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De los escombros de la guerra a un ícono global: el origen inesperado de Fanta

Publicado por: Tiempo 21 | miércoles 28 de enero de 2026 | Publicado a las: 14:31

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La historia del popular refresco no comienza con naranjas ni campañas publicitarias, sino en un país aislado por la Segunda Guerra Mundial, donde la escasez obligó a improvisar. Así, entre bloqueos, restos de fruta y decisiones incómodas, surgió Fanta.

La escena es Alemania, año 1940. Europa arde en guerra y el Tercer Reich avanza mientras los bloqueos comerciales impuestos por los Aliados asfixian la economía alemana. En ese contexto, incluso las grandes marcas internacionales deben adaptarse para sobrevivir. Coca-Cola no es la excepción. Sin acceso al jarabe secreto que llegaba desde Estados Unidos, la producción del famoso refresco se vuelve imposible dentro del país.

Al frente de la filial alemana se encuentra Max Keith, un ejecutivo pragmático que entiende que cerrar las plantas significaría despidos masivos y el fin de la operación local. Keith no puede importar ingredientes ni romper las normas del régimen, pero sí puede intentar una alternativa: crear un producto nuevo con lo poco que hay disponible en el mercado interno.

Max Keith, creador de la receta de la fórmula de Fanta.

Los recursos son mínimos y poco atractivos. Restos de pulpa de manzana procedentes de la industria sidrera, suero de leche sobrante de la producción de queso y azúcar de remolacha, uno de los pocos endulzantes accesibles en tiempos de racionamiento. No hay naranjas, ni sabores tropicales, ni fórmulas refinadas. Solo sobras.

En una reunión decisiva, Keith lanza un desafío a su equipo: usar la Fantasie, la imaginación. De esa palabra surgiría el nombre de la bebida. “Fanta” no fue una estrategia de marketing, sino una consecuencia directa de la urgencia y la creatividad forzada por la guerra.

Primera presentación de la bebida Fanta en la Alemania Nazi.

El primer Fanta poco tenía que ver con el refresco actual. Su color era pálido, su sabor irregular y su uso iba más allá de beberlo frío: muchas familias lo empleaban para endulzar guisos y postres ante la falta de azúcar. Aun así, el producto funcionó. En 1943 se vendieron millones de cajas, convirtiéndose en un inesperado éxito en un país devastado por el conflicto.

Publicidad de Fanta, de la Alemania Nazi.

Mientras tanto, la relación entre la filial alemana y la casa matriz estadounidense quedaba congelada. Aunque Coca-Cola mantenía su imagen global, Fanta se desarrollaba en un terreno incómodo, vinculado inevitablemente al contexto del régimen nazi, aunque sin ser un producto creado con fines ideológicos.

Con el fin de la guerra, la historia original de Fanta se detiene. La marca vuelve al control de Coca-Cola Company y la receta alemana desaparece. Durante casi una década, Fanta queda en pausa, como un recuerdo incómodo de tiempos difíciles.

Recién en los años 50, en Italia, la bebida renace con una nueva identidad. Esta vez sí hay naranjas, abundantes y mediterráneas. El sabor se redefine, el color se intensifica y Fanta se relanza al mundo como un refresco alegre, juvenil y frutal, borrando casi por completo su oscuro y precario origen.

La Fanta tal y como la conocemos hoy.

Hoy, Fanta se vende en más de 190 países, con decenas de sabores adaptados a cada cultura. Pocos consumidores conocen que su nacimiento no fue una celebración, sino una solución desesperada. Una bebida creada no por elección, sino por necesidad, que logró sobrevivir a la guerra, reinventarse y convertirse en un ícono global.

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