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	<title>Noticias de Crónica| Tiempo21</title>
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	<description>Noticias Actualizadas De Temuco, La Araucanía y Chile. Expertos En Avisos Legales.</description>
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	<title>Noticias de Crónica| Tiempo21</title>
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		<title>El Psicópata de Alto Hospicio: las desapariciones que el desierto no pudo ocultar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 14 Mar 2026 16:53:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Policial]]></category>
		<category><![CDATA[CRÓNICA]]></category>
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		<category><![CDATA[justicia]]></category>
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<h5 class="wp-block-heading"><em><strong>Durante años, adolescentes desaparecieron en el norte del país mientras sus familias buscaban respuestas. La verdad emergió en 2001: un asesino serial había actuado impunemente en el desierto de Tarapacá.</strong></em></h5>



<p>A fines de los años noventa, en la polvorienta ciudad de <strong>Alto Hospicio</strong>, comenzó a repetirse una historia que parecía demasiado frecuente para ser casualidad. Adolescentes desaparecían sin dejar rastro. Sus familias recorrían comisarías, hospitales y calles preguntando por ellas, mientras el tiempo pasaba y las respuestas nunca llegaban. Muchas eran jóvenes de sectores vulnerables que salían de sus casas buscando trabajo o intentando sobrevivir en medio de la pobreza que marcaba la zona.</p>



<p>Entre <strong>1998 y 2001</strong>, al menos una decena de familias denunciaron la desaparición de sus hijas. Sin embargo, durante años las investigaciones avanzaron lentamente. En más de una ocasión se insinuó que las jóvenes se habían ido voluntariamente o que estaban relacionadas con el comercio sexual en <strong>Iquique</strong>. Aquellas explicaciones, repetidas una y otra vez, terminaron convirtiéndose en un muro de indiferencia que retrasó la búsqueda de la verdad.</p>



<p>Pero la verdad estaba ahí, oculta en el desierto.</p>



<p>El <strong>23 de febrero de 2001</strong>, un hallazgo estremeció al norte del país. En un sector eriazo cercano a Alto Hospicio comenzaron a aparecer restos humanos. La escena fue tan impactante que obligó a las autoridades a abrir una investigación a gran escala. Poco a poco, los peritajes confirmaron el peor de los temores: se trataba de varias de las jóvenes que habían desaparecido en los años anteriores.</p>



<p>Las pesquisas llevaron finalmente a un nombre: <strong>Julio Pérez Silva</strong>. El hombre, un trabajador del sector minero que se movía con aparente normalidad por la zona, fue detenido y posteriormente confesó una serie de crímenes que estremecieron al país. Según la investigación judicial, contactaba a adolescentes vulnerables, las engañaba con promesas de dinero o ayuda y luego las trasladaba a lugares apartados del desierto. Allí las agredía sexualmente y las asesinaba.</p>



<p>El expediente judicial terminó estableciendo <strong>al menos 14 víctimas</strong>, aunque algunas versiones plantean que la cifra podría haber sido mayor. La brutalidad de los hechos y la forma en que los cuerpos fueron abandonados en el desierto convirtieron el caso en uno de los más impactantes de la historia criminal chilena.</p>



<p>En 2004, la justicia condenó a Pérez Silva a <strong>cadena perpetua</strong> por los asesinatos. Sin embargo, para muchas familias la sentencia nunca logró cerrar completamente la herida. Durante años habían advertido que algo estaba ocurriendo en Alto Hospicio, pero sus denuncias no siempre fueron escuchadas con la urgencia necesaria.</p>



<p>El caso provocó una profunda reflexión nacional sobre la desigualdad social, el abandono institucional y la forma en que el sistema respondía frente a víctimas provenientes de sectores vulnerables. También impulsó cambios en los protocolos de investigación de desapariciones y en la coordinación entre policías y fiscalías.</p>



<p>Hoy, más de dos décadas después, el nombre del <strong>Psicópata de Alto Hospicio</strong> sigue siendo sinónimo de uno de los capítulos más oscuros de la crónica policial chilena. Un recordatorio de que, durante años, el desierto guardó un secreto terrible mientras madres y padres buscaban respuestas que tardaron demasiado en llegar.</p>



<p>La historia dejó una lección amarga: que el silencio y la indiferencia pueden ser tan peligrosos como el propio criminal. Y que detrás de cada denuncia ignorada puede esconderse una tragedia que aún no ha salido a la luz.</p>
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		<title>Nabila Rifo: la noche en que Chile miró de frente la violencia contra las mujeres</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Mar 2026 01:19:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Policial]]></category>
		<category><![CDATA[CRÓNICA]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
		<category><![CDATA[dia internacional de la mujer]]></category>
		<category><![CDATA[NABILA RIFO]]></category>
		<category><![CDATA[NO A LA VIOLENCIA]]></category>
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<h5 class="wp-block-heading"><em><strong>El brutal ataque ocurrido en 2016 en Coyhaique dejó a una mujer ciega y al país conmocionado. Su historia se transformó en uno de los casos más emblemáticos de violencia de género en Chile y en un símbolo de la lucha contra el femicidio.</strong></em></h5>



<p>La madrugada del <strong>14 de mayo de 2016</strong>, la ciudad austral de Coyhaique amaneció con una escena que parecía imposible de imaginar. En una calle del sector alto de la ciudad, vecinos encontraron a <strong>Nábila Rifo</strong>, una joven madre de 28 años, tirada en el suelo, gravemente herida, con múltiples fracturas en el cráneo y el rostro. Había sido golpeada con una violencia extrema y abandonada en plena vía pública. El ataque no solo la dejó al borde de la muerte: también le costó la pérdida de ambos ojos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="806" height="506" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-55.png" alt="" class="wp-image-159795" style="width:420px;height:auto" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-55.png 806w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-55-300x188.png 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-55-768x482.png 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-55-320x201.png 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-55-236x148.png 236w" sizes="(max-width: 806px) 100vw, 806px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Mauricio Ortega Ruiz, agresor y expareja de Nabila Rifo.</em></figcaption></figure></div>


<p>Horas antes, Rifo había estado compartiendo con su expareja, <strong>Mauricio Ortega Ruiz</strong>, un mecánico con quien mantenía una relación marcada por episodios previos de violencia. La investigación estableció que, tras una discusión, Ortega la atacó brutalmente en la calle, golpeándola repetidamente hasta dejarla inconsciente. Cuando el ataque terminó, la víctima fue abandonada en el lugar con hipotermia y lesiones gravísimas que conmocionaron incluso a los equipos médicos que la atendieron.</p>



<p>Rifo fue trasladada primero al Hospital Regional de Coyhaique y luego a Santiago para recibir tratamiento especializado. Durante días permaneció en estado crítico, conectada a ventilación mecánica y bajo sedación mientras el país seguía su evolución con una mezcla de horror y esperanza. La brutalidad del caso provocó una reacción inmediata del gobierno, organizaciones feministas y miles de ciudadanos que comenzaron a movilizarse para exigir justicia.</p>



<p>La investigación avanzó con rapidez. Un testigo clave —un adolescente que observó la agresión desde su casa— permitió reconstruir parte de los hechos y fortalecer la acusación del Ministerio Público. Ortega fue detenido y formalizado por femicidio frustrado, quedando en prisión preventiva mientras avanzaba el proceso judicial.</p>



<p>El juicio se convirtió en uno de los más seguidos en la historia reciente del país. En 2017, el Tribunal Oral de Coyhaique condenó a Ortega a <strong>26 años de prisión</strong> por femicidio frustrado y lesiones gravísimas. Sin embargo, meses después, la <strong>Corte Suprema de Chile</strong> recalificó el delito y rebajó la condena a <strong>18 años de cárcel</strong>, al considerar que no se había probado de manera concluyente la intención de matar. La decisión generó indignación en amplios sectores de la sociedad y reabrió el debate sobre cómo la justicia chilena aborda la violencia de género.</p>



<p>El caso marcó un antes y un después en la discusión pública sobre el machismo y la violencia contra las mujeres. La brutalidad del ataque convirtió a Nabila Rifo en un símbolo de una problemática estructural que muchas veces permanecía invisible. Su historia expuso fallas en los sistemas de protección, en la persecución penal y en la forma en que la sociedad enfrenta la violencia intrafamiliar.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="576" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-56-1024x576.png" alt="" class="wp-image-159796" style="width:434px;height:auto" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-56-1024x576.png 1024w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-56-300x169.png 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-56-768x432.png 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-56-320x180.png 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-56-236x133.png 236w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-56.png 1130w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure></div>


<p>Con el paso de los años, el nombre de Nabila Rifo quedó grabado en la memoria colectiva chilena. Su vida cambió para siempre aquella madrugada de 2016, pero su caso también abrió un debate profundo sobre la seguridad de las mujeres, la responsabilidad del Estado y la necesidad de construir una sociedad donde el miedo no forme parte de la vida cotidiana.</p>



<p>Cada <strong>8 de marzo</strong>, su historia vuelve a recordarse no solo como un crimen brutal, sino como una advertencia: que la violencia de género no es un hecho aislado, sino una realidad que exige memoria, justicia y cambios profundos para que nunca más una mujer tenga que pagar con su vida —o con su mirada— el precio de la violencia.</p>
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		<title>El caso de los hermanos Rojo: violencia extrema, sospechas familiares y una condena que estremeció a Chile</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Feb 2026 17:00:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Policial]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un brutal ataque cometido en enero de 2008 contra dos hermanos en su propia casa, perpetrado —según la investigación judicial— [&#8230;]</p>
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<h5 class="wp-block-heading"><em><strong>Un brutal ataque cometido en enero de 2008 contra dos hermanos en su propia casa, perpetrado —según la investigación judicial— por su propia madre, sacudió a la sociedad chilena y abrió un debate sobre los factores psicológicos, sociales y familiares detrás de una violencia extrema.</strong></em></h5>



<p>La mañana del <strong>17 de enero de 2008</strong> comenzó como cualquier otra para <strong>Esteban</strong> y <strong>Pablo Rojo</strong>, hermanos de 7 y 15 años respectivamente, en su hogar de la comuna de <strong>Puente Alto</strong>, en la Región Metropolitana. Pero esa jornada terminó en tragedia y dejó una marca imborrable en la pequeña comunidad y más allá: ambos fueron sorprendidos por una agresión brutal con un objeto contundente, que tras las diligencias se confirmó era un <strong>martillo</strong>.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" width="770" height="400" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/foto_0000001120150520092330.jpg" alt="" class="wp-image-159502" style="width:440px;height:auto" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/foto_0000001120150520092330.jpg 770w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/foto_0000001120150520092330-300x156.jpg 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/foto_0000001120150520092330-768x399.jpg 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/foto_0000001120150520092330-320x166.jpg 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/foto_0000001120150520092330-236x123.jpg 236w" sizes="(max-width: 770px) 100vw, 770px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Pablo Rojo.</em></figcaption></figure></div>


<p>Cuando la Brigada de Homicidios llegó a la vivienda esa mañana, el panorama era devastador: <strong>Esteban había fallecido a consecuencia de los golpes en la cabeza</strong>, mientras que su hermano mayor yacía inconsciente, con graves secuelas neurológicas producto del ataque. Lo que en un principio pudo haber parecido un asalto —por el nivel de violencia— pronto fue descartado por los investigadores ante las contradicciones en las declaraciones de quienes estaban en el domicilio.</p>



<p>Tras varios meses de investigación, la <strong>Fiscalía Metropolitana Sur</strong> ordenó la detención de la principal sospechosa: <strong>Jeannette Hernández Castro</strong>, madre de los menores. Oficialmente formalizada por los delitos de <strong>parricidio consumado (por la muerte de Esteban)</strong> y <strong>parricidio frustrado (por las lesiones a Pablo)</strong>, Hernández fue arrestada y trasladada a dependencias policiales en enero de 2009, tras más de un año en que su conducta levantó serias sospechas entre los fiscales a cargo, especialmente por contradicciones en sus testimonios y su aparente falta de remordimiento inicial.</p>



<p>La fiscalía liderada por <strong>Pablo Sabaj</strong> y <strong>Patricio Vergara</strong> plasmó una hipótesis dolorosa: el ataque habría sido motivado por <strong>celos hacia su esposo</strong>, alimentado por un conflicto de pareja profundo. Según los fiscales, Hernández habría actuado impulsada por un cuadro emocional grave, descrito incluso en peritajes del Servicio Médico Legal como rasgos narcisistas, histriónicos y conflictivos, asociados en parte al llamado <em>Síndrome de Medea</em>, donde un progenitor agrede a sus propios hijos como forma de infligir dolor a la pareja.</p>



<p>Durante el juicio oral, el relato del padre —quien detalló cómo encontró a su hijo menor muerto y al mayor gravemente herido— se convirtió en una de las piezas más dramáticas del proceso, poniendo rostro humano a un crimen que parecía carecer de sentido. El hombre, profundamente impactado, relató con dolor la escena en que vio a su hijo sin vida y a su otro hijo luchando por sobrevivir.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="350" height="197" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-5-3.png" alt="" class="wp-image-159503" style="width:415px;height:auto" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-5-3.png 350w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-5-3-300x169.png 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-5-3-320x180.png 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-5-3-236x133.png 236w" sizes="(max-width: 350px) 100vw, 350px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Jeannette Hernández, madre y agresora de los hermanos Rojo.</em></figcaption></figure></div>


<p>El <strong>8 de enero de 2010</strong>, el Tribunal Oral de Puente Alto dictó sentencia: <strong>Jeannette Hernández Castro fue declarada culpable</strong> de los cargos que se le imputaban, basándose en la evidencia pericial, las pruebas testimoniales y el análisis de las circunstancias que rodearon el ataque. El magistrado determinó que el martillo fue utilizado repetidamente contra los menores y que la imputada era plenamente responsable de lo ocurrido.</p>



<p>Originalmente condenada a cadena perpetua simple, la pena fue luego revisada por la <strong>Corte de Apelaciones de San Miguel</strong>, que modificó la sentencia a <strong>32 años de cárcel</strong> —20 por el parricidio consumado y 12 por el parricidio frustrado— dándole a la justicia un marco temporal concreto para el cumplimiento de la pena.</p>



<p>El caso de los hermanos Rojo conmocionó no solo por la violencia extrema del ataque, sino también por cómo un núcleo familiar se transformó en el escenario de uno de los crímenes más terribles de la década. Durante años, el nombre de Esteban y Pablo Rojo y la figura de su madre autora del crimen se convirtieron en sinónimo de violencia interna, trastornos psicológicos y fallas en la detección de señales de alerta en contextos familiares complejos.</p>



<p>En los años posteriores al juicio, el hermano mayor, <strong>Pablo Rojo</strong>, logró recuperarse físicamente hasta cierto punto, superando secuelas graves que lo acompañaron desde la agresión, y años después reapareció en espacios públicos relatando parte de su historia y cómo ha reconstruido su vida tras los hechos.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-54-1024x576.png" alt="" class="wp-image-159504" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-54-1024x576.png 1024w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-54-300x169.png 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-54-768x432.png 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-54-320x180.png 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-54-236x133.png 236w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/image-54.png 1410w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Pablo Rojo, hoy.</em></figcaption></figure></div>


<p>Hoy, el llamado <em>Caso de los hermanos Rojo</em> es recordado como uno de los episodios más crudos de violencia intrafamiliar en Chile, y sigue siendo una referencia dolorosa en debates sobre salud mental, prevención de la violencia en hogares y el papel de las instituciones para proteger a los más vulnerables.</p>
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		<title>Caso Spiniak: el escándalo que expuso abusos, acusaciones políticas y fallas institucionales en Chile</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/caso-spiniak-el-escandalo-que-expuso-abusos-acusaciones-politicas-y-fallas-institucionales-en-chile/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Feb 2026 00:22:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
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		<category><![CDATA[JOSE LUIS ARTIAGOITÍA]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El proceso judicial contra el empresario Claudio Spiniak por abuso sexual a menores terminó en condena, pero se transformó en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h5 class="wp-block-heading"><em><strong>El proceso judicial contra el empresario Claudio Spiniak por abuso sexual a menores terminó en condena, pero se transformó en un terremoto político cuando testimonios falso-acusatorios involucraron a parlamentarios, cuestionando a la justicia, a los medios y a la política chilena de principio de siglo</strong></em>.</h5>



<p>El 30 de septiembre de 2003 Santiago vivió una jornada que entraría en los libros policiales y también en las grietas de la política nacional. En un despliegue de Carabineros, el empresario <strong>Claudio Spiniak</strong> fue detenido en su departamento de Las Condes, sindicado como el cabecilla de una red que abusaba sexualmente de menores de bajos recursos y producía material pornográfico infantil. El golpe policial fue seguido por un asombro social que presagiaba el inicio de una investigación histórica.</p>



<p>Desde el inicio, el caso capturó la atención pública no solo por la gravedad intrínseca de los delitos —estupro reiterado, promoción de la prostitución y producción de pornografía— sino también por la oscura naturaleza de las fiestas y encuentros en casas, gimnasios y departamentos vinculados a Spiniak. La justicia acreditó que al menos cinco menores fueron víctimas directas de abusos, lo que motivó la persecución penal.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="684" height="365" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/bqrGn_5G.png" alt="" class="wp-image-159205" style="width:380px;height:auto" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/bqrGn_5G.png 684w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/bqrGn_5G-300x160.png 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/bqrGn_5G-320x171.png 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/bqrGn_5G-236x126.png 236w" sizes="(max-width: 684px) 100vw, 684px" /></figure></div>


<p>Sin embargo, cuando las investigaciones parecían encaminadas a esclarecer una red criminal concreta, una arista inesperada lo cambió todo. El testimonio de una joven identificada como <strong>Gemita Bueno</strong> —entonces bajo cuidado del exsacerdote <strong>José Luis Artiagoitía</strong>, conocido como el “cura Jolo”— introdujo acusaciones explosivas contra personajes del poder político nacional. Según su versión, no solo adultos asociados al entorno de Spiniak estaban involucrados, sino también parlamentarios que habrían asistido a las fiestas donde ocurrieron los abusos.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Una avalancha política que no pudo sostenerse</strong></h3>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignright size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Diseno-sin-titulo-16-2-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-159206" style="width:385px;height:auto" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Diseno-sin-titulo-16-2-1024x576.jpg 1024w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Diseno-sin-titulo-16-2-300x169.jpg 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Diseno-sin-titulo-16-2-768x432.jpg 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Diseno-sin-titulo-16-2-1536x864.jpg 1536w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Diseno-sin-titulo-16-2-320x180.jpg 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Diseno-sin-titulo-16-2-236x133.jpg 236w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Diseno-sin-titulo-16-2.jpg 1920w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure></div>


<p>La difusión de estas declaraciones provocó una ola de acusaciones en el Congreso. La entonces diputada Pía Guzmán amplificó públicamente el testimonio, asegurando que existían figuras políticas implicadas. Nombres como los de los senadores <strong>Jovino Novoa</strong>, <strong>Carlos Bombal</strong>, <strong>Nelson Ávila</strong>, <strong>Andrés Zaldívar</strong> y <strong>Carlos Cantero</strong> circularon en medios y tribunas como supuestos implicados.</p>



<p>La conmoción fue tal que, por un momento, el caso trascendió lo judicial para transformarse en una crisis política que sacudió partidos, alianzas y la percepción pública sobre las élites del poder. El ambiente estaba cargado de tensión, sospecha y acusaciones cruzadas mientras la opinión ciudadana demandaba respuestas claras.</p>



<p>Pero la justicia tardó meses en desmontar esa versión. Las inconsistencias en el relato de Bueno se hicieron cada vez más evidentes. Con el avance de la investigación, la arista política se fue desplomando bajo el peso de la falta de pruebas y la contradicción de testimonios. En abril de 2005, el ministro en visita <strong>Sergio Muñoz</strong> decretó el <strong>sobreseimiento definitivo de todos los parlamentarios mencionados por falta de antecedentes</strong>, poniendo fin a la fantasía de una red de poder político vinculada a los hechos.</p>



<p>La propia Gemita Bueno terminó reconociendo públicamente que “todo, todo era mentira” y que sus testimonios fueron fabricados, declaraciones que respaldaron la acusación judicial contra ella y contra Artiagoitía por falso testimonio, sancionados por la Corte Suprema en 2008.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Condenas, mecanismos y consecuencias personales</strong></h3>



<p>En lo estrictamente penal, el caso no fue menos complejo. Tras varios cambios de magistrados y decisiones contradictorias —incluyendo una sentencia de cinco años y un día por abuso sexual —, la Corte Suprema en 2008 dictó una condena de <strong>12 años de prisión contra Spiniak</strong> por cargos consolidados de abuso sexual, promoción de la prostitución y producción de material pornográfico infantil.</p>



<p>Además de Spiniak, varios de sus colaboradores y proxenetas fueron condenados en distintos grados por su implicación en la red. Algunos nombres relevantes fueron:</p>



<ul>
<li><strong>Miguel Quiroga Arriaza</strong>, condenado por siete años por promoción de prostitución.</li>



<li><strong>Miguel Carvajal Suárez</strong>, con cinco años por facilitación de prostitución.</li>



<li><strong>José Alegría Méndez</strong>, condenado por cinco años por facilitar la prostitución.</li>



<li><strong>Héctor Torres Albornoz y Exequiel Martínez</strong>, con condenas de 10 años y cinco años respectivamente.</li>



<li><strong>Pablo Abazolo Letelier</strong> y <strong>Julio López Rojas</strong>, también sancionados por participación en la producción de material pornográfico.</li>
</ul>



<p>Mientras el proceso judicial avanzaba, a su paso dejó polémicas adicionales: algunos <strong>carabineros que intervinieron en la investigación fueron expulsados de la institución o condenados por delitos sexuales</strong>, como el caso de Mauricio Madrigal, quien más tarde fue sentenciado por abusos a menores.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Salida de prisión y legado social</strong></h3>



<p>Tras cumplir una década de su sentencia en la <strong>Cárcel de Alta Seguridad</strong>, con rebajas por buena conducta, Spiniak abandonó la prisión en diciembre de 2013, generando fuertes críticas de organizaciones contra el abuso infantil que consideraron que “debió morir en la cárcel”.</p>



<p>Su liberación fue discreta, resguardada por Gendarmería para evitar enfrentamientos con manifestantes, y desde entonces se ha mantenido alejado de la vida pública, refugiado en una parcela donde intenta un perfil bajo.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Memoria, política y heridas abiertas</strong></h3>



<p>Más de dos décadas después, el Caso Spiniak representa una trama dual de atrocidad y controversia institucional. Por un lado, reveló delitos graves contra menores que merecieron condena y sanción penal. Por otro, expuso cuánto daño puede causar la difusión de acusaciones infundadas cuando se mezclan política, justicia y medios de comunicación.</p>



<p>Algunos políticos vinculados quedaron marcados para siempre, aunque la justicia no haya acreditado responsabilidad alguna. Al mismo tiempo, la opinión pública sigue dividida entre quienes recuerdan el caso como un ejemplo de error judicial y quienes insisten en que aún quedan piezas de verdad por esclarecer.</p>



<p>El Caso Spiniak no solo remeció a Chile; desafió a sus instituciones a reconocer sus límites, errores y la importancia de la prueba sobre la presunción en cualquier investigación que toque el poder.</p>
<p>The post <a href="https://www.tiempo21.cl/caso-spiniak-el-escandalo-que-expuso-abusos-acusaciones-politicas-y-fallas-institucionales-en-chile/">Caso Spiniak: el escándalo que expuso abusos, acusaciones políticas y fallas institucionales en Chile</a> appeared first on <a href="https://www.tiempo21.cl">Tiempo21 - El Diario Que Genera Opinión...En Avisos Legales La Mejor Alternativa</a>.</p>
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		<item>
		<title>El enigma del Motel Real: 34 años del crimen que Temuco no pudo resolver</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/el-enigma-del-motel-real-34-anos-del-crimen-que-temuco-no-pudo-resolver/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Feb 2026 15:43:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Araucanía]]></category>
		<category><![CDATA[Cautín]]></category>
		<category><![CDATA[Crónica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Más de 70 puñaladas, una escena confusa y una investigación que nunca logró responsables. El asesinato de Gustavo Patricio Pinto, [&#8230;]</p>
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<h5 class="wp-block-heading"><em><strong>Más de 70 puñaladas, una escena confusa y una investigación que nunca logró responsables. El asesinato de Gustavo Patricio Pinto, ocurrido en 1992 en el desaparecido Motel Real, sigue siendo uno de los mayores enigmas policiales de La Araucanía.</strong></em></h5>



<p>La madrugada del 20 de abril de 1992 no anunciaba nada extraordinario en el sector sur de Temuco. La Ruta 5 aún no era el eje intervenido por el moderno bypass y, a un costado del camino, el Motel Real ofrecía discreción a quienes cruzaban sus portones. Fue allí, en una de sus cabañas, donde el silencio terminó convertido en espanto.</p>



<p>El hallazgo lo hizo el personal del recinto. En el interior de la habitación, entre el baño y la cama, yacía el cuerpo de Gustavo Patricio Pinto, constructor civil de 44 años, conocido en el ambiente local. La escena no era la de un homicidio común. Era la de una violencia desatada, casi ritual. El informe forense hablaría después de más de 70 heridas cortopunzantes distribuidas en distintas partes del cuerpo. No fue un ataque rápido. Fue una agresión prolongada.</p>



<p>Los investigadores de la época —bajo el antiguo sistema procesal penal— se enfrentaron a una escena que parecía diseñada para confundir. Había signos de lucha. Había desorden. Faltaban algunas pertenencias, incluido el vehículo de la víctima. Pero nada terminaba de encajar en una hipótesis simple de robo. La saña excedía cualquier explicación pragmática.</p>



<p>Las primeras horas fueron decisivas. Se habló de una acompañante que habría ingresado con Pinto esa noche. Sin embargo, su identidad nunca se estableció públicamente con claridad. Ese vacío se transformó en el primer muro del caso. ¿Entró solo? ¿Fue citado? ¿Alguien más accedió después? Las versiones comenzaron a diluirse con el paso del tiempo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="871" height="479" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/2019-03-12T22_27_25.757Z_image-1.jpg" alt="" class="wp-image-159049" style="width:352px;height:auto" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/2019-03-12T22_27_25.757Z_image-1.jpg 871w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/2019-03-12T22_27_25.757Z_image-1-300x165.jpg 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/2019-03-12T22_27_25.757Z_image-1-768x422.jpg 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/2019-03-12T22_27_25.757Z_image-1-320x176.jpg 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/2019-03-12T22_27_25.757Z_image-1-236x130.jpg 236w" sizes="(max-width: 871px) 100vw, 871px" /></figure></div>


<p>En los días siguientes, la figura de Gustavo Pinto empezó a reconstruirse desde sus sombras. Más allá de su actividad profesional en la construcción, surgieron antecedentes de deudas importantes y dificultades financieras. Cercanos declararon que planeaba viajar a Paraguay para resolver asuntos económicos pendientes. La teoría de un ajuste de cuentas tomó fuerza. Pero, como tantas otras líneas investigativas, terminó sin pruebas concluyentes.</p>



<p>El expediente creció en volumen y frustración. Se realizaron pericias, interrogatorios a su círculo íntimo y diligencias que, en su momento, parecían prometedoras. Pero 1992 no era la era del ADN masivo ni de las tecnologías forenses avanzadas. Las herramientas eran limitadas y el paso del tiempo se transformó en el principal aliado del silencio.</p>



<p>Con los años, el caso fue perdiendo prioridad. No hubo formalizados, no hubo acusaciones, no hubo condenas. El “Caso Motel Real” quedó archivado en los estantes del antiguo sistema judicial, convertido en uno de esos expedientes que sobreviven más por su impacto simbólico que por avances concretos.</p>



<p>La ciudad también cambió. La construcción del Bypass de Temuco obligó a demoler el antiguo recinto. El Motel Real desapareció bajo el progreso vial. Donde alguna vez existió una habitación marcada por la violencia extrema, hoy solo queda cemento y tránsito constante. Miles de vehículos cruzan cada día sobre el lugar donde se gestó uno de los crímenes más brutales de la historia local reciente.</p>



<p>Treinta y cuatro años después, no hay responsables. No hay sentencia. No hay una verdad judicial. Solo preguntas que sobreviven en la memoria de antiguos detectives, en conversaciones a media voz y en archivos de prensa que cada cierto tiempo reabren la herida.</p>



<p>Gustavo Patricio Pinto entró esa noche a una cabaña del sur de Temuco. Nunca salió con vida. Y la justicia, hasta hoy, tampoco logró salir del laberinto que dejó su muerte.</p>
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		<title>Hans Pozo: el cuerpo que Chile aprendió a mirar solo cuando ya estaba roto</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/hans-pozo-el-cuerpo-que-chile-aprendio-a-mirar-solo-cuando-ya-estaba-roto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Feb 2026 20:09:15 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El asesinato y descuartizamiento de Hans Pozo no solo estremeció a Santiago en 2006, sino que expuso el abandono estructural [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading"><em><strong>El asesinato y descuartizamiento de Hans Pozo no solo estremeció a Santiago en 2006, sino que expuso el abandono estructural de un joven criado por el Estado, la violencia hacia las disidencias y una sociedad que solo miró su historia cuando ya era demasiado tarde.</strong></em></h4>



<p>Durante días, Santiago fue un mapa del horror. No por una masacre, ni por un atentado, sino por algo más perturbador: <strong>un cuerpo desmembrado que iba apareciendo por partes</strong>, como si la ciudad estuviera devolviendo, una a una, las piezas de una vida que nunca importó del todo.</p>



<p>Hans Pozo Carrasco tenía 20 años cuando murió en junio de 2006. Era joven, pobre, homosexual, abandonado por el Estado desde la infancia. Y durante años, también ignorado por casi todos. Hasta que su cuerpo apareció. O mejor dicho, <strong>hasta que sus restos obligaron a Chile a mirar</strong>.</p>



<p>La primera bolsa fue encontrada el 4 de junio, cerca de una subestación eléctrica en Puente Alto. Luego vendrían otras: piernas, brazos, el torso. Cada hallazgo aumentaba la conmoción mediática, pero también el morbo. La pregunta que se repetía en noticiarios y matinales no era quién había sido Hans, sino <strong>quién había sido capaz de hacer algo así</strong>.</p>



<p>Durante varios días, Hans Pozo no fue una persona. Fue un caso policial. Un rompecabezas macabro. Un titular.</p>



<p>La policía logró identificarlo relativamente rápido. Pero su historia personal tardó más en emerger. Porque la historia de Hans no cabía bien en los discursos oficiales. No era estudiante ejemplar ni joven promesa. Era un niño criado en el SENAME, marcado por el abandono, la violencia, el consumo, la exclusión. <strong>Un hijo del sistema que el sistema prefirió olvidar</strong>.</p>



<p>Cuando finalmente se supo quién era, el país conoció fragmentos de su vida: hogares de menores, fugas, precariedad, discriminación. Hans había sido golpeado desde chico, abusado, empujado a los márgenes. Su historia no era excepcional: era tristemente común. Pero solo se volvió visible cuando terminó de la peor manera.</p>



<p>El autor del crimen fue identificado: Jorge Sánchez, un hombre con el que Hans mantenía una relación. El juicio reveló detalles brutales: asesinato, descuartizamiento, intento de ocultamiento. Hubo condena. Hubo una sentencia ejemplar en términos penales. Pero <strong>la justicia llegó tarde y solo a una parte del problema</strong>.</p>



<p>Porque el caso Hans Pozo no era solo un crimen pasional ni un acto de violencia extrema. Era también el resultado de una cadena larga de abandonos. Nadie protegió a Hans cuando era niño. Nadie lo sostuvo cuando fue adolescente. Nadie lo cuidó cuando quedó solo. Y cuando murió, <strong>el Estado solo apareció para investigar su cuerpo, no su vida</strong>.</p>



<p>La cobertura mediática fue feroz. Durante semanas, los noticieros repitieron imágenes, reconstrucciones, detalles escabrosos. El nombre de Hans Pozo se volvió sinónimo de horror, pero pocas veces de dignidad. Se habló más de cómo fue descuartizado que de por qué había vivido como vivió.</p>



<p>Organizaciones de derechos humanos y colectivos LGBTIQ+ levantaron la voz. Denunciaron el clasismo, la homofobia, el sensacionalismo. Dijeron algo incómodo: <strong>si Hans hubiera sido otro —de otra clase, de otro barrio— la historia habría sido distinta</strong>. Tal vez no en el crimen. Pero sí en la forma de contarlo, de llorarlo, de recordarlo.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="960" height="720" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Memorial_por_la_Diversidad_Daniel_Zamudio_Vera_-_2025_-_08.jpg" alt="" class="wp-image-158714" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Memorial_por_la_Diversidad_Daniel_Zamudio_Vera_-_2025_-_08.jpg 960w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Memorial_por_la_Diversidad_Daniel_Zamudio_Vera_-_2025_-_08-300x225.jpg 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Memorial_por_la_Diversidad_Daniel_Zamudio_Vera_-_2025_-_08-768x576.jpg 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Memorial_por_la_Diversidad_Daniel_Zamudio_Vera_-_2025_-_08-320x240.jpg 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/Memorial_por_la_Diversidad_Daniel_Zamudio_Vera_-_2025_-_08-236x177.jpg 236w" sizes="(max-width: 960px) 100vw, 960px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em><strong>Plaza en honor a Hans Pozo en el memorial por la diversidad.</strong></em></figcaption></figure>



<p>Con el tiempo, el caso se fue apagando. Como pasa casi siempre. Quedó archivado en la memoria policial, citado en clases de criminología, recordado en reportajes de aniversario. Pero la pregunta de fondo sigue sin respuesta: ¿cuántos Hans Pozo existen hoy, viviendo en los márgenes, invisibles, desprotegidos?</p>



<p>Hans murió dos veces. La primera, cuando fue asesinado. La segunda, cuando fue reducido a un expediente, a una imagen borrosa, a un ejemplo extremo. Recuperar su historia no es justificar el crimen ni romantizar el dolor. Es <strong>negarse a que la violencia sea lo único que lo defina</strong>.</p>



<p>Porque Hans Pozo no fue solo un cuerpo descuartizado en bolsas negras. Fue un niño que nadie cuidó. Un joven al que nadie escuchó. Y una señal brutal de lo que pasa cuando un país llega siempre tarde.</p>
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		<item>
		<title>Caso Matute Johns: 25 años de impunidad y silencios que el Estado nunca explicó</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/jorge-matute-johns-la-noche-en-que-la-verdad-empezo-a-desaparecer/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Feb 2026 19:57:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Policial]]></category>
		<category><![CDATA[CASO MATUTE JOHNS]]></category>
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		<category><![CDATA[JORGE MATUTE JOHNS]]></category>
		<category><![CDATA[LA CUCARACHA]]></category>
		<category><![CDATA[NEGLIGENCIA]]></category>
		<category><![CDATA[VERDAD]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La desaparición y muerte de Jorge Matute Johns no solo dejó una familia devastada, sino que expuso negligencias, encubrimientos y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading"><em><strong>La desaparición y muerte de Jorge Matute Johns no solo dejó una familia devastada, sino que expuso negligencias, encubrimientos y una cadena de errores institucionales que hasta hoy mantienen el caso sin responsables por su muerte.</strong></em></h4>



<p>La música seguía sonando cuando Jorge Matute Johns cruzó la puerta de la discoteca <em>La Cucaracha</em>. Era la madrugada del 20 de noviembre de 1999 y Concepción estaba en ese punto exacto donde la noche aún no se rinde y el amanecer parece una amenaza lejana. Jorge tenía 23 años, estudiaba Ingeniería Forestal, reía con facilidad y no tenía ninguna razón para pensar que esa salida sería la última.</p>



<p>Cuando no regresó a casa, nadie imaginó que comenzaba una de las historias más largas, confusas y dolorosas de la justicia chilena. Al principio fue inquietud. Luego, alarma. Después, una certeza devastadora: Jorge había desaparecido en un país que no estaba preparado —o no quiso— buscarlo bien.</p>



<p>Los primeros días fueron decisivos y, con el tiempo, también serían imperdonables. La investigación avanzó sin urgencia, con declaraciones mal tomadas, testigos ignorados y diligencias que llegaron tarde o nunca llegaron. Se instaló rápidamente la idea de que Jorge se había ido por voluntad propia, una hipótesis cómoda que alivió responsabilidades y retrasó preguntas incómodas. Mientras la familia insistía, el aparato institucional dudaba.</p>



<p>La búsqueda se transformó en una lucha pública. Marchas, lienzos, entrevistas, conferencias improvisadas. El rostro de Jorge comenzó a repetirse en afiches y noticieros, y su nombre dejó de pertenecer solo a su familia: pasó a ser símbolo. Pero símbolo no es sinónimo de justicia. A veces es apenas una forma elegante de la espera eterna.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="640" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/caso-matute-johns_319609_2_5fb82fb789979-1024x640.jpg" alt="" class="wp-image-158707" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/caso-matute-johns_319609_2_5fb82fb789979-1024x640.jpg 1024w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/caso-matute-johns_319609_2_5fb82fb789979-300x188.jpg 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/caso-matute-johns_319609_2_5fb82fb789979-768x480.jpg 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/caso-matute-johns_319609_2_5fb82fb789979-1536x960.jpg 1536w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/caso-matute-johns_319609_2_5fb82fb789979-320x200.jpg 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/caso-matute-johns_319609_2_5fb82fb789979-236x148.jpg 236w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/caso-matute-johns_319609_2_5fb82fb789979.jpg 1920w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Con los meses, las versiones se multiplicaron y las certezas se diluyeron. Testimonios que se contradecían, peritajes incompletos, decisiones judiciales difíciles de explicar. Cada paso en falso alimentaba una sospecha que nunca abandonó el caso: <strong>aquí alguien no quiso ver</strong>. O peor aún, alguien sí vio y decidió callar.</p>



<p>Cinco años después, en febrero de 2004, el hallazgo de restos óseos en el sector de Santa Juana confirmó lo inevitable. Jorge estaba muerto. Pero ni siquiera ese momento trajo claridad. La autopsia habló de consumo de alcohol y drogas, pero no logró establecer con certeza cómo murió. El cierre que prometía el hallazgo fue, en realidad, otra puerta abierta a la frustración.</p>



<p>Hubo condenas, sí. Pero no por la muerte. Hubo responsables por obstrucción a la justicia, por entorpecer la investigación, por mentir. Como si el sistema reconociera sus fallas, pero se negara a enfrentar su consecuencia mayor. <strong>Nadie fue condenado por matar a Jorge Matute Johns.</strong></p>



<p>Con los años, el caso se fue archivando en la memoria institucional, pero no en la memoria social. Volvía cada cierto tiempo, como una advertencia incómoda. Como un recordatorio de que la justicia puede ser lenta, selectiva y, a veces, profundamente injusta. Que hay familias que no reciben respuestas, aunque lo pierdan todo en la búsqueda.</p>



<p>Hoy, más de dos décadas después, el caso Matute Johns sigue siendo una deuda. No solo con una familia que nunca dejó de preguntar, sino con un país que aprendió que la verdad no siempre llega y que la impunidad también se construye con silencios, errores y desidia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/67542252-ALEX-MATUTE-MARIA-TERESA-JOHNS-09_10_2024-10.03.07-scaled-1-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-158708" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/67542252-ALEX-MATUTE-MARIA-TERESA-JOHNS-09_10_2024-10.03.07-scaled-1-1024x683.jpg 1024w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/67542252-ALEX-MATUTE-MARIA-TERESA-JOHNS-09_10_2024-10.03.07-scaled-1-300x200.jpg 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/67542252-ALEX-MATUTE-MARIA-TERESA-JOHNS-09_10_2024-10.03.07-scaled-1-768x512.jpg 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/67542252-ALEX-MATUTE-MARIA-TERESA-JOHNS-09_10_2024-10.03.07-scaled-1-1536x1024.jpg 1536w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/67542252-ALEX-MATUTE-MARIA-TERESA-JOHNS-09_10_2024-10.03.07-scaled-1-2048x1366.jpg 2048w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/67542252-ALEX-MATUTE-MARIA-TERESA-JOHNS-09_10_2024-10.03.07-scaled-1-320x213.jpg 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/67542252-ALEX-MATUTE-MARIA-TERESA-JOHNS-09_10_2024-10.03.07-scaled-1-236x157.jpg 236w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em><strong>La búsqueda sigue interminable para los Matute Johns. En la foto, su hermano y su madre.</strong></em></figcaption></figure>



<p>La noche del 20 de noviembre de 1999 terminó para todos. Para todos, menos para Jorge. Y mientras no sepamos exactamente qué ocurrió, esa noche seguirá repitiéndose, una y otra vez, en la historia oscura de la justicia chilena.</p>
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		<title>De los escombros de la guerra a un ícono global: el origen inesperado de Fanta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Jan 2026 18:31:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
		<category><![CDATA[ADOLF HITLER]]></category>
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		<category><![CDATA[THE COCA COLA COMPANY]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La historia del popular refresco no comienza con naranjas ni campañas publicitarias, sino en un país aislado por la Segunda [&#8230;]</p>
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<h4 class="wp-block-heading"><em><strong>La historia del popular refresco no comienza con naranjas ni campañas publicitarias, sino en un país aislado por la Segunda Guerra Mundial, donde la escasez obligó a improvisar. Así, entre bloqueos, restos de fruta y decisiones incómodas, surgió Fanta.</strong></em></h4>



<p>La escena es Alemania, año 1940. Europa arde en guerra y el Tercer Reich avanza mientras los bloqueos comerciales impuestos por los Aliados asfixian la economía alemana. En ese contexto, incluso las grandes marcas internacionales deben adaptarse para sobrevivir. Coca-Cola no es la excepción. Sin acceso al jarabe secreto que llegaba desde Estados Unidos, la producción del famoso refresco se vuelve imposible dentro del país.</p>



<p>Al frente de la filial alemana se encuentra Max Keith, un ejecutivo pragmático que entiende que cerrar las plantas significaría despidos masivos y el fin de la operación local. Keith no puede importar ingredientes ni romper las normas del régimen, pero sí puede intentar una alternativa: crear un producto nuevo con lo poco que hay disponible en el mercado interno.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="720" height="931" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/n3XxWWv42_720x0__1.jpg" alt="" class="wp-image-158372" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/n3XxWWv42_720x0__1.jpg 720w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/n3XxWWv42_720x0__1-232x300.jpg 232w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/n3XxWWv42_720x0__1-251x325.jpg 251w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/n3XxWWv42_720x0__1-236x305.jpg 236w" sizes="(max-width: 720px) 100vw, 720px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em><strong>Max Keith, creador de la receta de la fórmula de Fanta.</strong></em></figcaption></figure></div>


<p>Los recursos son mínimos y poco atractivos. Restos de pulpa de manzana procedentes de la industria sidrera, suero de leche sobrante de la producción de queso y azúcar de remolacha, uno de los pocos endulzantes accesibles en tiempos de racionamiento. No hay naranjas, ni sabores tropicales, ni fórmulas refinadas. Solo sobras.</p>



<p>En una reunión decisiva, Keith lanza un desafío a su equipo: usar la <em>Fantasie</em>, la imaginación. De esa palabra surgiría el nombre de la bebida. “Fanta” no fue una estrategia de marketing, sino una consecuencia directa de la urgencia y la creatividad forzada por la guerra.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="550" height="733" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta-klassik-2015-in-germany_df0fc49d_550x733.jpeg" alt="" class="wp-image-158376" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta-klassik-2015-in-germany_df0fc49d_550x733.jpeg 550w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta-klassik-2015-in-germany_df0fc49d_550x733-225x300.jpeg 225w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta-klassik-2015-in-germany_df0fc49d_550x733-244x325.jpeg 244w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta-klassik-2015-in-germany_df0fc49d_550x733-236x315.jpeg 236w" sizes="(max-width: 550px) 100vw, 550px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em><strong>Primera presentación de la bebida Fanta en la Alemania Nazi.</strong></em></figcaption></figure></div>


<p>El primer Fanta poco tenía que ver con el refresco actual. Su color era pálido, su sabor irregular y su uso iba más allá de beberlo frío: muchas familias lo empleaban para endulzar guisos y postres ante la falta de azúcar. Aun así, el producto funcionó. En 1943 se vendieron millones de cajas, convirtiéndose en un inesperado éxito en un país devastado por el conflicto.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/ZJmW-51in_2000x1500__1-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-158373" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/ZJmW-51in_2000x1500__1-1024x768.jpg 1024w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/ZJmW-51in_2000x1500__1-300x225.jpg 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/ZJmW-51in_2000x1500__1-768x576.jpg 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/ZJmW-51in_2000x1500__1-1536x1152.jpg 1536w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/ZJmW-51in_2000x1500__1-320x240.jpg 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/ZJmW-51in_2000x1500__1-236x177.jpg 236w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/ZJmW-51in_2000x1500__1.jpg 2000w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em><strong>Publicidad de Fanta, de la Alemania Nazi.</strong></em></figcaption></figure></div>


<p>Mientras tanto, la relación entre la filial alemana y la casa matriz estadounidense quedaba congelada. Aunque Coca-Cola mantenía su imagen global, Fanta se desarrollaba en un terreno incómodo, vinculado inevitablemente al contexto del régimen nazi, aunque sin ser un producto creado con fines ideológicos.</p>



<p>Con el fin de la guerra, la historia original de Fanta se detiene. La marca vuelve al control de Coca-Cola Company y la receta alemana desaparece. Durante casi una década, Fanta queda en pausa, como un recuerdo incómodo de tiempos difíciles.</p>



<p>Recién en los años 50, en Italia, la bebida renace con una nueva identidad. Esta vez sí hay naranjas, abundantes y mediterráneas. El sabor se redefine, el color se intensifica y Fanta se relanza al mundo como un refresco alegre, juvenil y frutal, borrando casi por completo su oscuro y precario origen.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta_germany-min-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-158374" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta_germany-min-1024x576.jpg 1024w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta_germany-min-300x169.jpg 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta_germany-min-768x432.jpg 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta_germany-min-1536x864.jpg 1536w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta_germany-min-320x180.jpg 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta_germany-min-236x133.jpg 236w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/fanta_germany-min.jpg 1920w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em><strong>La Fanta tal y como la conocemos hoy.</strong></em></figcaption></figure></div>


<p>Hoy, Fanta se vende en más de 190 países, con decenas de sabores adaptados a cada cultura. Pocos consumidores conocen que su nacimiento no fue una celebración, sino una solución desesperada. Una bebida creada no por elección, sino por necesidad, que logró sobrevivir a la guerra, reinventarse y convertirse en un ícono global.</p>
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		<title>Efecto Rosenhan: El día en que la psiquiatría perdió el control de la cordura</title>
		<link>https://www.tiempo21.cl/efecto-rosenhan-el-dia-en-que-la-psiquiatria-perdio-el-control-de-la-cordura/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Tiempo 21]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Jan 2026 14:20:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia - Tecnología]]></category>
		<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Asilo mental]]></category>
		<category><![CDATA[CIENCIA]]></category>
		<category><![CDATA[cordura]]></category>
		<category><![CDATA[David Rosenhan]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
		<category><![CDATA[Efecto Rosenhan]]></category>
		<category><![CDATA[manicomios]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Psiquiatría]]></category>
		<category><![CDATA[SALUD MENTAL]]></category>
		<category><![CDATA[Sussanah Cahalan]]></category>
		<category><![CDATA[The Great Pretender]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un experimento que logró internar a personas sanas, diagnósticos que no supieron rectificarse y una verdad incómoda que aún divide [&#8230;]</p>
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<h4 class="wp-block-heading"><em><strong>Un experimento que logró internar a personas sanas, diagnósticos que no supieron rectificarse y una verdad incómoda que aún divide a la ciencia: el caso Rosenhan sigue obligando a preguntarnos quién decide qué es estar loco.</strong></em></h4>



<p>Entraron caminando, hablaron con calma y no mostraron señales evidentes de descompensación. No gritaban, no eran violentos, no estaban fuera de la realidad. Aun así, ninguno volvió a salir cuando quiso. Bastó una frase —“escucho una voz”— para que la maquinaria de la psiquiatría se pusiera en marcha y cerrara las puertas tras ellos.</p>



<p>Entre 1969 y 1972, el psicólogo estadounidense David Rosenhan llevó adelante uno de los experimentos más perturbadores en la historia de la salud mental. Junto a otros siete voluntarios, todos sanos, se presentó en hospitales psiquiátricos de Estados Unidos utilizando identidades falsas. Reportaron escuchar palabras simples y sin carga emocional: “golpe”, “vacío”, “hueco”. No fingieron más síntomas. No fue necesario.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="450" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745738_2-1.jpg.webp" alt="" class="wp-image-158344" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745738_2-1.jpg.webp 800w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745738_2-1.jpg-300x169.webp 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745738_2-1.jpg-768x432.webp 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745738_2-1.jpg-320x180.webp 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745738_2-1.jpg-236x133.webp 236w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure></div>


<p>El resultado fue contundente. Todos fueron internados. Siete recibieron diagnóstico de esquizofrenia. Una vez dentro, actuaron con total normalidad, conversaron, tomaron notas, cooperaron con el personal. Nada cambió. El sistema ya había decidido. Rosenhan permaneció 52 días hospitalizado. Otros, semanas. Ninguno fue declarado cuerdo al ser dado de alta.</p>



<p>En 1973, el estudio fue publicado en <em>Science</em> bajo el título “Sobre estar cuerdo en sitios de locos”. La reacción fue inmediata y feroz. Rosenhan no solo cuestionó la capacidad de la psiquiatría para diagnosticar, sino algo aún más grave: la imposibilidad de corregir el error. Una vez etiquetado como enfermo mental, cualquier conducta pasaba a ser interpretada como parte de la patología. La cordura dejaba de ser visible.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="450" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745737_1-1.png.webp" alt="" class="wp-image-158347" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745737_1-1.png.webp 800w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745737_1-1.png-300x169.webp 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745737_1-1.png-768x432.webp 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745737_1-1.png-320x180.webp 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745737_1-1.png-236x133.webp 236w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure></div>


<p>El artículo no cayó en saco roto. Desató una crisis profunda en la disciplina. Se multiplicaron las críticas a los hospitales psiquiátricos, se cerraron instituciones, se reescribieron manuales y se empujó una reforma histórica que dio origen al DSM-III, un intento por estandarizar diagnósticos y reducir la arbitrariedad clínica. Rosenhan se convirtió en una celebridad académica. Su experimento pasó a enseñarse como una verdad incuestionable.</p>



<p>Pero la historia, como tantas veces, tenía otra capa.</p>



<p>Décadas más tarde, la periodista Susannah Cahalan decidió revisar el experimento desde sus cimientos. No lo hizo desde la academia, sino desde la experiencia personal: ella misma había sido diagnosticada erróneamente con esquizofrenia cuando en realidad padecía una rara enfermedad autoinmune. La psiquiatría la había confundido. Como a Rosenhan. O eso parecía.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="613" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/imagen-1.png" alt="" class="wp-image-158348" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/imagen-1.png 800w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/imagen-1-300x230.png 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/imagen-1-768x588.png 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/imagen-1-320x245.png 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/imagen-1-236x181.png 236w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em><strong>Susannah Cahalan</strong></em></figcaption></figure></div>


<p>Cahalan buscó a los famosos “pseudopacientes”. No los encontró. Contrató detectives, revisó archivos, persiguió nombres que parecían fantasmas. Solo logró dar con uno. Luego descubrió algo más inquietante: un noveno voluntario había sido excluido del estudio final porque su experiencia fue positiva. Para él, el hospital no fue un infierno, sino un espacio de contención que cambió su vida.</p>



<p>Más grave aún fue lo que revelaron los registros médicos. Rosenhan no solo había reportado escuchar voces. Según el psiquiatra que lo internó, también afirmó tener ideas suicidas y creer que podía oír los pensamientos de otras personas. Información clave que no apareció en el artículo original. Con esos datos, la internación ya no parecía un error grotesco, sino una decisión médica razonable.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="1023" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745742_6-1.jpg-2.webp" alt="" class="wp-image-158353" style="width:840px;height:auto" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745742_6-1.jpg-2.webp 800w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745742_6-1.jpg-2-235x300.webp 235w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745742_6-1.jpg-2-768x982.webp 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745742_6-1.jpg-2-254x325.webp 254w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/115745742_6-1.jpg-2-236x302.webp 236w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em><strong>The Great Pretender («El gran farsante»), el libro de Susannah Cahalan donde revela sus estudios y las inconsistencias en el relato de Rosenhan.</strong></em></figcaption></figure></div>


<p>La pregunta entonces cambió de forma: ¿el experimento probó la incapacidad de la psiquiatría o fue una construcción diseñada para demostrar una tesis previa? ¿Denuncia valiente o relato incompleto? ¿Crítica necesaria o manipulación académica?</p>



<p>La respuesta no es cómoda. Porque incluso si Rosenhan exageró o mintió, su experimento tocó una verdad real: la fragilidad del diagnóstico psiquiátrico, el poder desmedido de la etiqueta clínica y el riesgo de un sistema que, una vez que clasifica, deja de escuchar.</p>



<p>Hoy, medio siglo después, el debate sigue abierto. La psiquiatría ha avanzado, pero no ha resuelto su dilema central: distinguir con claridad entre enfermedad y diferencia, entre cuidado y control. Rosenhan quizás no fue completamente honesto, pero tampoco estaba completamente equivocado.</p>



<p>La pregunta persiste, incómoda y necesaria: si mañana alguien dice que escucha una voz, ¿estamos preparados para escucharlo… o solo para encerrarlo?</p>
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		<title>ARAUCANÍA-BIOBÍO: CMPC despliega flota de 21 aeronaves y mil brigadistas para blindar el verano ante incendios</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Tiempo21]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Dec 2025 19:24:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Araucanía]]></category>
		<category><![CDATA[Cautín]]></category>
		<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Malleco]]></category>
		<category><![CDATA[CMPC]]></category>
		<category><![CDATA[DESTACADOS]]></category>
		<category><![CDATA[HELICOPTEROS CHINOOK]]></category>
		<category><![CDATA[INCENDIOS]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Con un enfoque en la «inteligencia del fuego» y la coordinación público-privada, CMPC presentó en la base Trilahue una estrategia [&#8230;]</p>
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<p>Con un enfoque en la «inteligencia del fuego» y la coordinación público-privada, CMPC presentó en la base Trilahue una estrategia que combina helicópteros Chinook, aviones cisterna y tecnología satelital Starlink. La compañía eleva el estándar de seguridad tras las duras lecciones de temporadas pasadas, priorizando la vida de los combatientes y la vigilancia en zonas críticas de intencionalidad.</p>



<p>Este despliegue no es solo una exhibición de recursos, sino una respuesta técnica a la vulnerabilidad de las interfaces urbanas en nuestras 32 comunas. La integración con los Jefes de la Defensa Nacional de Biobío y La Araucanía marca un hito en la planificación estratégica para evitar que los siniestros escalen a catástrofes sociales.</p>



<p>La temporada de incendios 2025-2026 entra en su fase más crítica y el sector privado ha decidido mover sus piezas con un despliegue de alta tecnología. En la Base Aérea de Trilahue, en Cabrero, CMPC presentó oficialmente su plan de combate, el cual se sostiene sobre un contingente de 1.083 brigadistas y una flota aérea de 21 unidades, incluyendo el imponente helicóptero Chinook CH-46, capaz de descargar 4.000 litros de agua por viaje. Durante la actividad, el presidente del directorio, Bernardo Larraín Matte, enfatizó que la seguridad de las personas es la prioridad absoluta, recordando con solemnidad a los cuatro brigadistas que perdieron la vida en la temporada anterior, un hecho que ha obligado a la empresa a rediseñar sus protocolos de formación junto a la Fire Foundation.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="591" src="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/FORMACION-Y-AERONAVESIMG_0294-1024x591.jpg" alt="" class="wp-image-157108" srcset="https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/FORMACION-Y-AERONAVESIMG_0294-1024x591.jpg 1024w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/FORMACION-Y-AERONAVESIMG_0294-300x173.jpg 300w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/FORMACION-Y-AERONAVESIMG_0294-768x443.jpg 768w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/FORMACION-Y-AERONAVESIMG_0294-320x185.jpg 320w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/FORMACION-Y-AERONAVESIMG_0294-236x136.jpg 236w, https://www.tiempo21.cl/wp-content/uploads/FORMACION-Y-AERONAVESIMG_0294.jpg 1040w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>La estrategia para este verano no se limita al ataque directo de las llamas. Se ha dispuesto una red de mando y control que integra internet satelital Starlink en los puestos de comando, GPS para el seguimiento del 100% del personal en terreno y cámaras Trakka de alta resolución que transmiten imágenes térmicas en tiempo real. Estas herramientas alimentan la plataforma «GesFire», un sistema de análisis que permite optimizar la toma de decisiones al integrar focos detectados por una red de 167 cámaras ópticas. Este nivel de tecnificación busca reducir los tiempos de respuesta inicial, factor que las autoridades identifican como el punto de quiebre para evitar incendios de magnitud.</p>



<p>En el plano político y de seguridad, la compañía reforzó su alianza con los Jefes de la Defensa Nacional de las regiones del Biobío y La Araucanía. Las reuniones con el Contraalmirante Edgardo Acevedo y el General de Brigada José Manuel Soto pusieron sobre la mesa un dato preocupante: la identificación de zonas con patrones de intencionalidad. La colaboración público-privada, destacada por delegados presidenciales y directores de CONAF, apunta a un trabajo cohesionado donde la vigilancia terrestre y el patrullaje militar complementen la capacidad aérea de la empresa. Para las comunas de nuestra región, esta coordinación es vital, especialmente en las zonas de interfaz donde conviven plantaciones, bosques nativos y centros poblados que cada verano enfrentan la amenaza del fuego.</p>
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