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	<title>Noticias de Editorial| Tiempo21</title>
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	<description>Noticias Actualizadas De Temuco, La Araucanía y Chile. Expertos En Avisos Legales.</description>
	<lastBuildDate>Tue, 16 Jun 2026 14:28:52 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Noticias de Editorial| Tiempo21</title>
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		<title>[Editorial] CAE y embargos: cobrar no puede significar asfixiar</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/editorial-cae-y-embargos-cobrar-no-puede-significar-asfixiar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Claudio Nuñez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Jun 2026 14:19:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El problema no está solo en la existencia del cobro, sino en la forma en que este se ejecuta. Cuando [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>El problema no está solo en la existencia del cobro, sino en la forma en que este se ejecuta. Cuando el procedimiento se traduce en cuentas bancarias vaciadas, sueldos comprometidos o personas que se enteran de un día para otro de que no cuentan con dinero disponible, el debate deja de ser meramente administrativo y pasa a ser profundamente social.</strong></p>



<p>El debate por los embargos aplicados a deudores del Crédito con Aval del Estado volvió a instalar una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede llegar el Estado cuando busca recuperar recursos fiscales? La respuesta no puede ser simplista. El CAE es una deuda y, como tal, debe ser abordada con responsabilidad. Pero una cosa es cobrar y otra muy distinta es aplicar mecanismos que terminen dejando a personas y familias sin recursos básicos para vivir.</p>



<p>La Tesorería General de la República ha defendido que el proceso de cobro es gradual, que contempla alternativas de regularización y que los embargos se aplican en casos donde no ha existido respuesta o cumplimiento. Desde el punto de vista institucional, el Estado tiene atribuciones para perseguir el pago de obligaciones pendientes. Nadie podría sostener seriamente que una deuda simplemente desaparece porque resulta incómoda o políticamente impopular.</p>



<p>Sin embargo, el problema no está solo en la existencia del cobro, sino en la forma en que este se ejecuta. Cuando el procedimiento se traduce en cuentas bancarias vaciadas, sueldos comprometidos o personas que se enteran de un día para otro de que no cuentan con dinero disponible, el debate deja de ser meramente administrativo y pasa a ser profundamente social.</p>



<p>El CAE no nació como una deuda de consumo cualquiera. Surgió como una herramienta de financiamiento para acceder a la educación superior en un país que durante años empujó a miles de jóvenes y familias a endeudarse para estudiar. Muchos de esos deudores no son evasores sofisticados ni grandes patrimonios ocultando recursos. Son profesionales, trabajadores, jefas de hogar, familias de clase media y personas que arrastran una obligación que, en muchos casos, ha acompañado buena parte de su vida adulta.</p>



<p>Por eso resulta razonable que el Estado cobre. Pero también resulta indispensable que cobre con proporcionalidad, transparencia y humanidad. Ningún sistema serio de recaudación debiera operar de manera tal que deje a una persona sin capacidad de pagar arriendo, alimentación, transporte, medicamentos o compromisos básicos. Una política pública que recupera recursos, pero genera angustia financiera inmediata, termina debilitando la confianza ciudadana en las instituciones.</p>



<p>El diputado José Montalva lo resumió con una frase directa: “Ninguna deuda se cobra de esa manera”. La expresión apunta precisamente al fondo del problema. No se trata de promover el no pago ni de desconocer las obligaciones asumidas. Se trata de exigir que el Estado distinga entre cobrar y asfixiar; entre aplicar la ley y producir un daño desproporcionado; entre recuperar fondos públicos y castigar a quienes ya cargan con años de endeudamiento.</p>



<p>El caso también desnuda una contradicción mayor del sistema chileno: durante décadas se permitió que el acceso a la educación superior descansara en el endeudamiento individual, pero cuando ese modelo muestra sus costos humanos, la respuesta vuelve a recaer sobre el deudor. El debate sobre el CAE no puede reducirse a si las personas pagan o no pagan. También debe mirar cómo llegamos hasta aquí, qué responsabilidad tuvo el Estado, qué rol jugaron las instituciones financieras y qué tipo de solución de largo plazo se ofrecerá a quienes aún están atrapados en este sistema.</p>



<p>La discusión legislativa que se abre ahora debiera apuntar a un criterio básico: las deudas deben pagarse, pero los sueldos y recursos esenciales de las personas deben tener protección efectiva. Si el objetivo es recuperar dineros fiscales, entonces se requieren mecanismos de repactación realistas, cobros proporcionales al ingreso, información clara y procedimientos que no transformen la vida cotidiana de los deudores en una emergencia económica.</p>



<p>El Estado no puede comportarse como un acreedor cualquiera. Tiene una responsabilidad superior. Debe cobrar, sí, pero también debe cuidar el principio de justicia, especialmente cuando se trata de una deuda vinculada al derecho a estudiar.</p>



<p>El CAE ya fue, por años, símbolo de una promesa incumplida: estudiar para mejorar la vida, pero terminar hipotecando buena parte del futuro. Convertir ahora esa deuda en embargos que golpean directamente las cuentas de las personas solo profundiza esa herida.</p>



<p>Chile necesita ordenar el sistema de financiamiento de la educación superior, recuperar recursos públicos y establecer reglas claras. Pero también necesita algo igual de importante: que la institucionalidad no pierda de vista que detrás de cada deuda hay una persona, una familia y una historia.</p>



<p>Cobrar es legítimo. Asfixiar no.</p>
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		<title>Cambio de gabinete: cuando el ajuste revela improvisación</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/cambio-de-gabinete-cuando-el-ajuste-revela-improvisacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Claudio Nuñez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 May 2026 14:15:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La salida de dos ministras a poco andar del Gobierno y la designación de biministros no hablan solo de una [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>La salida de dos ministras a poco andar del Gobierno y la designación de biministros no hablan solo de una corrección política, sino de una administración que debió reconocer tempranamente fallas en su diseño original.</strong></p>



<p>El primer cambio de gabinete del Presidente José Antonio Kast no puede ser leído simplemente como un ajuste administrativo ni como una modificación menor dentro del equipo de gobierno. Por el contrario, se trata de una señal política mayor: a solo dos meses de haber llegado a La Moneda, el Ejecutivo debió mover piezas clave, sacar ministras cuestionadas y recargar funciones en autoridades que ahora deberán ejercer como biministros.</p>



<p>Ese solo hecho basta para cuestionar el relato oficial. Un ajuste ordenado supone reemplazos definidos, conducción clara y una señal de fortalecimiento institucional. Pero cuando la salida de ministras deriva en la concentración de dos carteras en una misma autoridad, lo que aparece no es fortaleza, sino falta de cuadros, premura y una evidente dificultad para completar un equipo ministerial robusto.</p>



<p>La salida de Trinidad Steinert desde Seguridad Pública es particularmente significativa. Seguridad fue uno de los ejes centrales del discurso político que llevó a Kast al poder. Por lo mismo, que esa cartera sea una de las primeras en sufrir un cambio no es un detalle: es una admisión tácita de que el diseño inicial no respondió a la magnitud del desafío. La seguridad pública requiere liderazgo político, experiencia, coordinación interinstitucional y capacidad de enfrentar crisis permanentes. No admite improvisaciones ni aprendizajes acelerados.</p>



<p>Lo mismo ocurre con la salida de Mara Sedini desde la vocería de Gobierno. La Secretaría General de Gobierno no es una oficina secundaria. Es el espacio desde donde se explica, defiende y ordena el relato gubernamental. Cuando la vocería se debilita, el Gobierno pierde capacidad para instalar agenda, responder a las críticas y sostener coherencia pública. En una administración que recién comienza, ese problema se vuelve aún más delicado.</p>



<p>Pero quizás el punto más preocupante está en la fórmula elegida para resolver la crisis: nombrar biministros. Que Claudio Alvarado asuma Interior y también la vocería, y que Louis de Grange quede a cargo de Transportes y Obras Públicas, difícilmente puede presentarse como una solución óptima. Son carteras altamente demandantes, con agendas propias, urgencias permanentes y responsabilidades que requieren dedicación completa.</p>



<p>Un biministro puede ser una salida transitoria en momentos excepcionales, pero no debería transformarse en símbolo de eficiencia. Gobernar no es acumular cargos en pocas manos. Gobernar es distribuir responsabilidades con claridad, fortalecer equipos y asegurar que cada área tenga una conducción especializada. Cuando un ministro debe responder por dos carteras, el riesgo no es solo la sobrecarga personal, sino también la pérdida de foco institucional.</p>



<p>El Gobierno puede intentar presentar este cambio como una señal de reacción. Y, en parte, lo es. Todo gobierno tiene derecho a corregir. Pero corregir tan temprano también obliga a reconocer que hubo errores de instalación. Si a dos meses ya se deben hacer cambios en áreas sensibles, la pregunta de fondo es inevitable: ¿fallaron las personas, falló el diseño político o falló la evaluación inicial del equipo?</p>



<p>La ciudadanía no espera gabinetes perfectos, pero sí espera seriedad. Y la seriedad no se mide por la rapidez con que se cambia una autoridad, sino por la capacidad de construir equipos consistentes desde el comienzo. Más aún en materias como seguridad, infraestructura, transporte y comunicaciones, donde las decisiones impactan directamente en la vida diaria de las personas y en la confianza hacia las instituciones.</p>



<p>Este cambio de gabinete, entonces, deja una advertencia. No basta con mover nombres ni redistribuir ministerios para resolver problemas de conducción. Si la fórmula es concentrar poder y responsabilidades en menos autoridades, el Gobierno corre el riesgo de transformar una crisis puntual en un síntoma permanente de desorden.</p>



<p>La Moneda necesitaba dar una señal de control. Sin embargo, al optar por una arquitectura ministerial sobrecargada, terminó transmitiendo otra cosa: que el ajuste no fue solo una corrección política, sino también una evidencia de improvisación. Y en política, especialmente al inicio de un gobierno, las primeras señales importan. Mucho.</p>
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		<title>[Editorial] Metáforas para la campaña, tijeras para La Araucanía</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/editorial-metaforas-para-la-campana-tijeras-para-la-araucania/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 May 2026 00:23:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Araucanía]]></category>
		<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Salud]]></category>
		<category><![CDATA[BENEFICIOS SOCIALES]]></category>
		<category><![CDATA[DESFINANCIAMIENTO DE SALUD]]></category>
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		<category><![CDATA[JOSÉ ANTONIO KAST]]></category>
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		<category><![CDATA[RECORTES DE PRESUPUESTOS]]></category>
		<category><![CDATA[RECORTES FISCALES]]></category>
		<category><![CDATA[TEMAS PROFUNDOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Detrás de la discusión sobre si una promesa era metáfora o hipérbole, hay una decisión política concreta: recortar recursos en [&#8230;]</p>
<p>The post <a href="https://www.tiempo21.cl/editorial-metaforas-para-la-campana-tijeras-para-la-araucania/">[Editorial] Metáforas para la campaña, tijeras para La Araucanía</a> appeared first on <a href="https://www.tiempo21.cl">Tiempo21 - El Diario Que Genera Opinión...En Avisos Legales La Mejor Alternativa</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h5 class="wp-block-heading"><em><strong>Detrás de la discusión sobre si una promesa era metáfora o hipérbole, hay una decisión política concreta: recortar recursos en el territorio más vulnerable del país. Esa decisión tiene nombre, tiene números y tiene consecuencias.</strong></em></h5>



<p>La Araucanía es la región con mayores índices de pobreza en Chile y, por lo mismo, no enfrenta las mismas condiciones que otras zonas del país. En ese contexto, resulta contradictorio aplicar un recorte presupuestario precisamente cuando más se requiere inversión pública y apoyo al desarrollo regional. El Gobierno parece confundir la austeridad fiscal con la verdadera justicia territorial.</p>



<p>Hay frases que, por reveladoras, deberían inscribirse en algún registro público de contradicciones oficiales. Una de ellas es que la pronunció esta semana el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, al defender los recortes presupuestarios para 2026, «A veces, con menos se hace más». Otra, frase anterior pero no menos sintomática, fue aquella del Presidente Kast cuando intentó relativizar una promesa de campaña transformándola primero en «metáfora» y luego en «hipérbole».</p>



<p>Ambas frases pertenecen a la misma familia intelectual, la que cree que los problemas reales se resuelven con ajustes retóricos. Y ambas adquieren su verdadero significado cuando se las confronta con un territorio concreto, La Araucanía.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El presupuesto como revelación</h3>



<p>Los números del proyecto de ley de presupuesto 2026 son fríos, pero hablan, y lo que dicen en La Araucanía es alarmante. La región que lidera la pobreza por ingresos del país —con un 28,6% de su población bajo esa línea, según la última Encuesta Casen 2024— podrían verse reducidas sus partidas principalmente en salud, con recortes en hospitales clave, pero también en educación, vivienda y cultura, esto podría reducir prestaciones, infraestructura y apoyo a los programas sociales, aumentando las brechas sociales de la región.</p>



<p>No se trata de un ajuste menor, es un recorte en áreas donde el Estado ya llegaba con cuentagotas. En comunas como Lumaco, Galvarino o Cholchol, un camión aljibe no es una excepción, es la regla. Una lista de espera de seis meses para una hora médica no es un dato administrativo, es la vida de una persona. Un joven que debe migrar a otra ciudad, no es una estadística migratoria, es una oportunidad que la región no pudo retener.</p>



<p>Frente a esto, el gobierno responde con la doctrina Quiroz, «con menos se hace más». Pero esa frase, que podría funcionar como eslogan de una consultora privada, se estrella contra la realidad cuando se tiene un hospital sin camas o una escuela sin calefacción. Con menos presupuesto no se hace más… con menos presupuesto se hacen menos horas de atención, menos kilómetros de camino, menos litros de agua en un estanque comunitario. Con menos se profundiza la brecha que separa a La Araucanía del resto del país.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La distancia entre la palabra y el territorio</h3>



<p>El Presidente Kast construyó su campaña sobre promesas firmes, Orden, Seguridad, Desarrollo. En La Araucanía, esas palabras tenían un eco particular, una región golpeada por el conflicto mapuche, por el abandono histórico y por una pobreza estructural que ningún gobierno ha logrado remover. Pero una vez en La Moneda, las promesas comenzaron a cambiar de nombre. Primero fueron «metáforas», luego, «hipérboles». Ahora, con el presupuesto, se han convertido en «priorizaciones».</p>



<p>El problema no es semántico, es político, porque mientras el gobierno redefine sus compromisos, la gente de La Araucanía sigue esperando. Espera que llegue el camión aljibe, que se acorten las listas de espera, que un camino rural sea pavimentado, espera que un joven pueda estudiar sin tener que cruzar la región entera.<br>La paciencia, sin embargo, tiene un límite, y La Araucanía lleva décadas acumulando demoras.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El costo de la eficiencia mal entendida</h3>



<p>El ministro Quiroz no es un improvisado, sabe de números, sabe de restricciones fiscales. Pero lo que parece no terminar de comprender es que la eficiencia no se mide solo por el equilibrio contable, sino por los resultados en el territorio. Un presupuesto puede ser virtuoso en el papel y devastador en la práctica si no considera las desigualdades de partida.</p>



<p>La Araucanía no parte en igualdad de condiciones con la Región Metropolitana. No tiene la misma base empresarial, ni la misma infraestructura, tampoco tiene los mismos ingresos per cápita. Por eso, un recorte lineal o mal justificado no es neutral, es regresivo, castiga más a quien ya tiene menos. Eso no es austeridad, es injusticia estructural con vestimenta técnica.</p>



<p>Lo que La Araucanía necesita no es un ajuste retórico ni una lección de administración, necesita un presupuesto que reconozca su condición de rezago histórico. Necesita inversión sostenida en salud, educación, conectividad, agua y seguridad rural. Además nesita que el gobierno deje de hablar de «metáforas» y empiece a hablar de recursos.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Conclusión: más país, menos figuras literarias</h3>



<p>La Araucanía ya no aguanta más, no soporta más promesas que resultan ser hipérboles, como tampoco aguanta más recortes disfrazados de eficiencia, ni más funcionarios que creen que la pobreza es un caso pedagógico para demostrar que «con menos se puede hacer más».</p>



<p>El gobierno de Kast tiene aún tiempo para corregir el rumbo. Puede revisar las prioridades del presupuesto, destinando recursos extraordinarios a la región más postergada. Demostrando así que sus palabras de campaña no eran solo metáforas. Pero para eso necesita algo más que retórica, necesita voluntad política y sensibilidad territorial.</p>



<h5 class="wp-block-heading"><em><strong>Al final, las metáforas podrán servir para suavizar una promesa de campaña incumplida, pero no alcanzan para calmar la frustración de una región que lleva demasiado tiempo esperando soluciones concretas.</strong></em></h5>
<p>The post <a href="https://www.tiempo21.cl/editorial-metaforas-para-la-campana-tijeras-para-la-araucania/">[Editorial] Metáforas para la campaña, tijeras para La Araucanía</a> appeared first on <a href="https://www.tiempo21.cl">Tiempo21 - El Diario Que Genera Opinión...En Avisos Legales La Mejor Alternativa</a>.</p>
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		<item>
		<title>El Mercado de Temuco y una deuda que por fin comienza a saldarse</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/el-mercado-de-temuco-y-una-deuda-que-por-fin-comienza-a-saldarse/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Claudio Nuñez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 May 2026 23:36:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La adjudicación de las obras de reconstrucción del Mercado Municipal de Temuco no puede ser leída como un simple trámite [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>La adjudicación de las obras de reconstrucción del Mercado Municipal de Temuco no puede ser leída como un simple trámite administrativo. Tampoco como una noticia más dentro de la agenda comunal. Lo ocurrido en la sesión del Concejo Municipal de este martes 5 de mayo representa, en rigor, el inicio formal de una nueva etapa para uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad y, al mismo tiempo, para una herida urbana, comercial y patrimonial que Temuco arrastra desde hace años.</p>



<p>La aprobación unánime de los concejales presentes para adjudicar las obras a la Constructora Wörner S.A. tiene un valor político y simbólico que no debiera subestimarse. En tiempos donde casi todo se divide, donde las discusiones públicas suelen quedar atrapadas entre recriminaciones, desconfianzas y cálculos de corto plazo, el Mercado logró algo poco frecuente: reunir voluntades transversales en torno a una causa que supera a una administración, a un concejo y a cualquier sector político. Porque el Mercado no pertenece a una autoridad. Pertenece a Temuco.</p>



<p>Durante demasiado tiempo, la reconstrucción del principal ícono comercial del centro temuquense pareció avanzar entre anuncios, tropiezos, paralizaciones, nuevas gestiones, dudas técnicas y frustración ciudadana. Para los locatarios, especialmente, la espera ha sido larga y desgastante. No se trata solo de recuperar un edificio, sino de recuperar un espacio de trabajo, identidad, memoria y encuentro. Allí donde funcionó por décadas una parte esencial de la vida urbana de Temuco, quedó también instalada una deuda con quienes hicieron del Mercado mucho más que una infraestructura: un punto de referencia para generaciones de familias, comerciantes, visitantes y vecinos.</p>



<p>Por eso, que las obras puedan reiniciarse en agosto próximo y que exista un plazo máximo de 730 días corridos para su ejecución abre una expectativa real. No una esperanza abstracta, sino un horizonte concreto. La empresa adjudicada, de carácter regional, obtuvo la puntuación más alta en el proceso de licitación, con un 95% de evaluación, y tendrá como primer hito relevante la entrega de los locales exteriores y su espacio público asociado en un plazo de 630 días desde la recepción oficial del terreno. Son datos importantes, porque permiten pasar del discurso al calendario, de la promesa al seguimiento y de la voluntad política a la obligación de cumplir.</p>



<p>Sin embargo, precisamente porque se trata de una obra tan esperada, la ciudad no puede caer en el triunfalismo prematuro. La adjudicación es un paso decisivo, pero no es todavía la reconstrucción terminada. El verdadero examen comenzará cuando las faenas se reanuden, cuando los plazos empiecen a correr y cuando la ciudadanía pueda verificar que esta vez el proceso avanza con seriedad, transparencia y continuidad. Temuco ya ha vivido suficientes demoras como para entender que los anuncios importan, pero los resultados importan más.</p>



<p>En ese sentido, la responsabilidad de las autoridades no termina con la votación del Concejo. Al contrario, comienza una etapa igual o más exigente: fiscalizar, informar, anticipar problemas, evitar improvisaciones y mantener una comunicación clara con los locatarios y con la ciudadanía. Una obra de esta magnitud no puede volver a quedar atrapada en zonas grises. Si hubo decisiones difíciles en el pasado, como la paralización de las faenas, corresponde que hoy se expliquen con claridad y que el nuevo proceso sea efectivamente —como se ha dicho— limpio, serio y técnicamente sólido.</p>



<p>El alcalde Roberto Neira habló de este proyecto como un gran regalo para Temuco en sus 150 años. La frase tiene sentido, pero también impone una exigencia. Porque un regalo de esa magnitud no puede ser únicamente ceremonial. Debe traducirse en una obra bien ejecutada, en un Mercado funcional, seguro, moderno, patrimonialmente respetuoso y capaz de devolver vitalidad al centro de la ciudad. Temuco necesita recuperar su Mercado, pero también necesita que ese Mercado vuelva a cumplir un rol urbano activo, no solo como espacio comercial, sino como motor de reactivación para un centro que ha enfrentado deterioro, pérdida de dinamismo y cambios profundos en sus patrones de uso.</p>



<p>La reconstrucción, por tanto, debe entenderse dentro de una mirada más amplia. No se trata únicamente de levantar muros, techumbres o locales. Se trata de recuperar confianza. Confianza de los locatarios en que esta vez el proceso llegará a puerto. Confianza de los ciudadanos en que los grandes proyectos públicos pueden ejecutarse sin naufragar. Confianza en que las instituciones, cuando actúan coordinadamente, pueden responder a demandas históricas. Y confianza, también, en que Temuco puede cuidar su patrimonio sin renunciar a proyectarse hacia el futuro.</p>



<p>El reconocimiento del dirigente de los locatarios, Ricardo Fierro, apunta justamente a ese largo camino de tropiezos y avances. Hace solo un mes, según sus propias palabras, ni siquiera existía claridad favorable desde el Ministerio de Desarrollo Social para dar continuidad al proyecto. Hoy, en cambio, la empresa ya está adjudicada. Ese giro demuestra que cuando existe voluntad política, gestión técnica y presión legítima de la comunidad organizada, los proyectos pueden destrabarse. Pero también deja una lección incómoda: no debiera ser necesario llegar al borde de la pérdida o la frustración total para que las instituciones aceleren respuestas.</p>



<p>El Mercado de Temuco ha sido, durante años, una prueba para la ciudad. Una prueba de paciencia para los locatarios. Una prueba de gestión para las autoridades. Una prueba de memoria para la ciudadanía. Y, desde ahora, será una prueba de cumplimiento. Porque el respaldo unánime del Concejo Municipal, la toma de razón de Contraloría, el convenio entre el Gobierno Regional y el municipio, y la adjudicación a una empresa con alta evaluación técnica son elementos relevantes, pero todos ellos deberán ser confirmados con hechos.</p>



<p>La unanimidad política alcanzada en esta votación debe mantenerse ahora como unanimidad en la vigilancia del proceso. Los concejales que aprobaron la adjudicación tienen también el deber de acompañar, fiscalizar y exigir que los compromisos se respeten. El municipio debe entregar información periódica y comprensible. El Gobierno Regional debe seguir cumpliendo su rol en el financiamiento y articulación. La empresa adjudicada debe responder a los plazos y estándares comprometidos. Y los locatarios deben ser considerados no como espectadores, sino como protagonistas de una reconstrucción que afecta directamente su historia y su futuro.</p>



<p>Temuco necesita que esta obra resulte. No solo por nostalgia, aunque la nostalgia sea legítima. No solo por patrimonio, aunque el patrimonio importe. No solo por comercio, aunque el comercio sea vital. La necesita porque el Mercado condensa una parte de la identidad de la ciudad. Su ausencia ha sido un vacío físico, económico y emocional en pleno centro. Su reconstrucción puede convertirse en una señal de recuperación urbana, pero solo si se ejecuta con responsabilidad.</p>



<p>Hay ciudades que se reconocen por sus edificios, por sus plazas, por sus mercados, por sus estaciones, por sus calles principales. Temuco tiene en su Mercado uno de esos símbolos mayores. Su caída dejó una marca. Su espera dejó cansancio. Su reconstrucción, si se concreta bien, puede dejar una enseñanza: que las deudas urbanas no se saldan con discursos, sino con obras terminadas.</p>



<p>Por ahora, corresponde valorar el paso dado. La adjudicación unánime es una buena noticia. La elección de una empresa regional con alta evaluación técnica también lo es. El plazo de 730 días entrega un horizonte concreto. Pero la ciudad tiene derecho a mirar este proceso con esperanza y, al mismo tiempo, con exigencia. Después de tanto tiempo, Temuco no necesita otro anuncio fallido. Necesita ver grúas, trabajadores, avances reales y, finalmente, un Mercado de pie.</p>



<p>Si todo se cumple, esta sesión del Concejo Municipal efectivamente quedará en la historia local como el inicio de una etapa decisiva. Pero la verdadera posteridad no la dará el acta de adjudicación. La dará el día en que los locatarios vuelvan a ocupar sus espacios, el centro recupere uno de sus corazones y la ciudad pueda decir, sin dudas ni pendientes, que el Mercado volvió a ser parte viva de Temuco.</p>
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		<title>Araucanía: menos desempleo, pero aún lejos de un mercado laboral sano</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/araucania-menos-desempleo-pero-aun-lejos-de-un-mercado-laboral-sano/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Claudio Nuñez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 May 2026 23:35:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La región puede reducir el desempleo y, al mismo tiempo, mantener un mercado laboral frágil. Puede haber más ocupados, pero [&#8230;]</p>
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<p><strong>La región puede reducir el desempleo y, al mismo tiempo, mantener un mercado laboral frágil. Puede haber más ocupados, pero no necesariamente mejores empleos. Puede haber una cifra general favorable, pero una realidad cotidiana marcada por ingresos bajos, informalidad, trabajos temporales y una alta dependencia de actividades económicas vulnerables a los ciclos productivos.</strong></p>



<p>La disminución de la tasa de desocupación en La Araucanía durante el trimestre enero-marzo de 2026 es, sin duda, una señal positiva. Que el desempleo regional haya llegado a 7,8%, con una baja de 1,4 puntos porcentuales en doce meses, permite mirar el escenario laboral con algo más de alivio que hace un año. Más personas ocupadas, una reducción de quienes buscan trabajo sin encontrarlo y un aumento del empleo femenino son elementos que no deben minimizarse.</p>



<p>Sin embargo, sería un error quedarse únicamente con el dato principal. Porque detrás de la baja del desempleo aparecen cifras que obligan a mirar con mayor profundidad la realidad laboral de la región. La Araucanía no solo necesita más empleo; necesita mejor empleo, más formalidad, mayor estabilidad y oportunidades que no dependan únicamente de sectores que, muchas veces, reproducen condiciones precarias o estacionales.</p>



<p>El informe del Instituto Nacional de Estadísticas muestra que el aumento de las personas ocupadas fue de 1,8% en doce meses, superando el leve crecimiento de la fuerza de trabajo, que llegó a 0,3%. En términos simples, más personas encontraron ocupación y eso ayudó a reducir la tasa de desocupación. La caída de las personas desocupadas, que bajaron 15,2%, confirma esa mejora.</p>



<p>Pero el mismo informe muestra que la tasa de ocupación informal llegó a 36,5%, con un alza de 0,7 puntos porcentuales en un año. Esto significa que más de un tercio de quienes trabajan en La Araucanía lo hacen en condiciones informales. Es decir, muchas personas pueden aparecer estadísticamente como ocupadas, pero no necesariamente cuentan con contrato, protección social, cotizaciones, estabilidad o ingresos suficientes para sostener una vida familiar con tranquilidad.</p>



<p>Ese es el punto de fondo. La región puede reducir el desempleo y, al mismo tiempo, mantener un mercado laboral frágil. Puede haber más ocupados, pero no necesariamente mejores empleos. Puede haber una cifra general favorable, pero una realidad cotidiana marcada por ingresos bajos, informalidad, trabajos temporales y una alta dependencia de actividades económicas vulnerables a los ciclos productivos.</p>



<p>También preocupa la brecha de género. La tasa de desocupación femenina se ubicó en 8,0%, mientras que la masculina llegó a 7,6%. Aunque en las mujeres hubo una disminución importante de 2,5 puntos porcentuales en doce meses, los indicadores de subutilización laboral siguen mostrando una desigualdad estructural. La tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial alcanzó 24,7% en mujeres, frente a 17,5% en hombres. Esa diferencia revela que muchas mujeres no solo enfrentan más dificultades para conseguir empleo, sino también para incorporarse plenamente al mercado laboral.</p>



<p>En una región como La Araucanía, donde las brechas sociales, territoriales y económicas siguen siendo profundas, estos datos no pueden ser leídos con triunfalismo. El empleo no es solo una estadística. Es la posibilidad de pagar cuentas, sostener un hogar, proyectar una vida y acceder a derechos básicos. Por eso, cuando más de un tercio de los ocupados trabaja en la informalidad, la pregunta no debe ser únicamente cuántos empleos se están creando, sino qué tipo de empleos se están generando.</p>



<p>Los sectores que más contribuyeron al aumento de la ocupación fueron actividades de salud, enseñanza, agricultura y pesca. Aquello permite observar una dinámica relevante: parte importante del empleo regional sigue dependiendo de áreas sensibles, muchas de ellas vinculadas al Estado, a servicios esenciales o a actividades productivas tradicionales. Por lo mismo, cualquier discusión presupuestaria, inversión pública o política de desarrollo tiene un efecto directo sobre el empleo local.</p>



<p>La Araucanía necesita una estrategia laboral que vaya más allá de celebrar bajas puntuales en la desocupación. Se requiere fortalecer la formalización, apoyar a las pequeñas y medianas empresas, mejorar la capacitación laboral, impulsar inversión productiva y generar condiciones para que mujeres, jóvenes y trabajadores rurales puedan acceder a empleos de calidad.</p>



<p>La baja del desempleo es una buena noticia, pero no puede convertirse en una excusa para cerrar el debate. Al contrario, debe ser el punto de partida para mirar con mayor seriedad las debilidades del mercado laboral regional. Porque una región no se desarrolla solo cuando más personas trabajan, sino cuando ese trabajo permite vivir con dignidad.</p>



<p>La Araucanía muestra una mejora, sí. Pero aún arrastra un problema de fondo: demasiados trabajadores siguen empleados en condiciones débiles, informales o insuficientes. Y mientras eso no cambie, cualquier avance en la tasa de desocupación será importante, pero incompleto.</p>
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		<title>ICVU 2025: La Araucanía no puede resignarse al estancamiento urbano</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/icvu-2025-la-araucania-no-puede-resignarse-al-estancamiento-urbano/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Claudio Nuñez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 09 May 2026 23:35:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Índice de Calidad de Vida Urbana 2025 deja una señal incómoda, pero necesaria. La Araucanía no está avanzando al [&#8230;]</p>
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<p><strong>El Índice de Calidad de Vida Urbana 2025 deja una señal incómoda, pero necesaria. La Araucanía no está avanzando al ritmo que necesita. En algunas comunas, incluso, va hacia atrás. Negarlo sería irresponsable. Minimizarlo, aún peor. La única respuesta posible es asumir el diagnóstico con honestidad y actuar en consecuencia.</strong></p>



<p>El nuevo ICVU 2025 no debiera leerse como una estadística más, ni como un documento técnico destinado a engrosar archivos institucionales. Lo que muestra, en realidad, es algo mucho más profundo y preocupante: que en La Araucanía la calidad de vida urbana no solo avanza demasiado lento, sino que en algunos casos directamente retrocede. Y cuando una región se estanca en aspectos tan esenciales como la conectividad, el desarrollo económico local o las condiciones socioculturales, lo que se compromete no es únicamente su presente, sino también su posibilidad de construir un futuro más digno y equilibrado.</p>



<p>Ese es el punto de fondo que deja en evidencia el ICVU 2025, elaborado por la Cámara Chilena de la Construcción y el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Pontificia Universidad Católica. El informe revisa una década completa, entre 2015 y 2025, y su diagnóstico para La Araucanía dista mucho de ser alentador. Temuco se mantiene en un nivel medio bajo, sin avances significativos. Angol y Padre Las Casas retroceden a nivel bajo. Villarrica, por su parte, permanece en ese mismo rango, sin señales de mejora sostenida. En otras palabras, las principales ciudades de la región no están logrando traducir el paso del tiempo en mejores condiciones urbanas para sus habitantes.</p>



<p>Y eso es grave. Grave porque diez años debieran ser suficientes para mostrar transformaciones visibles. Grave porque durante una década se ha hablado una y otra vez de descentralización, de inversión pública, de reactivación económica, de conectividad, de planificación territorial y de equidad regional. Grave, además, porque cuando los indicadores se mantienen inmóviles o empeoran, lo que queda al descubierto es una falla estructural: las políticas, los proyectos y las prioridades no están siendo suficientes, o simplemente no están llegando donde más se necesitan.</p>



<p>La lectura del informe obliga a abandonar cualquier autocomplacencia. La Araucanía no puede seguir contentándose con discursos sobre su potencial mientras sus ciudades muestran signos persistentes de fragilidad urbana. El potencial, por sí solo, no pavimenta calles, no mejora el transporte, no revitaliza barrios, no genera empleos de calidad ni reconstruye el tejido social. El potencial sin ejecución termina convirtiéndose en una promesa vacía. Y eso es justamente lo que la región no puede permitirse seguir acumulando.</p>



<p>Uno de los aspectos más inquietantes del estudio es que confirma una tendencia conocida, pero insuficientemente enfrentada: las ciudades intermedias retroceden y las áreas metropolitanas se estancan. Angol y Villarrica aparecen como ejemplos claros de deterioro o falta de avance, mientras Temuco y Padre Las Casas reflejan una inercia que debiera encender todas las alarmas. El estancamiento no siempre se manifiesta de manera estridente. A veces se expresa en algo más silencioso, pero igual de dañino: barrios que no mejoran, servicios que no se modernizan, transporte que no responde a las necesidades reales, inversión privada que no despega y espacios públicos que dejan de ser lugares de integración para convertirse en zonas de abandono o inseguridad.</p>



<p>Si una ciudad no mejora su calidad de vida urbana, lo que se instala es una sensación cotidiana de límite. Límite para movilizarse. Límite para emprender. Límite para acceder a mejores oportunidades. Límite para convivir. Y cuando esos límites se prolongan por años, terminan normalizándose. Ese quizás sea el riesgo más grande para La Araucanía: acostumbrarse. Acostumbrarse a que Temuco siga atrapado en diagnósticos repetidos. Acostumbrarse a que Padre Las Casas continúe cargando con déficits históricos. Acostumbrarse a que Angol y Villarrica no logren consolidar un desarrollo urbano acorde a sus necesidades y proyección. Acostumbrarse, en definitiva, a que vivir peor sea una condición casi permanente.</p>



<p>Por eso el informe debiera ser entendido como una advertencia política, económica y social. No basta con identificar que las dimensiones más críticas son la conectividad y movilidad, el ambiente de negocios y las condiciones socioculturales. El verdadero desafío está en asumir que esas tres áreas se cruzan entre sí y forman parte del mismo problema. Una ciudad mal conectada reduce su dinamismo económico. Un entorno de negocios débil limita la generación de empleo y frena la inversión. Un deterioro en las condiciones socioculturales erosiona la cohesión social, disminuye la participación y debilita la vida comunitaria. Nada de eso ocurre por separado. Todo se retroalimenta.</p>



<p>La Araucanía, además, tiene un problema adicional: demasiadas veces la discusión sobre desarrollo urbano queda subordinada a la contingencia inmediata. Se debate cuando colapsa el tránsito, cuando se paraliza una obra, cuando un proyecto se retrasa o cuando surge una crisis puntual. Pero la calidad de vida urbana no puede seguir tratándose desde la urgencia. Requiere una mirada estratégica, sostenida y transversal. Requiere continuidad entre gobiernos, coordinación entre municipios y una institucionalidad regional capaz de empujar proyectos de mediano y largo plazo. Requiere, también, coraje para priorizar inversiones que a veces no son vistosas en lo político, pero sí decisivas para la vida diaria de miles de personas.</p>



<p>No se trata únicamente de construir más. Se trata de construir mejor. De planificar mejor. De ejecutar con mayor rapidez y con mayor sentido territorial. De comprender que el desarrollo de una ciudad no puede medirse solo por la cantidad de obras inauguradas, sino por el impacto real que esas obras tienen en la vida de las personas. Una región no progresa porque sume anuncios, sino porque reduce brechas. Y el ICVU, precisamente, está mostrando que esas brechas persisten.</p>



<p>Aquí hay una responsabilidad compartida. Del Estado, por cierto, que debe garantizar una inversión coherente con las necesidades de territorios históricamente rezagados. De los municipios, que están llamados a empujar planificación, gestión y proyectos con mayor capacidad técnica. Del sector privado, que no puede quedar al margen del desafío de dinamizar ciudades más competitivas y habitables. Y también del mundo político en su conjunto, que debe dejar de usar el desarrollo urbano como consigna y empezar a asumirlo como una política esencial para la cohesión social y el crecimiento regional.</p>



<p>Las palabras del presidente de la CChC Araucanía, Lorenzo Dubois, apuntan en una dirección correcta cuando habla de fijar objetivos claros y avanzar en una agenda concreta. Esa debiera ser precisamente la clave: una agenda concreta. Porque si algo sobra en La Araucanía son los diagnósticos. Lo que falta es ejecución. Falta convertir el consenso en decisiones. Falta transformar las necesidades en proyectos financiados, licitados y terminados. Falta una visión regional que entienda que mejorar la calidad de vida urbana no es un lujo ni una meta secundaria, sino una condición básica para reducir desigualdades, atraer inversión y fortalecer el tejido social.</p>



<p>La región necesita recuperar la ambición. No la ambición retórica, sino la ambición práctica. La de ciudades que se proyectan con seriedad, que ordenan su crecimiento, que priorizan movilidad eficiente, que fortalecen su entorno económico y que reconstruyen vínculos comunitarios. La de autoridades que entienden que el desarrollo urbano no se improvisa. La de una ciudadanía que exija más que anuncios y plazos extendidos.</p>



<p>El ICVU 2025 deja una señal incómoda, pero necesaria. La Araucanía no está avanzando al ritmo que necesita. En algunas comunas, incluso, va hacia atrás. Negarlo sería irresponsable. Minimizarlo, aún peor. La única respuesta posible es asumir el diagnóstico con honestidad y actuar en consecuencia.</p>



<p>Porque una región que se acostumbra al estancamiento urbano termina resignándose a una calidad de vida menor. Y La Araucanía no debiera resignarse a eso. Ni por historia, ni por potencial, ni por dignidad.</p>
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		<title>Editorial: Vivanco ante la justicia, cuando el poder debe rendir cuentas</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/editorial-vivanco-ante-la-justicia-cuando-el-poder-debe-rendir-cuentas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Claudio Nuñez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Feb 2026 01:41:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando se investiga a quien integró el máximo tribunal, se abre una herida institucional: la idea de que “arriba” se [&#8230;]</p>
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<p><strong>Cuando se investiga a quien integró el máximo tribunal, se abre una herida institucional: la idea de que “arriba” se vive con reglas distintas. Por eso, el resultado más importante de este proceso no será una cuña ni una portada. Será que el sistema demuestre —con actos— que no hay intocables y que el debido proceso es para todos, incluso para quienes alguna vez decidieron sobre la libertad y el destino de otros.</strong></p>



<p>La detención y formalización de Ángela Vivanco —exministra de la Corte Suprema— no es solo un episodio policial de alto impacto. Es, sobre todo, una prueba para el Estado de Derecho: ¿cómo responde la institucionalidad cuando una figura que encarnó la máxima autoridad judicial es investigada por delitos graves? Esa pregunta no se responde con eslóganes ni con linchamientos. Se responde con investigación seria, garantías procesales y decisiones judiciales transparentes.</p>



<p>Los antecedentes que hoy se discuten en tribunales son de enorme sensibilidad. La Fiscalía sostiene que Vivanco habría incurrido en cohecho y lavado de activos en el marco de la llamada “trama” o “Muñeca Bielorrusa”, vinculada al litigio del consorcio Belaz-Movitec (CBM) contra Codelco, y a supuestos pagos canalizados —según la tesis persecutora— a través de su pareja, Gonzalo Migueles.</p>



<p>No se trata de una acusación menor: implica que el sistema que debe impartir justicia pudo haber sido utilizado —presuntamente— para inclinar decisiones de alto valor económico e institucional.</p>



<p>En este tipo de casos, la forma importa tanto como el fondo. La defensa, por ejemplo, intentó poner el énfasis en la legalidad y proporcionalidad de la detención; el tribunal, en cambio, descartó los cuestionamientos a la detención y dio continuidad a la formalización, señalando que no se acreditaba una vulneración concreta de derechos.</p>



<p>Este punto es clave: si el proceso pretende reconstruir confianzas, debe avanzar con reglas claras, decisiones fundadas y controles efectivos, no con atajos.</p>



<p>También es relevante que la Fiscalía haya anunciado que pedirá prisión preventiva, la cautelar más gravosa, lo que eleva el estándar de argumentación: riesgo de fuga, peligro para la seguridad de la sociedad u obstaculización de la investigación.</p>



<p>En paralelo, aparecen querellantes institucionales —como Codelco y el Consejo de Defensa del Estado— lo que refuerza la dimensión pública del caso y la necesidad de que todo se haga con máxima prolijidad.</p>



<p>Pero hay un punto que el debate público suele perder: la presunción de inocencia no compite con la rendición de cuentas. Puede —y debe— coexistir. Defender garantías procesales no significa relativizar hechos; y exigir sanción, si corresponde, no habilita a condenar sin sentencia. Justamente porque hablamos de una exautoridad judicial, el país necesita que la discusión se mantenga en el terreno correcto: evidencia, trazabilidad del dinero, comunicaciones, gestiones y decisiones. No rumores. No caricaturas.</p>



<p>La crisis de confianza en la justicia no empezó con Vivanco, pero su caso la profundiza. Cuando se investiga a quien integró el máximo tribunal, se abre una herida institucional: la idea de que “arriba” se vive con reglas distintas. Por eso, el resultado más importante de este proceso no será una cuña ni una portada. Será que el sistema demuestre —con actos— que no hay intocables y que el debido proceso es para todos, incluso para quienes alguna vez decidieron sobre la libertad y el destino de otros.</p>



<p>Y si hay una lección estructural, es ésta: no basta con perseguir penalmente cuando el daño está hecho. La justicia chilena necesita reforzar sus anticuerpos. Mecanismos más estrictos de control de conflictos de interés; trazabilidad real de vínculos y gestiones; estándares exigentes de transparencia patrimonial; y sanciones disciplinarias rápidas y efectivas cuando haya indicios serios. Lo contrario es seguir parchando la confianza con declaraciones, mientras el prestigio institucional se erosiona en silencio.</p>



<p>Vivanco enfrenta hoy a la justicia en un momento en que el país exige señales claras. La señal correcta no es el espectáculo, sino el procedimiento: audiencias públicas, resoluciones bien fundadas, y una investigación que no tiemble ni se exceda. Si el caso termina confirmando delitos, que haya condena. Si no los confirma, que se despeje con la misma claridad. Lo esencial es que el sistema funcione sin privilegios, porque cuando la justicia se vuelve selectiva —o parece selectiva— la democracia entera paga el costo.</p>
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		<title>Editorial: El Mercado no admite otra década perdida</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/editorial-el-mercado-no-admite-otra-decada-perdida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Claudio Nuñez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 Jan 2026 01:47:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La reconstrucción del Mercado Municipal de Temuco volvió esta semana al centro de la conversación pública con una frase que [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>La reconstrucción del Mercado Municipal de Temuco volvió esta semana al centro de la conversación pública con una frase que pesa como pocas en la política regional: $39 mil millones. No es solo una cifra. Es una apuesta mayor, una señal de prioridades y, por lo mismo, una responsabilidad que no permite tropiezos ni relatos vacíos.</p>



<p>El gobernador René Saffirio dijo que el alcalde Roberto Neira solicitó formalmente el financiamiento total de la obra y que el Gobierno Regional decidió acoger esa petición, iniciando la ruta para que el proyecto llegue al Consejo Regional. El alcalde, por su parte, habló del mercado como el “alma” de la ciudad y aseguró que esta vez la licitación apunta a entregar el recinto “llave en mano”, con reconstrucción, equipamiento y habilitación, sin modificar el diseño para no volver a foja cero.</p>



<p>Las palabras son relevantes, pero el verdadero punto es otro: Temuco necesita que el mercado deje de ser una promesa eterna. Desde el incendio, el centro ha cargado con una herida abierta que es urbana, económica y emocional. La pérdida del mercado no solo afectó a locatarios y clientes: también impactó la vida del casco histórico, la dinámica comercial y la percepción de seguridad. El gobernador lo describió con crudeza: un centro que se apaga temprano, especialmente en invierno, y que ha visto deteriorarse su actividad. Esa imagen —con matices y debates— expresa una verdad: sin polos de atracción, el centro pierde pulso.</p>



<p>Por eso, el anuncio de hoy se entiende como una oportunidad real. Pero también como un riesgo. Porque cuando hablamos de recursos públicos de esa magnitud, el margen para improvisar es cero. Y porque el mercado ya conoce el fracaso: empresas que se fueron, procesos que se trabaron, años que se esfumaron entre papeles, disputas y desgaste.</p>



<p>Aquí hay que decirlo sin rodeos: lo que se juega no es solo un edificio, sino un estándar. Si el Gobierno Regional se convierte en el principal financista, como se plantea, entonces debe asumir también el deber de garantizar que el proyecto no naufrague en la misma historia. Saffirio prometió “fiscalización intensa” y eso es correcto, pero insuficiente si no se traduce en mecanismos verificables, periódicos y públicos. En obras de esta escala, la fiscalización no puede ser una frase; tiene que ser un sistema.</p>



<p>La ruta institucional —reevaluación en Mideso, recomendación social (RS), mensaje al CORE, comisión y pleno— es parte del camino obligatorio. Nadie debería saltarse esas etapas. Pero Temuco ya aprendió que el cumplimiento de trámites no equivale a cumplimiento de resultados. La ciudad no necesita otro calendario de buenas intenciones: necesita hitos concretos, plazos monitoreables y responsabilidades claras.</p>



<p>¿Qué significa que esta vez sea distinto? Significa, por ejemplo, que el cronograma no sea un afiche, sino un compromiso real, con metas trimestrales publicadas y verificables: si se habla de 35% en 2026, 50% en 2027 y 15% en 2028, entonces cada tramo debe traducirse en hitos medibles. Significa también que exista un panel de control abierto a la ciudadanía, con avances físicos, estados de pago, modificaciones, multas, incidentes, informes técnicos y actas relevantes; que se explique con honestidad la diferencia entre el “avance” que se menciona (51% versus 45–47%) y lo que realmente está ejecutado, valorizado y recuperable; que la promesa de una entrega “llave en mano” quede blindada en el contrato, incluyendo equipamiento, habilitación y estándares de funcionamiento, evitando sorpresas de última hora; y que el plan de gestión —que proyecta un mercado con horarios extendidos y vocación turística y cultural— no termine siendo un documento decorativo, porque un mercado puede tener una obra impecable y aun así fracasar si su operación no se diseña bien en materias como seguridad, logística, abastecimiento, aseo, convivencia, estacionamientos, carga y descarga, eventos y administración.</p>



<p>Hay además un aspecto que no se puede olvidar: el mercado no es solo infraestructura; es comunidad. Los locatarios han cargado con años de incertidumbre y desgaste. Se informó que han sido parte de conversaciones y decisiones, y eso debe sostenerse: participación real, no simbólica. La ciudad necesita un mercado que funcione para quienes viven de él, para quienes lo visitan y para el ecosistema comercial que lo rodea.</p>



<p>Y aquí entra el Consejo Regional. El CORE tiene el derecho y el deber de revisar, cuestionar y pedir garantías. No es un trámite, es el resguardo institucional del interés público. Pero también tiene una responsabilidad política ante la región: si el mercado es un proyecto estratégico —como se afirmó hoy— entonces la discusión debe estar a la altura, lejos del oportunismo y cerca del rigor. Aprobar por reflejo sería un error; bloquear por cálculo también.</p>



<p>Temuco está cerca de un hito simbólico: los 150 años. Sería valioso llegar a esa fecha con un mercado vivo, abierto, seguro y atractivo, no como monumento, sino como motor. Pero incluso esa meta debe entenderse con madurez: la urgencia no puede transformarse en desorden. Lo que se necesita es velocidad con control, decisión con transparencia, ambición con técnica.</p>



<p>Hoy se abrió una puerta. La ciudad ha esperado demasiado para que vuelva a cerrarse. Si el Gobierno Regional y el municipio de Temuco han decidido ir con todo, entonces también deben aceptar lo obvio: la ciudadanía tiene derecho a mirar cada paso. Porque el mercado es del centro, sí, pero también es de la región. Y porque con 39 mil millones —con plata de todos— no se juega.</p>
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		<title>La Araucanía respira, pero no despega: empleo, informalidad y género en la balanza</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/la-araucania-respira-pero-no-despega-empleo-informalidad-y-genero-en-la-balanza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Claudio Nuñez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 Jan 2026 13:33:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay una verdad que no podemos seguir tratando como nota al pie: la brecha de género. La desocupación femenina está [&#8230;]</p>
<p>The post <a href="https://www.tiempo21.cl/la-araucania-respira-pero-no-despega-empleo-informalidad-y-genero-en-la-balanza/">La Araucanía respira, pero no despega: empleo, informalidad y género en la balanza</a> appeared first on <a href="https://www.tiempo21.cl">Tiempo21 - El Diario Que Genera Opinión...En Avisos Legales La Mejor Alternativa</a>.</p>
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<p><strong>Hay una verdad que no podemos seguir tratando como nota al pie: la brecha de género. La desocupación femenina está en 9,3% y la masculina en 7,6%. Más aún, el indicador de subutilización (SU3), que captura no sólo desempleo sino también fuerza de trabajo “potencial”, llega a 26,0% en mujeres versus 16,8% en hombres. En otras palabras, aunque mejore el promedio regional, la Araucanía todavía funciona con un motor laboral donde a las mujeres les cuesta más entrar, mantenerse y prosperar</strong></p>



<p>La Araucanía recibió, al fin, una noticia que suena a respiro: el desempleo bajó con fuerza y la tasa de desocupación se ubicó en 8,3% en el trimestre septiembre–noviembre de 2025, con una caída anual de 1,9 puntos. A eso se suma un dato relevante: las personas desocupadas disminuyeron 17,6% y el número de ocupados creció 3,1%. En un territorio históricamente castigado por la precariedad laboral, el informe del INE permite una lectura optimista. Pero también obliga a una pregunta incómoda: ¿estamos ante un cambio estructural o ante un buen trimestre empujado por sectores puntuales y condiciones transitorias?</p>



<p>Porque cuando uno abre el detalle, el “buen número” se vuelve más complejo. La mejora está asociada, en parte, a que el empleo creció más que la fuerza de trabajo: mientras ésta subió 1,0%, los ocupados aumentaron 3,1%. Es decir, hay más gente trabajando, sí, pero también hay movimientos en los márgenes: la población fuera de la fuerza de trabajo aumentó (0,4%) y creció el grupo de inactivos habituales. Ese dato no arruina el avance, pero lo matiza: una región con empleos frágiles suele mostrar señales de retiro silencioso del mercado laboral, especialmente cuando buscar pega se vuelve un desgaste.</p>



<p>También hay una verdad que no podemos seguir tratando como nota al pie: la brecha de género. La desocupación femenina está en 9,3% y la masculina en 7,6%. Más aún, el indicador de subutilización (SU3), que captura no sólo desempleo sino también fuerza de trabajo “potencial”, llega a 26,0% en mujeres versus 16,8% en hombres. En otras palabras, aunque mejore el promedio regional, la Araucanía todavía funciona con un motor laboral donde a las mujeres les cuesta más entrar, mantenerse y prosperar. Y eso no es un “problema de mujeres”: es un freno directo al crecimiento, al ingreso familiar y a la cohesión social.</p>



<p>El informe muestra, además, hacia dónde se movió el empleo: construcción (16,4%), agricultura y pesca (10,5%) y enseñanza (13,1%). Son sectores que, en una región como la nuestra, pueden empujar rápido el indicador, pero que también son sensibles: la construcción depende de inversión y continuidad de obras; agricultura y pesca suelen estar atravesadas por estacionalidad, clima y precios; y enseñanza muchas veces se explica por ciclos de contratación y gasto público. No es que sean malos motores —al contrario, son indispensables—, pero sí nos recuerdan que la pregunta no es sólo “cuánto bajó el desempleo”, sino qué tipo de empleo se creó y cuánto dura.</p>



<p>En ese punto, aparece el termómetro que siempre delata la salud real del mercado laboral regional: la informalidad. La tasa de ocupación informal bajó a 36,1%, un retroceso de 2,3 puntos en un año. Es una buena señal: menos informalidad significa más protección, mejores cotizaciones y más estabilidad. Sin embargo, el detalle vuelve a incomodar: la informalidad cae por mujeres (-7,4%), pero sube levemente en hombres (0,5%). Si la mejora viene porque ellas logran formalizarse, perfecto; pero si parte del ajuste también ocurre porque algunas mujeres salen del empleo informal y quedan fuera de la fuerza laboral, el mérito se vuelve frágil. La región necesita que el trabajo formal no sea una rareza, sino la norma.</p>



<p>Por eso, esta editorial no puede quedarse en el aplauso fácil ni en el pesimismo automático. Hay avances reales y merecen reconocimiento. Pero si queremos que el 8,3% sea el inicio de una tendencia y no un espejismo, hay tres tareas urgentes.</p>



<p>Primero, consolidar inversión y continuidad: la construcción empuja empleo cuando hay obra sostenida, no cuando hay anuncios. Aquí el desafío es destrabar permisos, acelerar ejecución pública y facilitar encadenamientos con proveedores locales, para que el empleo no sea “de pasada” sino un circuito económico permanente.</p>



<p>Segundo, productividad y formalización, especialmente en cuenta propia. Que suba el empleo por cuenta propia (13,4%) puede ser independencia… o supervivencia. Sin acceso a financiamiento, capacitación, digitalización y compras públicas que integren a pequeños servicios y productores, la cuenta propia termina siendo informalidad con otro nombre.</p>



<p>Tercero, políticas laborales con enfoque territorial y de género: sala cuna y cuidados, transporte, capacitación ligada a demanda real y alianzas con empresas para contratación femenina en sectores tradicionalmente masculinizados. Reducir la brecha de género no es un gesto: es una estrategia económica.</p>



<p>La Araucanía puede celebrar este dato, sí. Pero debe celebrarlo con la seriedad de quien entiende que una cifra es apenas una foto. Lo importante es la película: empleos estables, formales, con mejores salarios y con oportunidades reales para hombres y mujeres. El 8,3% es una señal; ahora falta que la región —y el Estado— conviertan esa señal en rumbo.</p>
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		<title>Editorial: El peor humo es el que normalizamos</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/editorial-el-peor-humo-es-el-que-normalizamos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Claudio Nuñez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Dec 2025 13:55:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La pregunta de fondo es incómoda: ¿cuántas políticas han fracasado no por falta de tecnología, sino por falta de comprensión [&#8230;]</p>
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<p><strong>La pregunta de fondo es incómoda: ¿cuántas políticas han fracasado no por falta de tecnología, sino por falta de comprensión humana del problema? Medir es indispensable, pero escuchar también. Si no entendemos qué cree la gente, qué teme, qué puede pagar y qué no, seguiremos diseñando soluciones que no se usan. Y mientras tanto, el humo seguirá entrando por la ventana más frágil: la de los sectores vulnerables, donde el costo de cambiar es más alto y la resignación, más comprensible.</strong></p>



<p>En Temuco y Padre Las Casas, la contaminación del aire dejó hace rato de ser una “noticia de invierno” para convertirse en una condición de vida. Lo más inquietante es que, aunque la preocupación existe, convive con una frase que se repite como un escudo emocional: “el aire seguirá igual, sin importar lo que se haga”. Ese fatalismo —documentado por investigadores de la Universidad Santo Tomás Temuco— no es solo una opinión: es una barrera sanitaria. Cuando una comunidad cree que nada cambia, cambia menos. Y cuando cambia menos, se enferma más.</p>



<p>El estudio es clave porque corre el foco desde la simple medición del PM2.5 hacia un territorio que suele ignorarse en la política pública: la cultura cotidiana de la calefacción, los mitos que justifican la leña húmeda, la idea de que “la leña siempre calienta más”, o la creencia de que el daño es problema de “otros” —adultos mayores o personas con enfermedades previas—. Son relatos que se heredan y se refuerzan, especialmente donde la calefacción no es un lujo sino una necesidad, y donde alternativas como pellet, gas o electricidad se perciben como costosas o poco accesibles. En ese contexto, pedir cambios conductuales sin tocar la desigualdad energética es casi una forma de cinismo.</p>



<p>Aquí aparece el punto más potente: la educación ambiental no es un adorno, es una herramienta de salud pública. La evidencia del artículo sugiere que a mayor nivel educativo, menor adhesión al fatalismo y mejor comprensión del riesgo. Esto debiera sacudir a quienes diseñan programas: no basta con “informar” con cifras o con alertas; hay que construir sentido, derribar mitos y entregar rutas concretas para actuar. La alfabetización ambiental debe ser territorial, sostenida y práctica, no una campaña estacional que llega tarde, cuando el aire ya está cortado a cuchillo.</p>



<p>En esa misma lógica, el rol de los “vigilantes ambientales” que describe la investigación es una pista de por dónde avanzar. No se trata solo de voluntarios: son articuladores comunitarios capaces de traducir datos en decisiones domésticas, orientar a familias, acompañar postulaciones a subsidios y volver comprensible —y posible— lo que desde la institucionalidad suele comunicarse como un trámite o como un regaño. Cuando el mensaje lo entrega alguien del barrio, con el mismo frío en los huesos y la misma cuenta de luz en la mesa, la prevención deja de ser abstracta y se vuelve cercana.</p>



<p>La pregunta de fondo es incómoda: ¿cuántas políticas han fracasado no por falta de tecnología, sino por falta de comprensión humana del problema? Medir es indispensable, pero escuchar también. Si no entendemos qué cree la gente, qué teme, qué puede pagar y qué no, seguiremos diseñando soluciones que no se usan. Y mientras tanto, el humo seguirá entrando por la ventana más frágil: la de los sectores vulnerables, donde el costo de cambiar es más alto y la resignación, más comprensible.</p>



<p>La región no necesita más diagnósticos sobre que el aire está malo. Necesita romper el círculo: fatalismo–mito–inacción. Para eso, se requiere una alianza real entre educación, apoyo comunitario y decisiones estructurales: acceso a energías más limpias, recambio de calefactores con acompañamiento, fiscalización que no se limite a castigar pobreza, y programas permanentes que conviertan la prevención en hábito. Porque, al final, el aire no se mejora solo con discursos ni con alertas: se mejora cuando una comunidad recupera la convicción de que sí vale la pena actuar —y cuando el Estado y las instituciones le facilitan hacerlo de verdad.</p>
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