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[Opinión] La inflación silenciosa de las credenciales

Publicado por: Tiempo 21 | viernes 6 de marzo de 2026 | Publicado a las: 20:27

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Por: Isaías Sharon Jirikils, experto en recursos humanos, psicología organizacional y emprendimiento, fundador de Perzon AI.

En los últimos años ha aparecido una nueva promesa en el mundo de la educación y el trabajo: las microcredenciales. Cursos cortos, certificados digitales, badges o diplomas que buscan demostrar habilidades específicas. Universidades, plataformas online y empresas tecnológicas ofrecen cada vez más de estas certificaciones como una forma rápida de actualizar conocimientos y mejorar la empleabilidad.

En principio, la idea es positiva. En un mercado laboral que cambia constantemente, aprender durante toda la vida ya no es una opción, sino una necesidad. Las microcredenciales nacen precisamente para responder a esa realidad.

El problema es que su crecimiento está empezando a generar un fenómeno preocupante: la inflación de las credenciales.

Hoy es posible encontrar cientos de certificados distintos para habilidades muy similares. Algunas instituciones evalúan realmente las competencias de una persona. Otras simplemente certifican que alguien terminó un curso. Para un estudiante o profesional puede parecer lo mismo, pero para las empresas no lo es.

El resultado es que cada vez resulta más difícil saber qué significa realmente un certificado.

Un gerente que revisa currículums puede encontrarse con decenas de diplomas digitales. Sin embargo, muchas veces no tiene forma de saber si esas credenciales reflejan habilidades reales o solo participación en un programa formativo. Cuando esto ocurre, el valor de las certificaciones comienza a diluirse.

Este problema no ocurre solo en Chile. En Europa también se ha abierto un debate sobre cómo evitar que la rápida expansión de las microcredenciales termine debilitando su credibilidad.

La respuesta que se está impulsando en varios países apunta a algo muy simple: crear estándares comunes.

Europa ha desarrollado marcos como ESCO, el Marco Europeo de Cualificaciones o Europass, que permiten traducir habilidades a un lenguaje compartido entre universidades, centros de formación y empleadores. De esta forma, una certificación no es solo un diploma, sino una señal clara de qué habilidades se han evaluado y con qué nivel de exigencia.

Para Chile, este debate es especialmente relevante.

El país enfrenta desafíos importantes en empleabilidad, reconversión laboral y formación continua. Cada vez más trabajadores necesitan actualizar sus habilidades para adaptarse a los cambios tecnológicos y productivos. En ese contexto, las microcredenciales pueden ser una herramienta valiosa.

Pero para que realmente cumplan ese rol, es fundamental que exista confianza en lo que certifican.

Si cada institución crea sus propios certificados sin referencias comunes, el riesgo es terminar con un mercado saturado de diplomas que nadie sabe cómo interpretar.

Las habilidades son hoy el verdadero capital de las personas. Pero ese capital solo tiene valor si el mundo puede entenderlo y confiar en él.

El desafío no es emitir más certificados. El desafío es asegurarse de que, cuando una persona muestra una credencial, realmente signifique algo.

Porque en el futuro del trabajo no solo importará cuánto aprendemos, sino también qué tan claro es para los demás aquello que sabemos hacer.

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