Publicado por: Claudio Nuñez | lunes 20 de julio de 2026 | Publicado a las: 10:27
El Índice Económico IPP UNAB cayó 4,5 puntos y completó su segundo descenso consecutivo. Aunque la actividad continúa mostrando bajo dinamismo, el nuevo informe identifica señales favorables en las exportaciones, la inversión extranjera, el IPSA y la inflación.
La economía chilena mantuvo durante junio la trayectoria de debilitamiento observada en mayo, aunque con una caída considerablemente menor y señales incipientes de estabilización en algunos indicadores. Así lo revela el nuevo Barómetro de la Economía Chilena elaborado por el Instituto UNAB de Políticas Públicas.
El Índice Económico IPP UNAB, que reúne 24 variables relevantes para evaluar el desempeño de la economía, disminuyó desde 24,2 a 19,7 puntos. La caída mensual fue de 4,5 puntos, bastante más acotada que el retroceso de 12,5 puntos registrado en mayo, y mantuvo al indicador en el cuadrante “bien, pero empeorando”.
Durante junio se produjeron 15 cambios de cuadrante: cinco positivos, cinco negativos y cinco neutrales. Este balance contrasta con el deterioro generalizado del mes anterior y da cuenta de un escenario más heterogéneo, en el que conviven señales favorables en el sector externo con un desempeño todavía débil de la actividad, la confianza empresarial y el mercado laboral.
La proporción de variables que se encuentran empeorando disminuyó desde 58,3% en mayo a 37,5% en junio. Al mismo tiempo, los indicadores “sin cambios” aumentaron desde 25% a 41,7%, lo que sugiere que parte del deterioro comenzó a estabilizarse.
El Subíndice de Expectativas retrocedió desde 34,9 a 30,2 puntos y permaneció en el cuadrante “bien, pero empeorando”.
El principal avance fue el IPSA, cuya variación interanual alcanzó 31,5%, por encima del 24,9% observado el mes anterior. Esto permitió que el indicador regresara a la zona “bien y mejorando”, favorecido por la recuperación de los mercados internacionales y los elevados precios del cobre.
En contraste, la confianza empresarial cayó a 46,6 puntos y se ubicó bajo el nivel neutral de 50 unidades, transitando hacia el cuadrante “mal y empeorando”. El resultado refleja la preocupación de las empresas frente al bajo crecimiento y la incertidumbre económica interna y externa.
La confianza de los consumidores, en tanto, continuó en terreno negativo, pero moderó su ritmo de caída y pasó desde “mal y empeorando” hacia “mal y sin cambios”. El informe considera que esta evolución podría constituir una primera señal de estabilización en el ánimo de los hogares después del fuerte deterioro registrado en mayo.
El Subíndice de Situación Macroeconómica cayó desde 8,3 a 5,7 puntos, aunque sus componentes mostraron resultados en direcciones opuestas.
Las exportaciones totalizaron US$9.540 millones, con un crecimiento interanual de 8%, y avanzaron hacia el cuadrante “bien y mejorando”. El desempeño estuvo respaldado por el alto precio del cobre, que continúa favoreciendo al sector externo chileno.
También se observó una recuperación de la inversión extranjera directa, que aumentó desde US$1.138 millones a US$2.235 millones. Aunque la variable todavía se mantiene en terreno negativo, su evolución permitió que transitara desde “mal y empeorando” hacia “mal, pero mejorando”.
Estas cifras contrastan con el comportamiento del IMACEC, que registró una variación interanual de -1,2% y pasó al cuadrante “mal y empeorando”, reflejando un desempeño débil de la actividad económica.
El dólar también mostró un resultado desfavorable. El tipo de cambio llegó a $909, pese al elevado precio del cobre, en un contexto de mayor aversión al riesgo y persistencia de la incertidumbre internacional.
La Situación de los Consumidores fue el subíndice que registró la mayor caída, pasando desde 17,3 a 11,5 puntos. Sin embargo, también presentó resultados mixtos.
La inflación anual disminuyó levemente desde 4% a 3,9%, acercándose nuevamente a la meta de 3% del Banco Central y transitando hacia la zona “bien y mejorando”. El reporte advierte, no obstante, que las presiones inflacionarias continúan presentes debido a la volatilidad del precio de la energía y los combustibles.
También mejoró la situación de los deudores morosos. Su proporción dentro de la población mayor de edad bajó desde 4% a 3,7%, avanzando hacia el cuadrante más favorable del Barómetro.
En contraste, la tasa promedio de los créditos de consumo cruzó hacia “mal y empeorando”, evidenciando un aumento en el costo del financiamiento para los hogares. A ello se sumó el incremento de la informalidad laboral, que llegó a 26,8%, lo que representa una señal de deterioro en la calidad del empleo.
Algunos indicadores laborales moderaron sus caídas, pero permanecen en niveles débiles.
La creación de empleo registró una variación interanual de 0,27% y pasó desde “mal y empeorando” hacia “mal y sin cambios”. La tasa de ocupación también se estabilizó en 56,7%, aunque continuó ubicada en terreno negativo.
El informe advierte que la tasa nacional de desocupación alcanzó 9,1% en el trimestre móvil febrero-abril de 2026 y lleva más de tres años sin bajar del 8%, lo que sugiere que el problema podría tener un componente estructural. La brecha de género también persiste: el desempleo femenino llegó a 10,5%, frente al 8% registrado entre los hombres.
A este escenario se suma la debilidad del Índice de Avisos Laborales en Internet, que se mantiene entre las variables ubicadas en “mal y empeorando”, anticipando una demanda por trabajo todavía insuficiente.
El Barómetro UNAB concluye que la economía chilena continúa perdiendo dinamismo y completa dos meses consecutivos de retroceso. Sin embargo, la menor magnitud de la caída y el equilibrio entre movimientos positivos, negativos y neutrales configuran un panorama menos contractivo que el registrado en mayo.
Entre las señales favorables aparecen el mejor desempeño del IPSA, las exportaciones, la inversión extranjera directa, la inflación y la morosidad. En el lado negativo permanecen el bajo crecimiento de la actividad, la caída de la confianza empresarial, el encarecimiento del crédito y la fragilidad del mercado laboral.
Francisca Adasme, investigadora del Instituto UNAB de Políticas Públicas, explica que “lo relevante de junio no es que la economía haya dejado de retroceder, sino que el deterioro que veníamos arrastrando desde mayo comienza a perder fuerza”.
La investigadora agrega que el panorama económico se ha vuelto más heterogéneo y que algunos indicadores ya exhiben señales de estabilización. “Es un avance alentador, aunque el desafío será que se consolide en el tiempo. Lo que ocurra en la segunda mitad del año dependerá de si estas mejoras logran extenderse al mercado laboral y a los hogares”, afirma.