estructurales que enfrenta la industria en el sur.</p>



<p>La primera es evidente: el consumo global de vino está cambiando. Las nuevas generaciones consumen menos alcohol, privilegian experiencias ocasionales y muestran hábitos más fragmentados que los mercados tradicionales europeos o latinoamericanos.</p>



<p>Eso obliga a que los proyectos de La Araucanía deban posicionarse rápidamente en segmentos premium y turísticos antes de quedar atrapados en una escala demasiado pequeña para sobrevivir comercialmente.</p>



<p>La segunda fragilidad es logística y comercial. Muchas viñas del sur aún carecen de:</p>



<ul>
<li>redes sólidas de distribución,</li>



<li>capacidad exportadora estable,</li>



<li>inversión hotelera,</li>



<li>infraestructura turística,</li>



<li>y estrategias profesionales de marketing internacional.</li>
</ul>



<p>Existe prestigio enológico creciente, pero todavía no una marca territorial consolidada equivalente a Napa Valley, Mendoza o incluso Casablanca.</p>



<p>La tercera dificultad es climática. Paradójicamente, el mismo frío que entrega identidad también aumenta el riesgo agrícola:</p>



<ul>
<li>heladas,</li>



<li>lluvias excesivas,</li>



<li>enfermedades de la vid,</li>



<li>y temporadas impredecibles.</li>
</ul>



<p>El cambio climático, lejos de resolver todos los problemas, podría volver aún más extremos ciertos ciclos productivos.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El futuro: menos vino, más territorio</h3>



<p>Quizás la principal lección que dejan Malleco y Cautín es que el negocio del vino ya no se trata solamente de vino.</p>



<p>Las viñas más exitosas del mundo hoy funcionan como ecosistemas de experiencia:</p>



<ul>
<li>hotel,</li>



<li>arquitectura,</li>



<li>gastronomía,</li>



<li>paisaje,</li>



<li>bienestar,</li>



<li>cultura,</li>



<li>eventos,</li>



<li>arte,</li>



<li>y turismo emocional.</li>
</ul>



<p>En ese escenario, La Araucanía posee una ventaja competitiva extraordinaria: aún conserva una sensación de autenticidad no saturada.</p>



<p>El desafío será enorme.</p>



<p>Crecer sin perder identidad.</p>



<p>Abrirse al turismo sin banalizar el territorio.</p>



<p>Y transformar una promesa en una industria sostenible.</p>



<p>Porque quizás el mayor riesgo para el vino del sur no sea el clima ni el mercado, sino olvidar aquello que lo volvió distinto desde el principio: su capacidad de emocionar desde el paisaje, el silencio y el origen.</p>
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		<title>[Opinión] Día de la Madre: a maternar también se aprende</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/opinion-dia-de-la-madre-a-maternar-tambien-se-aprende/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 May 2026 00:38:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[CAROLINA DIEZ PASTENE]]></category>
		<category><![CDATA[COLUMNA DE OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
		<category><![CDATA[DIA DE LA MADRE]]></category>
		<category><![CDATA[FUNDACIÓN INTEGRA]]></category>
		<category><![CDATA[MATERNAR]]></category>
		<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[PSICOLOGÍA]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Carolina Diez Pastene, Psicóloga supervisora del Programa Fonoinfancia de Fundación Integra. A maternar – cuidar, criar y proteger con [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h5 class="wp-block-heading">Por Carolina Diez Pastene, Psicóloga supervisora del Programa Fonoinfancia de Fundación Integra.</h5>



<p>A maternar – cuidar, criar y proteger con amor- se aprende en lo cotidiano a partir de la propia historia, de lo vivido como hija o hijo, de las experiencias de buen trato o de aquellas que no lo fueron, del contexto social y cultural, y también de las características y necesidades particulares de cada niña o niño. En este proceso no siempre hay certezas y muchas veces se transita con escasas redes de apoyo.</p>



<p>Desde una mirada centrada en el vínculo, en las interacciones cotidianas, niñas y niños van construyendo una base de seguridad que les permite explorar el mundo y relacionarse con otros. Esta base no depende de respuestas siempre acertadas, sino de la disponibilidad del adulto, de su capacidad de responder de manera sensible y de reparar cuando es necesario. En esos gestos cotidianos se va configurando el apego.</p>



<p>En este contexto, las competencias parentales se desarrollan y fortalecen con la experiencia. Son formas de cuidar, proteger y acompañar que permiten a niñas y niños sentirse seguros, comprendidos y contenidos. Se expresan en la capacidad de acoger lo que sienten, ofrecer calma en momentos de desborde, guiar el aprendizaje y promover la autonomía, estableciendo límites desde el respeto y resguardando su bienestar físico y emocional. Asimismo, implican abrir espacios para que madres, padres y cuidadores reflexionen sobre su propio actuar y la influencia de su historia en la forma de criar.</p>



<p>En este proceso, el autocuidado también es clave. Sostener a otros requiere también poder sostenerse a uno mismo. Reconocer los propios límites, necesidades y recursos es parte de una parentalidad disponible y sensible, especialmente en contextos donde las exigencias son altas.<br>La crianza no es un acto individual. Se construye en vínculo con otros y se sostiene en redes familiares, comunitarias e institucionales que pueden marcar una diferencia en el bienestar de quienes cuidan y en el de niñas y niños.</p>



<p>Desde una mirada de crianza respetuosa, el foco está en reconocer a niñas y niños como sujetos de derechos, con necesidades propias y con una voz que merece ser escuchada. Esto implica acompañar sin imponer, guiar sin anular y establecer límites sin dañar. No se trata de hacerlo perfecto, sino de construir relaciones basadas en el respeto, la empatía y la coherencia.</p>



<p>En este Día de la Madre, el reconocimiento es para todas las formas de maternar: las visibles y las invisibles, las acompañadas y las que han debido sostenerse en soledad, las que transitan con mayor facilidad y aquellas que enfrentan más desafíos. Maternar no es un camino fácil ni lineal, sino un proceso profundamente significativo, hecho de intentos, aprendizajes y encuentros cotidianos donde se va tejiendo el vínculo.</p>



<p>En ese espacio imperfecto y desafiante, incluso en medio de las dudas, se construyen las bases desde las cuales niñas y niños aprenderán a sentirse seguros y a relacionarse con el mundo.</p>



<p>En ese camino, contar con orientación y apoyo puede marcar una diferencia significativa. Si necesitas orientación en temas de crianza, puedes contactar a Fonoinfancia, un programa de asesoría psicológica especializada en crianza respetuosa, no presencial, gratuito y de cobertura nacional, con más de 25 años de funcionamiento. Es atendido por un equipo de psicólogas y psicólogos disponibles de lunes a viernes de 8:30 a 19:00 horas, a través del teléfono 800 200 818 o ingresando a www.fonoinfancia.cl.</p>
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		<item>
		<title>[Opinión] Un 1º de Mayo en la era de la IA: ¿debemos aún celebrar?</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/opinion-un-1o-de-mayo-en-la-era-de-la-ia-debemos-aun-celebrar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 May 2026 16:53:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[1 DE MAYO]]></category>
		<category><![CDATA[ABOGADO]]></category>
		<category><![CDATA[COLUMNA DE OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
		<category><![CDATA[ERA DE LA IA]]></category>
		<category><![CDATA[GONZALO ÁLVAREZ]]></category>
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		<category><![CDATA[INTELIGENCIA ARTIFICIAL]]></category>
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		<category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
		<category><![CDATA[trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad Central]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Gonzalo Álvarez, Abogado, Director del programa LegalTech de la Universidad Central.  En febrero de 2026, Block despidió a casi [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h5 class="wp-block-heading">Por Gonzalo Álvarez, Abogado, Director del programa LegalTech de la Universidad Central.</h5>



<p> En febrero de 2026, Block despidió a casi la mitad de sus 10.000 empleados. Jack Dorsey no invocó una crisis financiera: dijo que la IA había vuelto innecesarios esos roles. Un mes después, los economistas Falk y Tsoukalas (UPenn y Boston University) publicaron «The AI Layoff Trap», demostrando que los despidos masivos por IA son un dilema del prisionero: cada empresa mejora su margen individual, pero colectivamente destruyen el poder adquisitivo que sostiene sus propios mercados. Racional a nivel micro; suicida a nivel macro. Este 1º de Mayo de 2026 no celebramos al trabajador industrial del siglo XX. Celebramos —o deberíamos defender— al trabajador cognitivo que enfrenta la primera oleada seria de automatización dirigida contra puestos de trabajo concretos.</p>



<p>Los datos muestran que exposición no es desplazamiento. Goldman Sachs estima 300 millones de empleos expuestos globalmente, pero solo el 6-7% enfrenta desplazamiento real. La OIT confirma: uno de cada cuatro trabajadores tiene alguna exposición a la IA generativa, pero solo el 3,3% cae en máxima vulnerabilidad. La IA no reemplaza empleos completos; reemplaza la «Capa de Proceso» —tareas repetitivas y mecánicas—, mientras la «Capa de Criterio» —estrategia, empatía, juicio— sigue siendo humana. El Anthropic Economic Index de marzo de 2026 revela que el uso «aumentado» de IA (humano + máquina) supera al automatizado en plataformas conversacionales. Sin embargo, en las APIs empresariales, la automatización pura se duplicó en tres meses. La presión hacia reemplazar personas corre más rápido en las capas invisibles de la infraestructura.</p>



<p>¿Qué habilidades exige el nuevo escenario? El World Economic Forum proyecta que el 39% de las habilidades clave del mercado laboral cambiarán para 2030. De los 8.000 millones de personas en el planeta laboral, 120 millones de trabajadores están en riesgo medio de redundancia si no se reconvierten. La transformación no es opcional. El WEF proyecta que el 39% de las habilidades clave cambiarán para 2030, con 120 millones de trabajadores en riesgo si no se reconvierten. Tres dominios emergen: primero, la alfabetización algorítmica — saber delegar a la IA con criterio estratégico, no solo saber programar. Segundo, el juicio crítico y verificación — los modelos alucinan, y el humano es responsable legal y ético de la última milla. Tercero, la inteligencia emocional — la IA fracasa en zonas grises, conflictos interpersonales y negociaciones complejas. Estas habilidades «blandas» son hoy la ventaja competitiva más dura frente a la máquina.</p>



<p>Las organizaciones deben actuar hoy. La IA debe tratarse como un exoesqueleto cognitivo que potencia al trabajador, no como un reemplazo autónomo. El human-in-the-loop es la única arquitectura que preserva productividad, calidad y empleo simultáneamente.</p>



<p>El desafío no es tecnológico. Es civilizatorio: cómo rediseñamos el trabajo para que humanos y máquinas produzcan más valor juntos, sin destruir el mercado de consumidores del que todos dependemos. Automatizar sin gobernar no es innovación: es negligencia. El trabajador del futuro no compite con la máquina. La debe dirigir.</p>
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		<item>
		<title>[Opinión] Universidad y pensamiento crítico: formar para el desacuerdo responsable</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/opinion-universidad-y-pensamiento-critico-formar-para-el-desacuerdo-responsable/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 May 2026 14:04:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Universidades]]></category>
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		<category><![CDATA[VINCULACIÓN CON EL MEDIO]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Humberto Salas Jara, Director Corporativo de Vinculación con el Medio de la Universidad Autónoma de Chile &#8211; Sede Temuco. [&#8230;]</p>
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<h5 class="wp-block-heading"><strong>Por Humberto Salas Jara, Director Corporativo de Vinculación con el Medio de la Universidad Autónoma de Chile &#8211; Sede Temuco.</strong></h5>



<p>Los recientes hechos de confrontación entre estudiantes universitarios y una autoridad pública, ampliamente rechazados, no solo interpelan conductas, sino que obligan a examinar el rol formativo de la educación superior. Más allá de estos episodios, emerge una tensión sobre cómo estamos formando a los futuros profesionales para interactuar en espacios públicos, deliberar y procesar críticamente la realidad. Esto exige fortalecer el pensamiento crítico como una competencia central de la formación universitaria, estrechamente vinculada a la tolerancia y el respeto como pilares de la convivencia democrática.</p>



<p>En un contexto de transformaciones tecnológicas y creciente complejidad social, la universidad enfrenta un desafío trascendental que implica formar ciudadanos capaces de deliberar con rigor y actuar con responsabilidad, integrando análisis, juicio y ética frente al conocimiento. Esto implica evaluar evidencia, reconocer sesgos y construir posiciones fundamentadas, pero también dialogar desde la diferencia, sostener desacuerdos con respeto y comprender la diversidad como un valor. Mas aun, en una era de sobreabundancia informativa, esta capacidad será clave en profesionales íntegros y ciudadanos responsables.</p>



<p>Sin embargo, estas competencias no se desarrollan de forma espontánea, requieren intencionalidad y una mediación docente que promueva la reflexión y el aprendizaje profundo, propiciando experiencias formativas significativas. En este proceso, la vinculación con el entorno cumple un rol estratégico. Dado que la interacción con problemáticas reales permite integrar saberes, contrastar perspectivas y decidir en contextos complejos. Así, el estudiante deja de ser receptor pasivo y se convierte en actor que construye conocimiento en diálogo con otros.</p>



<p>La generación de estos espacios es clave para el desarrollo del pensamiento crítico, pues permite al profesional en formación enfrentarse a diversos contextos, desarrollando habilidades cognitivas, empatía, responsabilidad, tolerancia y respeto por otros saberes o perspectivas.</p>



<p>El desafío de las universidades del mañana entonces se sustenta en articular formación, investigación y vinculación como un sistema de aprendizaje crítico. Esto implica empoderar y formar docentes como mediadores del pensamiento reflexivo. Supone, además, consolidar experiencias formativas que promuevan el diálogo, la tolerancia y el respeto como base de la vida democrática. En este horizonte, la Vinculación con el Medio deja de ser complementaria y se vuelve estructural, siendo un espacio donde el conocimiento se contrasta y resignifica en interacción con otros. Solo así proveeremos a la sociedad de profesionales capaces de comprender la complejidad y actuar con responsabilidad, respeto y sentido público.</p>
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		<title>El cuaderno como tecnología olvidada</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/el-cuaderno-como-tecnologia-olvidada/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 May 2026 18:24:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[COLUMNA DE OPINIÓN]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Dr. Jaime Fauré, académico de psicopedagogía de la Universidad Andrés Bello Hace algunos años, un profesor de historia les [&#8230;]</p>
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<h5 class="wp-block-heading">Por Dr. Jaime Fauré, académico de psicopedagogía de la Universidad Andrés Bello</h5>



<p>Hace algunos años, un profesor de historia les pidió a sus alumnos de segundo medio que abrieran el cuaderno para retomar los apuntes de la semana anterior. La mitad no lo había traído. Dos incluso no recordaban dónde lo habían dejado. Uno confesó, sin sentirse muy incómodo, que lo había perdido en octubre. Era mayo.</p>



<p>Este episodio podría leerse como una anécdota menor sobre el desorden que suele aquejar a los adolescentes, incluso hoy. Pero hay algo en ese cuaderno perdido que pienso y que vale la pena no dejar ir tan fácilmente. Ese objeto extraviado no era solo un cuaderno: era el registro visible de que un estudiante había estado presente en su propio proceso de aprendizaje. Y sin él, no quedaba evidencia de que eso hubiera ocurrido.</p>



<p>Durante muchos años, el cuaderno ha sido la tecnología central dentro del aula escolar. No tecnología en el sentido más contemporáneo del término —pantallas, plataformas, aplicaciones, inteligencia artificial—, sino en el sentido más amplio y más preciso: un artefacto que organiza una práctica y que, al hacerlo, también da forma al sujeto que la ejerce. El cuaderno no era solo el lugar donde se guardaban los contenidos. Era el espacio donde el estudiante dejaba una huella propia, con sus abreviaciones, sus dibujos al margen, sus errores sin borrar, sus borrones… era un registro de cómo había transitado por un determinado saber. Un espejo irregular, sí, pero revelador.</p>



<p>Lo que ha ocurrido en las últimas décadas no ha sido precisamente una sustitución planificada del cuaderno. Ha sido, en realidad, una erosión silenciosa. Las guías impresas, las presentaciones proyectadas, los formularios digitales con casillas que solo piden una X o un número… todo eso ido desplazando al cuaderno sin que nadie tomara una decisión explícita al respecto. Y en ese desplazamiento, se perdió algo que no siempre se nombra: el momento en que el estudiante tenía que elegir cómo poner en sus propias palabras lo que acababa de escuchar. Y esto el Tablet puede darlo, pero sólo cuando se tiene. Y no todos lo tienen.</p>



<p>Porque escribir a mano, como se hacía con los cuadernos, no es simplemente transcribir. La investigación en psicología educativa lleva años documentando que la escritura manual activa procesos de pensamiento que el teclado difícilmente replica. Quien escribe a mano no puede seguir el ritmo de quien habla; esa brecha forzada obliga a seleccionar, a jerarquizar, a reformular. En esa lentitud hay una trampa productiva. El estudiante que toma apuntes en un cuaderno no está registrando información, está procesándola. Está haciendo algo con lo que recibe, y ese hacer transforma la relación entre él y el contenido.</p>



<p>La dimensión identitaria de todo esto raramente se discute, pero es quizás la más importante. Un estudiante que pasa años rellenando guías preimpresas, respondiendo preguntas cerradas y copiando esquemas ya estructurados, pocas veces experimenta la sensación de haber producido algo propio en el espacio escolar. Y eso tiene consecuencias sobre cómo se ve a sí mismo como aprendiz: si su tarea es completar lo que otros diseñaron, ¿en qué momento llega a sentirse alguien que construye, que interpreta, que elabora? La ausencia de ese momento no es trivial. Es parte de lo que determina si un estudiante seguirá aprendiendo cuando ya no haya nadie que le dé instrucciones.</p>



<p>El cuaderno tenía, además, una dimensión temporal que pocas herramientas replican. Permitía volver. Ver los apuntes de hace un mes, notar la propia evolución, encontrar el error que entonces no se advirtió. Esa posibilidad de revisarse en el tiempo —de constatar que algo ha cambiado o que algo sigue sin entenderse— es constitutiva de cualquier proceso de aprendizaje que no sea puramente mecánico. Los registros digitales lo permiten técnicamente, pero la verdad es que casi nunca se usan con esa intención. ¿Por qué será?</p>



<p>Todo esto no es un argumento nostálgico por el cuaderno de pastas duras y hojas cuadriculadas. El cuaderno puede ser también un objeto ritual vacío, un receptáculo de dictados sin sentido. No se trata de rescatar un objeto, sino de recuperar una pregunta: ¿dónde está hoy, en la jornada escolar de un estudiante chileno, el momento en que ese estudiante escribe algo con sus propias palabras, por sus propios medios, sin que nadie le haya diseñado de antemano el recipiente? Si esa pregunta no tiene respuesta clara, quizás el problema nunca fue el cuaderno.</p>
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		<title>[Opinión] Menos micros&#8230; más incertidumbre</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/opinion-menos-micros-mas-incertidumbre/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 May 2026 22:11:28 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Benjamín Alarcón, estudiante de 3er. año medio del Liceo Jan Comenius de Temuco. Lo que escribo a continuación, tiene [&#8230;]</p>
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<h5 class="wp-block-heading">Por Benjamín Alarcón, estudiante de 3er. año medio del Liceo Jan Comenius de Temuco.</h5>



<p>Lo que escribo a continuación, tiene como finalidad dar a conocer públicamente mi opinión como ciudadano, y que entiendan, desde mi experiencia, como estudiante de Temuco, sobre la posible reducción del transporte público y su impacto en la vida diaria de estudiantes y trabajadores.</p>



<p>En los últimos días, el gremio del transporte público de Temuco y Padre Las Casas ha advertido que, debido al alza sostenida del precio del diésel, hasta 160 microbuses podrían dejar de circular y que se evalúa una reducción cercana al 20% de los recorridos.</p>



<p>Estas no son solo cifras. Para estudiantes y trabajadores esto representa una amenaza real a la rutina diaria. En mi caso, soy estudiante y cada mañana debo tomar el transporte público cerca de las 7:00 hrs. para llegar a mi liceo a las 8:00 hrs. Actualmente los buses ya van llenos y los tiempos son muy ajustados.</p>



<p>Si esta reducción se concreta, llegar a clases a tiempo será prácticamente imposible.</p>



<p>Lo mismo ocurre con muchos trabajadores que dependen del transporte público para cumplir sus jornadas laborales. Cuando se advierte que los buses podrían dejar de circular, la vida cotidiana de miles de personas queda en riesgo, sin alternativas reales.</p>



<p>Como estudiante, solicito, con mucho respeto y humildad a nuestras autoridades y gremios del transporte de pasajeros, que este tema no se trate solo como un problema económico entre instituciones, sino como una urgencia social que afecta directamente a quienes usamos el transporte público por necesidad y no por gusto.</p>
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		<title>[Opinión] El dolor: una realidad invisible que podemos prevenir</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Apr 2026 04:33:24 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Dr. Pablo Herrera, inmunólogo clínico de la Clínica Las Condes y Hospital Barros Luco. A menudo lo normalizamos, lo [&#8230;]</p>
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<h5 class="wp-block-heading">Por Dr. Pablo Herrera, inmunólogo clínico de la Clínica Las Condes y Hospital Barros Luco.</h5>



<p>A menudo lo normalizamos, lo minimizamos o lo relegamos a un segundo plano en la conversación sobre salud pública. Sin embargo, el dolor crónico es hoy una de las principales causas de consulta médica y discapacidad en el mundo. Una realidad supone una enorme carga personal y económica, afectando a más del 30 % de la población mundial.</p>



<p>En nuestro país, de acuerdo con el estudio “Radiografía del Dolor en Chile” -elaborado por la Pontificia Universidad Católica y la ACHS-, se estima que cerca de un 25% de la población -es decir, una de cada cuatro personas- vive con dolor crónico, lo que limita, de una u otra forma, su autonomía para trabajar, estudiar o realizar tareas cotidianas. En el caso de los adultos mayores, el índice crece de manera exponencial, sin embargo, esta población muchas veces asume el dolor como una consecuencia “natural” del envejecimiento, postergando la consulta y perpetuando un sufrimiento evitable.</p>



<p>Uno de los ejemplos más claros de este dolor invisible es el herpes zóster, una enfermedad causada por la reactivación del virus de la varicela, que afecta principalmente a personas mayores de 50 años y a quienes presentan sistemas inmunológicos debilitados. Más allá de las lesiones cutáneas, el herpes zóster puede provocar un dolor intenso y persistente, conocido como neuralgia postherpética, que en algunos casos se extiende por meses o incluso años, impactando de forma severa la calidad de vida, el sueño, la salud mental y la funcionalidad de quienes lo padecen.</p>



<p>Abordar el dolor de forma seria y responsable exige cambiar nuestra mirada. No se trata solo de aliviar síntomas cuando ya están instalados, sino de comprender el dolor como una condición compleja, con dimensiones biológicas, psicológicas y sociales. Esto implica fortalecer la formación médica, mejorar el diagnóstico oportuno y, sobre todo, avanzar en estrategias de prevención, especialmente en una región que envejece aceleradamente como América Latina. En este contexto, la ciencia y la innovación cumplen un rol fundamental.</p>



<p>La Semana de la activación contra el Herpes Zóster es una oportunidad para visibilizar una condición muchas veces subestimada y para recordar que prevenir el dolor también es una forma de cuidar la dignidad y el bienestar a lo largo de la vida. Hablar de dolor hoy no es solo un desafío clínico: es un llamado a anticiparnos, a educar y a construir sistemas de salud que acompañen mejor a las personas en todas las etapas de su vida.</p>
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		<title>[Opinión] El agua que nos falta</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/opinion-el-agua-que-nos-falta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Apr 2026 03:21:20 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Gustavo Díaz, Director Regional de IdeaPaís Araucanía. La historia de la civilización nos enseña que el progreso no es [&#8230;]</p>
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<h5 class="wp-block-heading">Por Gustavo Díaz, Director Regional de IdeaPaís Araucanía.</h5>



<p>La historia de la civilización nos enseña que el progreso no es un accidente, sino el resultado del dominio racional de la naturaleza. Desde los asentamientos de la antigüedad hasta la modernidad europea, las sociedades han prosperado sólo cuando han sido capaces de organizar el agua para dar estabilidad a la vida. El agua, en este sentido, no es meramente un insumo biológico, sino una condición de posibilidad para cualquier comunidad que pretenda trascender la precariedad.</p>



<p>Sin embargo, en La Araucanía asistimos a una realidad que desafía esta lógica. Nuestra región posee una geografía privilegiada, generosamente surcada por ríos y lagos, pero que —paradójicamente— padece un déficit hídrico que condiciona el futuro de miles de familias. Esta brecha revela una verdad incómoda: la abundancia natural, por sí sola, no garantiza el bienestar. Sin la mediación de la técnica, la riqueza hídrica es solo una potencia dormida; un recurso que está presente en el mapa, pero ausente en el grifo y en las siembras. Ello tiene, qué duda cabe, un impacto directo en el empleo y la superación de la pobreza.</p>



<p>Recientemente, la ministra de Medio Ambiente señalaba que enfrentar la escasez hídrica es un desafío que forma parte de las emergencias que enfrenta el país. Este diagnóstico, en el caso de La Araucanía, no puede ser más certero y necesario: la región hoy en día carece de una infraestructura que permita un aprovechamiento eficiente y equitativo del agua. La Araucanía tiene, en los hechos, una extensa zona de secano que obliga a los agricultores a privilegiar cultivos anuales —desaprovechando el uso de suelo— y a la población laboralmente activa a emigrar hacia otras zonas. Esa emigración debilita el tejido social comunitario, y el vacío que deja se vuelve terreno fértil para el crimen organizado y los grupos radicales.</p>



<p>Precisamente porque el agua es condición de posibilidad —y no mero recurso sectorial—, la respuesta debe estar a la altura de lo que está en juego. La Araucanía necesita una política hídrica regional que, con visión de largo plazo, aborde simultáneamente la infraestructura de acumulación y distribución, la tecnificación del riego en la zona de secano y el fortalecimiento institucional del abastecimiento rural. No se trata de obras aisladas, sino de una estrategia que reconozca lo que la evidencia ya confirma: que la inversión en infraestructura hídrica es, ante todo, inversión en cohesión social.</p>



<p>Porque si algo nos recuerda la lección de las civilizaciones que supieron prosperar, es que el agua no espera. Donde no llega el agua, no llega el empleo; donde no llega el empleo, no llega la esperanza. Y una región sin esperanza no es solo una región pobre: es una región vulnerable. Donde el agua llega, la vida se organiza. La Araucanía tiene todo para lograrlo.</p>
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		<title>[Opinión] UF en $40.000: Democratización financiera</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/opinion-uf-en-40-000-democratizacion-financiera/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Apr 2026 03:48:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Carlos Guayara, co-fundador de Trii. Ver el tablero marcar una UF superior a los $40.000 es mucho más que [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h5 class="wp-block-heading">Por Carlos Guayara, co-fundador de Trii.</h5>



<p>Ver el tablero marcar una UF superior a los $40.000 es mucho más que un dato estadístico; es un balde de agua fría para la realidad de millones de chilenos. Detrás del 1% de inflación registrado en marzo, se esconde una crisis silenciosa que golpea el bolsillo de familias reales que ven cómo el arriendo, el dividendo hipotecario y los planes de salud se vuelven cada vez más difíciles de costear. La asimetría es evidente y dolorosa: el sistema nos cobra en una moneda que no para de subir, pero nos paga en pesos que cada día compran menos.</p>



<p>Frente a esta erosión sistemática de nuestro poder adquisitivo, la inacción se convierte en el peor error estratégico que podemos cometer. En el escenario actual, el ahorro estático es, en la práctica, una pérdida de dinero garantizada. Para romper este ciclo vicioso, la clase media necesita una transformación urgente en su mentalidad financiera: debemos dejar de ser simples pagadores de deudas para convertirnos en constructores activos de patrimonio. El objetivo fundamental es que el rendimiento de nuestros ahorros supere, o al menos empate, el implacable avance de la inflación.</p>



<p>Afortunadamente, la democratización financiera ha derribado las antiguas barreras de entrada. A través de ecosistemas tecnológicos y plataformas reguladas como Trii, el ciudadano de a pie tiene hoy acceso a las mismas herramientas que antes estaban reservadas para los grandes fondos de inversión. La hoja de ruta es clara: diversificar para sobrevivir y prosperar. Esto implica buscar rentabilidad local mediante acciones chilenas con historial de dividendos, pero también cruzar fronteras para proteger el capital invirtiendo directamente en dólares en Wall Street.</p>



<p>No podemos detener el alza de la UF, pero sí podemos construir un escudo financiero robusto. Si la vida te va a cobrar en UF, asegúrate de que tus activos hablen el mismo idioma que tu futuro.</p>
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