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Emprender en la tercera edad

Claudio Nuñez

“Se hace latente la necesidad de impulsar el emprendimiento de individuos de la tercera edad, cuyo grupo etario posee atributos esenciales para emprender, tales como poseer una sólida experiencia en lo laboral, conocimientos y habilidades administrativas y técnicas, amplias redes de contacto forjadas en el tiempo y medios financieros adquiridos durante su trayectoria”.

Escribe: Charles Araya, director de Carrera Ingeniería Civil Industrial Universidad de Las Américas Sede Concepción.

El último boletín trimestral del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), informa que la ocupación informal en Chile creció un 30,8%, equivalente a 491.207 personas. El tramo de personas de 65 años y más corresponde al 48.6%, fenómeno que refleja que individuos maduros no encuentran oportunidades en el empleo formal, por lo que deben migrar al segmento de trabajadores por cuenta propia.

Lo anterior toma relevancia si consideramos que las proyecciones para el año 2050 indican que el 25% de nuestra población superará los 60 años, implicando que en el futuro exista una fuerte tensión sobre el mercado del trabajo de este segmento en particular, la cual demandará oportunidades laborales para proseguir con su actividad productiva y seguir aportando al desarrollo de la región.

Se hace latente, entonces, para contrarrestar esta realidad presente y futura, impulsar el emprendimiento de individuos maduros o de la tercera edad, cuyo grupo etario posee atributos esenciales para emprender, tales como poseer una sólida experiencia en lo laboral, conocimientos y habilidades administrativas y técnicas, amplias redes de contacto forjadas en el tiempo, medios financieros adquiridos durante su trayectoria, y un alto compromiso e involucramiento en las tareas que le permitan llevar adelante sus ideas. Asimismo, pueden enfrentar de mejor forma los problemas propios de un emprendimiento, generando asimetrías con el emprendedor joven que no cuenta con estas competencias de entrada.

Estudios sobre la sobrevivencia de los negocios creados por individuos maduros concluyeron que, después de 5 años, el 70% de estos emprendimientos prevalecían en comparación aquellos fundados por jóvenes que solo llegaban al 28%. La argumentación anterior instala la urgente necesidad de impulsar este tipo de proyectos tardíos, como una alternativa viable para mejorar los ingresos de las personas mayores, incrementar su calidad de vida, así como también permitir un envejecimiento activo que facilite su inclusión social y laboral impactando positivamente en la economía.

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