Publicado por: Tiempo 21 | sábado 25 de abril de 2026 | Publicado a las: 00:35
El alza del combustible volvió a tensionar al transporte menor en La Araucanía. Con costos de operación cada vez más altos, conductores y propietarios de taxis colectivos enfrentan un escenario complejo, marcado por menores ingresos, dificultades para sostener los recorridos y una creciente incertidumbre sobre la continuidad del servicio en algunos tramos y horarios.
Tras la decisión de subir a mil pesos el pasaje en algunas líneas, el presidente de la Federación de Taxis y Colectivos de La Araucanía, Francisco Navarrete, defendió la medida como una respuesta obligada frente a la contingencia y afirmó que el rubro ya comienza a resentir la salida de choferes por falta de rentabilidad.
“No nos quedó otra alternativa que subir los pasajes”. Con esa frase, el presidente de la Federación de Taxis y Colectivos de La Araucanía, Francisco Navarrete, resumió el escenario que hoy enfrenta el transporte menor en la región, en medio del alza del combustible, el estrechamiento de los márgenes para conductores y propietarios, y la presión creciente por mantener el servicio funcionando.
Navarrete explicó que el impacto en el bolsillo de quienes trabajan a diario en taxis y colectivos ya es evidente. “Digamos un 25% menos de los ingresos que se recibía normalmente”, afirmó, al intentar dimensionar cómo el incremento de los costos ha ido reduciendo la rentabilidad del rubro.
Para graficarlo, puso un ejemplo concreto: un conductor que antes podía reunir 40 mil pesos en una jornada, hoy estaría obteniendo cerca de 25 mil. Pero esa cifra, aclaró, no representa una ganancia limpia, porque desde ahí también debe salir la cuota destinada al dueño del vehículo. En otras palabras, el deterioro no solo afecta al chofer que conduce, sino también al propietario que depende de ese automóvil como una fuente de ingreso.
Según señaló, el aumento acumulado de los costos bordearía los 198 mil pesos mensuales, considerando cuatro semanas de trabajo de lunes a sábado. A su juicio, esa diferencia explica por qué el sistema comenzó a resentirse en distintos niveles y por qué las ayudas disponibles no han logrado contener del todo el problema.
Consultado por las medidas impulsadas por el Gobierno, el dirigente fue escueto y directo: “No alcanzan”. Aunque reconoció que hubo gestiones para obtener apoyo, sostuvo que los recursos solo cubren una parte del impacto y que, en la práctica, siguen siendo insuficientes frente al alza que arrastra el combustible.
Esa insuficiencia, dijo, terminó empujando una decisión incómoda, pero inevitable. “No nos quedó otra alternativa de subir los pasajes”, insistió, junto con pedir disculpas a los usuarios por un ajuste que, aseguró, responde a una contingencia nacional y no a una decisión antojadiza del gremio.
En varias líneas, el valor del pasaje ya llegó a los mil pesos. Pese a ello, Navarrete sostuvo que la reacción de los usuarios ha sido, en general, comprensiva. Relató que muchas personas están pagando esa tarifa sin cuestionarla e incluso, en ocasiones, prefieren no recibir los 100 pesos de vuelto. Para él, ese gesto demuestra que buena parte de los pasajeros entiende la complejidad del momento que atraviesa el transporte menor.
Pero el problema no termina en la tarifa. Uno de los puntos que más inquieta al dirigente es la salida paulatina de conductores del sistema. “Ya están abandonando algunos conductores”, advirtió. En su propia línea, dijo, ya hay tres choferes que decidieron bajarse y devolver los autos a sus propietarios, porque simplemente el trabajo dejó de ser rentable.
El efecto de esa decisión no es menor. Cuando un chofer deja el vehículo detenido, también se golpea a quienes dependen de él como una inversión o ingreso complementario. Navarrete explicó que muchos propietarios son mujeres que no conducen y que mantienen esos colectivos como una ayuda económica adicional. Con los autos parados, esa entrada también desaparece.
Por eso, el riesgo de una menor frecuencia de vehículos en algunos recorridos o en ciertos horarios no parece lejano. La preocupación dentro del gremio es que, si la rentabilidad sigue cayendo, más conductores opten por dejar turnos, reducir horarios o abandonar definitivamente el rubro, debilitando un servicio que en muchas comunas y sectores sigue siendo clave para la conectividad cotidiana.
Al ser consultado por la diferencia entre Santiago y regiones, Navarrete sostuvo que la situación se repite “a nivel nacional”, aunque deslizó una crítica de fondo: a su juicio, históricamente el sector que más respaldo recibe es la locomoción mayor, mientras el transporte menor suele quedar más rezagado en las soluciones.
En esa misma línea, también abordó el bono de 100 mil pesos destinado al rubro. Explicó que, en el caso de los dueños de vehículos, los pagos ya estarían depositados, pero que los conductores han enfrentado dificultades para completar el trámite debido a problemas con correos de confirmación y con la plataforma. De todos modos, aseguró que quienes no lograron postular a tiempo podrían hacerlo igualmente durante este mes, sin perder el beneficio.
Navarrete agregó que el gremio se mantiene atento a eventuales cambios vinculados al Decreto 44, los que —según dijo— podrían traducirse en mejores condiciones para los propietarios que renueven sus vehículos y abrir posibilidades de postulación para infraestructura y mejoras en terminales, incluso con la mirada puesta en futuros cargadores eléctricos.
Por ahora, sin embargo, el presente sigue siendo de contención. El dirigente señaló que el pasaje a mil pesos se mantendría, en principio, “hasta por 6 meses”, aunque recalcó que la medida es transitoria y que podría revisarse si cambia el escenario que hoy afecta al petróleo. “Inclusive podemos bajar también los pasajes”, afirmó, dejando abierta la posibilidad de revertir el ajuste si los costos retroceden.
Mientras eso no ocurra, el transporte menor en La Araucanía seguirá operando bajo presión. Y, en palabras del propio Navarrete, con una certeza que hoy marca el ánimo del gremio: la subida del pasaje no fue una elección, sino una salida forzada ante un equilibrio que hace rato comenzó a romperse.