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Crónica Policial

El caso de los hermanos Rojo: violencia extrema, sospechas familiares y una condena que estremeció a Chile

Publicado por: Tiempo 21 | sábado 28 de febrero de 2026 | Publicado a las: 13:00

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Un brutal ataque cometido en enero de 2008 contra dos hermanos en su propia casa, perpetrado —según la investigación judicial— por su propia madre, sacudió a la sociedad chilena y abrió un debate sobre los factores psicológicos, sociales y familiares detrás de una violencia extrema.

La mañana del 17 de enero de 2008 comenzó como cualquier otra para Esteban y Pablo Rojo, hermanos de 7 y 15 años respectivamente, en su hogar de la comuna de Puente Alto, en la Región Metropolitana. Pero esa jornada terminó en tragedia y dejó una marca imborrable en la pequeña comunidad y más allá: ambos fueron sorprendidos por una agresión brutal con un objeto contundente, que tras las diligencias se confirmó era un martillo.

Pablo Rojo.

Cuando la Brigada de Homicidios llegó a la vivienda esa mañana, el panorama era devastador: Esteban había fallecido a consecuencia de los golpes en la cabeza, mientras que su hermano mayor yacía inconsciente, con graves secuelas neurológicas producto del ataque. Lo que en un principio pudo haber parecido un asalto —por el nivel de violencia— pronto fue descartado por los investigadores ante las contradicciones en las declaraciones de quienes estaban en el domicilio.

Tras varios meses de investigación, la Fiscalía Metropolitana Sur ordenó la detención de la principal sospechosa: Jeannette Hernández Castro, madre de los menores. Oficialmente formalizada por los delitos de parricidio consumado (por la muerte de Esteban) y parricidio frustrado (por las lesiones a Pablo), Hernández fue arrestada y trasladada a dependencias policiales en enero de 2009, tras más de un año en que su conducta levantó serias sospechas entre los fiscales a cargo, especialmente por contradicciones en sus testimonios y su aparente falta de remordimiento inicial.

La fiscalía liderada por Pablo Sabaj y Patricio Vergara plasmó una hipótesis dolorosa: el ataque habría sido motivado por celos hacia su esposo, alimentado por un conflicto de pareja profundo. Según los fiscales, Hernández habría actuado impulsada por un cuadro emocional grave, descrito incluso en peritajes del Servicio Médico Legal como rasgos narcisistas, histriónicos y conflictivos, asociados en parte al llamado Síndrome de Medea, donde un progenitor agrede a sus propios hijos como forma de infligir dolor a la pareja.

Durante el juicio oral, el relato del padre —quien detalló cómo encontró a su hijo menor muerto y al mayor gravemente herido— se convirtió en una de las piezas más dramáticas del proceso, poniendo rostro humano a un crimen que parecía carecer de sentido. El hombre, profundamente impactado, relató con dolor la escena en que vio a su hijo sin vida y a su otro hijo luchando por sobrevivir.

Jeannette Hernández, madre y agresora de los hermanos Rojo.

El 8 de enero de 2010, el Tribunal Oral de Puente Alto dictó sentencia: Jeannette Hernández Castro fue declarada culpable de los cargos que se le imputaban, basándose en la evidencia pericial, las pruebas testimoniales y el análisis de las circunstancias que rodearon el ataque. El magistrado determinó que el martillo fue utilizado repetidamente contra los menores y que la imputada era plenamente responsable de lo ocurrido.

Originalmente condenada a cadena perpetua simple, la pena fue luego revisada por la Corte de Apelaciones de San Miguel, que modificó la sentencia a 32 años de cárcel —20 por el parricidio consumado y 12 por el parricidio frustrado— dándole a la justicia un marco temporal concreto para el cumplimiento de la pena.

El caso de los hermanos Rojo conmocionó no solo por la violencia extrema del ataque, sino también por cómo un núcleo familiar se transformó en el escenario de uno de los crímenes más terribles de la década. Durante años, el nombre de Esteban y Pablo Rojo y la figura de su madre autora del crimen se convirtieron en sinónimo de violencia interna, trastornos psicológicos y fallas en la detección de señales de alerta en contextos familiares complejos.

En los años posteriores al juicio, el hermano mayor, Pablo Rojo, logró recuperarse físicamente hasta cierto punto, superando secuelas graves que lo acompañaron desde la agresión, y años después reapareció en espacios públicos relatando parte de su historia y cómo ha reconstruido su vida tras los hechos.

Pablo Rojo, hoy.

Hoy, el llamado Caso de los hermanos Rojo es recordado como uno de los episodios más crudos de violencia intrafamiliar en Chile, y sigue siendo una referencia dolorosa en debates sobre salud mental, prevención de la violencia en hogares y el papel de las instituciones para proteger a los más vulnerables.

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