Publicado por: Tiempo 21 | viernes 6 de marzo de 2026 | Publicado a las: 22:56
Con un tono directo, pero también prudente, el presidente de SOFO Temuco, Eduardo Renner, entregó su mirada sobre el momento que atraviesa La Araucanía, una región donde la inseguridad, el rezago económico y la fragilidad de la actividad agrícola siguen marcando la agenda pública. En conversación con Tiempo21, el dirigente gremial sostuvo que el cambio de gobierno abre una nueva etapa, pero advirtió que las expectativas deben estar ajustadas a la realidad de un territorio donde los problemas de fondo no se resolverán en el corto plazo ni con medidas efectistas.
Asumiendo la presidencia de SOFO con un sello de cercanía, ¿cuáles son sus prioridades para este año 2026?
La verdad es que, dentro de nuestras prioridades como gremio, y considerando que viene una nueva administración, está sensibilizar a las nuevas autoridades respecto de los requerimientos del sector, sus problemas y necesidades de corto, mediano y largo plazo.
En lo inmediato, uno de los temas principales es el calendario de quema y la posibilidad de que esa labor se realice de la mejor forma posible. Ojalá no tengamos problemas ni dificultades para nuestros productores y que puedan efectuar este proceso adecuadamente. Por eso se requiere una revisión importante del calendario y, idealmente, dar facilidades, considerando la humedad que tenemos hoy y lo ocurrido el año pasado. Ojalá no se repita esa situación y que no se cierre el calendario, sino que se mantenga abierto, de tal forma que, si existen las condiciones, la gente pueda realizar las quemas.
Eso es lo más urgente: ver lo que se viene encima con las quemas. Después, por supuesto, están las políticas que puedan venir en materia ambiental y también las políticas de fomento, porque esta zona, si bien tiene sectores frutícolas y otros rubros, verá bastante complicada la situación de los cultivos tradicionales este año, tanto por los márgenes como por las dificultades en la cosecha.
Por lo tanto, hay que ver de qué forma esa gente que va a quedar complicada pueda recibir algún tipo de trato o consideración. No estoy hablando de ayuda directa, sino de algún mecanismo que les permita recuperarse de este evento climático.
Y en el largo plazo, necesitamos que esta región se ponga de pie, salga de los últimos lugares en los indicadores de pobreza, y eso requiere inversión. Nosotros sentimos que el agro también necesita inversiones, por ejemplo, en obras de riego. Y, por supuesto, como siempre, independiente de la administración de turno, mantener la mejor relación posible entre lo público y lo privado.
Se ha rumoreado que hay personas cercanas al gremio que podrían llegar a alguna seremía, mi pregunta es, ¿a usted le interesa que alguien ligado al sector esté con un cargo regional?
Lo que más nos interesa es que las personas que ocupen cargos relevantes sean idóneas para esas funciones y que no respondan a nombramientos por razones ajenas a las capacidades del cargo.
La idoneidad es lo que, a nosotros, como SOFO, más nos interesa. Más que nombrar a alguien cercano, lo importante es que tenga el expertise y las capacidades para liderar el equipo que debe desarrollar esa tarea.
Ustedes siempre han defendido mantener el estado de excepción. ¿Qué debería cambiar en la práctica para que deje de ser solo una medida de contención y se acerque a una meta real de control delictual?
Nosotros lo venimos señalando hace bastante tiempo. Reconocemos que las circunstancias actuales han permitido que los hechos de violencia que alteran la convivencia en la región hayan disminuido, afortunadamente. Pero eso no significa que estén dadas las condiciones para decir: “liberemos el estado de excepción porque ya no se justifica”.
Nuestra experiencia indica que, normalmente, cuando hay cambios en la administración, lamentablemente también cambian los hechos de violencia. Ojalá no ocurra, pero la historia nos indica que así ha sido.
Entonces, si usted me pregunta qué tendría que ocurrir, diría que ojalá, y no estoy hablando de tres o seis meses, sino de un periodo más prolongado, de al menos un año, en que esta región pueda decir que sus índices de violencia están al nivel del resto del país. Recién ahí podríamos decir que terminó el estado de excepción.
Pienso que decretarlo antes nos puede exponer a volver a vivir situaciones que ya hemos vivido, y por supuesto que en la región nadie quiere eso.
Claro, ahora quiero llevarlo a la otra parte, sobre el estado de sitio, ¿cuál sería el umbral que justificaría discutirlo y qué resguardo exigiría? Yo se lo pregunto esto porque el nuevo delegado Francisco Ljubetic, cuando fue entrevistado por este medio y se lo consultamos, él dijo que no se trata de estar a favor o en contra de la medida, sino de que se cumplan los supuestos constitucionales, que por ahora no existen los elementos, aunque deja la puerta abierta de que esto podría ocurrir.
A ver, pienso que es para todos conocido, a lo mejor estoy equivocado, pero usted sabe que aquí hay lugares en la región donde el Estado no llega (…)Tiene que ser un Chile en el cual el Estado pueda entrar y salir sin tener que pedir permiso. Y después los restos de los ciudadanos también, pero si usted hoy día, por poner un ejemplo, equivoca un camino y decide tomar un alternativo para dirigirse entre Ercilla y Traiguén, lo más probable que, aunque está señalizado que usted desde Ercilla puede llegar a Traiguén, lo más probable es que no salga en auto al otro lado, si es un particular. Porque no va a poder llegar en auto al otro lado. Eso tiene que ocurrir. Usted como ciudadano tiene que poder transitar por todos los caminos de Chile sin que nadie le diga, «Bájese, déjeme su auto aquí y se va de a pie.» No sé qué más claro puede ser.
¿Pero está de acuerdo o no?
¿Qué cosa?
Con el estado de sitio, en caso de…
¿Estado de sitio? Sí. A ver. Si las condiciones lo hicieran necesario, la autoridad es la que tiene que decir, yo no soy quién para opinar si el estado de sitio es la medida que hay que implementar. Yo creo que más que las medidas del estado de sitio, lo que hay que implementar es inteligencia, de tal forma de que estos grupos que hacen este manejo que nos impide transitar libremente en la región, sean desarticulados. Si eso requiere un estado de sitio, no soy quién para decirlo.
Bueno, mirando el gobierno que viene ahora, que va a asumir el 11 de marzo, ¿qué pedirían los primeros 100 días para la región en seguridad y reactivación productiva? ¿Cuál sería la señal clara de que esto cambió?
Lo voy a sacar del contexto de la pregunta, porque pretender que un problema que no se ha solucionado en décadas, esté resuelto en 100 días, es como creer en el Viejo Pascuero. Cuando uno es niño puede creer, pero todos sabemos que alguien compra los regalos.
Aquí pasa lo mismo. Si yo creo que en 100 días va a haber un cambio es pedirle peras al olmo. Ojalá que notemos un cambio, aunque nadie lo publique, y ojalá sea de la forma más pacífica posible. Eso es lo que yo esperaría, más que pensar que en 100 días todo va a estar resuelto.
Más allá de medidas como el estado de excepción o decisiones productivas con el nuevo gobierno…
Es que hay que entender que toda acción genera una reacción. Y lo que hemos visto es que, cuando alguien dice “esto lo voy a solucionar en tantos días”, muchas veces la acción que se imprime termina generando justamente lo contrario de lo que se quiere.
Por lo tanto, pretender que en 100 días, con una sola acción vamos a generar la paz, es utópico.
Hablemos un poquito de economía. ¿Usted sería partidario de volver a una fijación de precio o algún mecanismo de precio mínimo de estabilización? Yo se lo pregunto porque estábamos hablando recién de las pérdidas recientes por el clima, el tema del grano, los problemas que han tenido con las cosechas. ¿Cómo se puede proteger el productor cuando cosecha con castigo de calidad y precio?
En el mundo, las fijaciones de precios, que en algún minuto pueden parecer maravillosas para quien se beneficia, en la práctica terminan liquidando al sector. Porque, en el fondo, si usted no es capaz de competir en el largo plazo y necesita una ayuda permanente, quiere decir que su rubro no es viable, lamentablemente.
Ahora, lo que estoy diciendo no implica que no se necesiten otras medidas. Por ejemplo, cuando hemos visitado como gremio otros países desarrollados, sí existen incentivos para que la gente pueda guardar sus granos y venderlos en el momento adecuado, con costos de guarda distintos a los que tiene cada particular, porque el Estado está dispuesto a ayudar en eso.
Entonces, si usted me pregunta por medidas, yo diría que más que fijación de precios, lo que se requiere es una ayuda de fomento que permita que la gente no tenga que salir a vender toda su producción en plena cosecha y, por lo tanto, no se genere esa presión que hace caer fuertemente los precios.
¿En estos países qué se refiere usted, Francia, España, alguno parecido?, ¿no?
Sí. Hace años visitamos justamente Francia y Alemania, donde eso está bastante avanzado. En épocas de crisis en el precio de los cereales, el Estado da facilidades para que el grano se guarde esperando un mejor momento de mercado. Ese costo de guarda, en gran parte, es apoyado por el Estado. El productor recibe el precio del día, pero también tiene la opción de dejar el grano almacenado para venderlo cuando haya escasez. En ese momento puede obtener un precio de mercado que permita pagar la guarda —con una tasa distinta a la bancaria— y, además, generar un ingreso adicional en el mediano o largo plazo. Si hubiera tenido que deshacerse del grano de inmediato, no habría podido acceder a ese beneficio.
¿Cuál es la obra o decisión más urgente para La Araucanía y qué compromiso concreto le pediría al gobierno entrante para destrabarla?
Para mí, lo que más se requiere en esta zona, desde el punto de vista agrícola, es inversión en riego. Si uno mira la prensa, todos hablan del cambio climático cuando ocurren situaciones como las de este año, pero nadie hace realmente algo para corregir los problemas que nos está trayendo y nos seguirá trayendo la alteración del clima. Hoy en la zona central, por ejemplo, varios frutales se están trasladando hacia el sur por la falta de horas de frío necesarias para su desarrollo. Por lo tanto, esta región tiene un tremendo potencial para desarrollar una fruticultura que hoy, lamentablemente, está abandonando la zona central por esas condiciones. Pero para poder desarrollar la fruticultura en esta zona y dejar de depender solo de los cultivos tradicionales, necesitamos agua. Sin agua no hay fruticultura. Los cereales se secan cuando el agua se acaba, en noviembre y diciembre, pero los frutales tienen que seguir verdes durante el verano. Y para que sigan verdes, produzcan y sean rentables, necesitamos obras de riego. El particular, en general, no está en condiciones de hacer grandes inversiones en esa materia. Necesitamos al Estado para que esas obras se realicen.
Por último, ¿qué le parece la incursión de que se instale una nueva planta de Ferrero acá en la región?
Primero, quiero felicitar a la industria por haber tomado la decisión de invertir en esta región. Segundo, me parece que es una señal muy potente hacia el sector frutícola y, esencialmente, hacia la producción de avellana, porque ellos ven que nuestra fruta es de muy buena calidad. Por lo tanto, es también una señal para quienes están pensando en plantar y tienen las condiciones para hacerlo. Ferrero vino a quedarse. Y eso entrega una señal de certidumbre para quienes todavía dudan en entrar al rubro, muchas veces porque ven la existencia de un comprador único. Pero ese comprador hizo la inversión, está haciendo más inversiones y, hasta aquí, se ha comportado de manera correcta con los productores. Eso agrega una señal de confianza para quien quiere apostar por este desarrollo.