Publicado por: Tiempo 21 | viernes 17 de abril de 2026 | Publicado a las: 12:33
Una escena impensada hasta hace poco comienza a instalarse en Argentina: en el histórico “país de las vacas”, la carne de burro empieza a aparecer como alternativa en carnicerías, en medio del fuerte aumento en el precio de la carne vacuna.
La iniciativa se ha desarrollado principalmente en la Patagonia, donde productores impulsan su comercialización como una opción más accesible para el consumo. De hecho, algunos cortes se han ofrecido en torno a los $7.500 por kilo, posicionándose como una alternativa más económica frente a los valores del asado tradicional.
El fenómeno no surge de manera aislada. Está vinculado a un contexto económico marcado por la caída del consumo de carne bovina debido al alza sostenida de precios, lo que ha llevado a buscar sustitutos más asequibles para la población.
Además, en zonas del sur del país, factores productivos han influido en esta tendencia. La crisis de la ganadería ovina, sumada a dificultades para desarrollar ganado bovino en ciertos terrenos, ha impulsado la búsqueda de nuevas alternativas, donde el burro aparece como una especie más adaptable a condiciones adversas.
Sin embargo, más allá de lo económico, la irrupción de esta carne ha abierto un intenso debate cultural. En Argentina, el consumo de carne vacuna no solo es habitual, sino parte de su identidad, por lo que la idea de reemplazar o complementar el asado con carne de burro genera sorpresa, resistencia y discusión en distintos sectores.
Mientras algunos destacan su valor nutricional y su potencial como alternativa, otros cuestionan la propuesta desde una perspectiva cultural e incluso ética, evidenciando las tensiones entre tradición, necesidad económica e innovación productiva.
En este contexto, la aparición de la carne de burro en el mercado no solo refleja un cambio en los hábitos de consumo, sino también una señal de cómo la crisis económica comienza a impactar directamente en la mesa de los argentinos.