Publicado por: Tiempo 21 | miércoles 20 de mayo de 2026 | Publicado a las: 09:13
La salida de Trinidad Steinert terminó golpeando uno de los pilares más sensibles del gobierno de José Antonio Kast: la promesa de recuperar el control en materia de seguridad.
La exfiscal regional de Tarapacá había aterrizado en el gabinete como una de las apuestas más sólidas de la nueva administración. Su experiencia en persecución penal, crimen organizado y tráfico ilícito de migrantes le permitió instalarse rápidamente como uno de los nombres mejor evaluados del comité político durante las primeras semanas del gobierno.
Sin embargo, con el paso de los días, el escenario comenzó a cambiar dentro de La Moneda. Lo que inicialmente aparecía como una figura técnica con capacidad de conducción terminó transformándose en un foco permanente de controversias políticas y comunicacionales.
El Ministerio de Seguridad era una de las carteras más observadas del nuevo gobierno. No solo por tratarse de una institucionalidad recientemente creada, sino también porque la seguridad pública fue el eje central del discurso presidencial de Kast durante toda su campaña.
Por lo mismo, el nombre que lideraría la cartera era considerado estratégico dentro del oficialismo.
Aunque su llegada fue bien recibida transversalmente, el primer ruido político apareció incluso antes de asumir formalmente, luego que desde el entorno de gobierno se transparentaran conversaciones previas entre Steinert y el Presidente electo mientras ella aún ejercía funciones en el Ministerio Público.
La situación obligó posteriormente a aclaraciones internas y abrió los primeros cuestionamientos respecto a la instalación política del gabinete.
Uno de los episodios que más incomodó al Ejecutivo ocurrió durante marzo, cuando Steinert solicitó antecedentes reservados a la PDI relacionados con movimientos internos vinculados al caso “Clan Chen” en Tarapacá.
El tema escaló rápidamente luego de la salida de una alta funcionaria policial ligada al área de inteligencia de la institución, instalando dudas tanto en la oposición como en sectores oficialistas, donde comenzaron a circular críticas por una eventual utilización política o personal de atribuciones ministeriales.
El caso no solo tensionó la relación entre el Ministerio de Seguridad y la PDI, sino que además terminó llegando a la Contraloría, organismo que pidió antecedentes formales sobre lo ocurrido.
Dentro del Congreso, distintos parlamentarios reconocían durante los últimos días que el informe que preparaba el organismo fiscalizador podría transformarse en un nuevo problema para la continuidad de la ministra.
Con el correr de las semanas, las dificultades dejaron de concentrarse únicamente en el plano institucional y comenzaron a impactar directamente la relación del ministerio con el Parlamento. Ausencias a comisiones, cuestionamientos por falta de coordinación y críticas al manejo político comenzaron a repetirse tanto desde la oposición como desde el propio oficialismo.
Uno de los momentos más tensos ocurrió luego de una presentación de Steinert ante parlamentarios para explicar el plan de seguridad del Ejecutivo. Lejos de ordenar el debate, la exposición abrió nuevas críticas por la forma en que se abordó el tema y por la falta de claridad respecto a la estrategia del gobierno.
Posteriormente, declaraciones radiales de la ministra terminaron amplificando el conflicto político, dando paso a la ofensiva opositora para impulsar una interpelación en su contra.
En paralelo, dentro del oficialismo crecían las dudas sobre la capacidad del ministerio para sostener el principal relato político de la administración Kast.
La permanencia de Steinert comenzó a tensionarse especialmente durante las últimas semanas, justo cuando La Moneda buscaba concentrar sus esfuerzos en la tramitación de la megarreforma económica y en la preparación de la primera Cuenta Pública presidencial.
En ese escenario, la ministra pasó de ser una de las cartas más fuertes del gabinete a transformarse en un factor de desgaste político para el Ejecutivo.
Finalmente, el Presidente Kast optó por concretar el primer ajuste ministerial de su mandato y remover a Steinert del cargo, en medio de crecientes cuestionamientos internos y externos.
Su salida dejó además una señal incómoda para el gobierno: el área que había sido presentada como la principal prioridad de campaña terminó protagonizando una de las crisis políticas más complejas de los primeros meses de administración.