Fuero de terror

Claudio Nuñez

“Los que piden igualdad, no la dan ni en sus peores momentos, los que siempre se han victimizado hoy son los más draconianos victimarios, solo basta observar lo ocurrido con el empresario y comunicador osornino Pedro Pool, quien por solo comentar lo que haría, está siendo investigado por el persecutor penal”.

Escribe: Jorge A. Aguirre Hrepic, Profesor de Estado, consultor en Inseguridad Criminalista-Criminólogo.

La dinámica de ambigüedades nacionales pasa como un celaje confundido con el viento oceánico y ventarrón continental, sin dar tiempo para observar que fue lo que pasó. Casi nadie advierte que fue lo que ocurrió o que nos llevó a un lugar donde a veces no hay retorno.

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Después tenemos la variable espacial donde pasan los acontecimientos que algunos -sobre todo ahora- llaman “territorios”.

Bajo este prisma la naturaleza es tan sabia, y es por eso que los animales marcan su territorio de influencia, como el mundano caso de perros y gatos cuando orinan sobre diversos soportes.

Los mismo ocurre con las personas, en todo ámbito, sea laboral, amoroso, comercial, religioso, cultural, donde permanentemente andan marcando sus espacios y buscando conquistar otros.

Para que vamos a narrar sobre los grupos terroristas, delictuales, políticos y anárquicos, donde la expansión de sus territorios es la tónica diaria.

El mejor ejemplo en la actualidad, es la virulenta lucha por conquistar territorios y personas, para las elecciones del 4 de septiembre, día del oneroso acto del plebiscito de salida, respecto del nuevo modelo constitucional. Otra marca de un potencial nuevo territorio.

En este sentido trabajan todas las fuerzas de presión, sin discriminar los aspectos del conflicto, en una guerra sin cuartel, muy asimétrica por la disparidad de medios y despliegues en acción, por todo el territorio nacional, donde autoridades del más alto nivel con megáfono en mano vociferan una opción, negando que es propaganda y señalado que es solo información, para el soberano ingenuo de siempre, que es el pueblo.

Ya no son cantos de sirenas, sino que un verdadero coro de hilarantes hienas que entonan desesperadamente sus embrujadores cantos para perderlos en planicies desoladas, donde eventualmente no existirá raíz de árbol frutal alguno, solo bosques de espinas que ya han pinchado el alma nacional.

Las explicaciones baratas y justificaciones bizantinas de las incivilidades pululan por las calles de Chile, como si fuera una pichanga dominical de barrio, donde el árbitro contralor, como organismo autónomo no ha sabido imponerse, pese a sus claros dictámenes al respecto. Las infracciones administrativas esta vez no tienen sentencia condenatoria.

Es aquí donde surge el “Fuero”, que no es otra cosa que un conjunto de privilegios o exenciones jurídicas de las que goza un territorio o una persona.

En este caso no es un fuero parlamentario por sus comentarios en el hemiciclo, donde están autorizados a expresar sus ideas diputados y senadores, sin temor a reproche alguno. Todo está permitido, en el nombre de la democracia.

Consecuente con lo anterior, en la especie, algunos se arrogan un fuero inexistente pero que la praxis les otorga, sea por temor, complacencia, progresismo o supuestas trancas históricas, alejadas de anhelado dialogo, todo sea por demostrar un discapacitado buenismo que a la larga se transforma en debilidad programada.

El más abusador de fuero informal, ha demostrado serlo Héctor Llaitul, conocido como el comandante Llaitul o el negro, líder indiscutido actualmente de la CAM (Coordinadora Arauco Malleco), quien en decenas de ocasiones ha hecho uso de su verborrea inductora, invitando a la sublevación, lucha de todo tipo, violencia setentera, quema de cuanto hay, amenazas a granel y como si fuera poco, reconociendo y justificando acciones armadas consumadas, que en cualquiera de los casos son hechos constitutivos de delito para cualquier persona.

En lo particular Llaitul, se ha transformado en un inmortal del club de la pelea, sabiendo que lo que diga o profese, posee autorización tacita para actuar, como si fuera un agente con licencia para matar al servicio de su majestad, la complacencia servil del mundo político. 

En la actualidad, no se trata de reivindicaciones ni sueños románticos, mucho menos de mejores condiciones de vida para un grupo étnico, solo son un camino en la vía de la apología revolucionaria, para conseguir otros intereses. Bien por él, ya que le ha dado resultado hasta hoy.

Los avales de su empresa de fuego, han sido transversalmente personas que no han cumplido con las tareas presentadas antes de cualquier elección política, lo que ha generado una tradicional impunidad, de antigua data en la aventura subversiva. 

Lejos de las preocupaciones económicas de las últimas semanas, la discusión se ha centrado en discutir si los dichos de Llaitul son para querella, denuncia o demanda, dependiendo del estadio jurídico.

Aquí es, donde las autoridades están a sus pies, especialmente por la falta de doctrina gubernamental, para analizar los hechos y tomar las medidas correspondientes, como si fueran amantes de la desdicha de cientos de víctimas de diferentes atentados y otros cientos que pronto lo serán.

Da lástima, escuchar a las ministras y ministros de estado, decir y luego desdecirse de lo que harán o no harán, para ordenar la casa.

El juego del día es querellarse o no querellarse, esa es la cuestión. Luego viene el corre el añillo, corre la llave y todos se quedan muy callados.

Otros culpan al ministerio público, diciendo que hay querellas antiguas que servirían para proseguir con las indagatorias, sin tener necesidad de presentar nuevos libelos.

Voceras de otros poderes del estado, dicen una cosa un día y mañana otra pero respecto del mismo tema, sin abordar el fondo, jugando a pasarse la pelota.

Los que piden igualdad, no la dan ni en sus peores momentos, los que siempre se han victimizado hoy son los más draconianos victimarios, solo basta observar lo ocurrido con el empresario y comunicador osornino Pedro Pool, quien por solo comentar lo que haría, está siendo investigado por el persecutor penal.

Entonces no es lo mismo confirmar lo que se ha hecho que especular sobre lo que se podría hacer. Lo consumado está por sobre lo no realizado, pero en la vía de la impunidad, desconociéndose la mera tentativa. No interesa si pasó de la idea al acto, en Chile depende quien es el que emite el comentario, que extraña forma de supuesta igualdad.

Aquí, cobra relevancia los diversos pasajes históricos del país, desde la época prehispánica, descubrimiento, conquista, colonia, reconquista, independencia, republica, revoluciones, golpes de estado, democracia y quizás que vendrá ahora, donde la incertidumbre se hace carne y espíritu.

Lo que si es claro, que el territorio ya fue cedido voluntariamente a la delincuencia, anarquía, violencia urbana y rural, desorden y caos, terrorismo y no precisamente de estado, donde todas las victimas ideales van al cadalso y los victimarios tienen el privilegio del “fuero del terror”.

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Editorial: Infraestructura Crítica, un acierto y un fracaso

Para un lector constituyente

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